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Una historia para contar

La inquieta Betty

Beatriz Puga es conocida como periodista de espectáculos pero desde niña se las ingenia para hacer de todo. Un repaso fugaz que no le hace justicia a su pletórica y multifacética vida pero que desnuda la sensibilidad de una sanjuanina que se deja acariciar por el arte y la cultura.

Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Miriam Walter

Irma Beatriz Puga tiene un currículum de más de 20 hojas, y por cada año desde 1982 a la fecha tiene dos, tres, catorce o quince cosas juntas, hechas en simultáneo, desde diseños de vestuarios o escenografías hasta producción de megaeventos, pasando por actuaciones y ediciones periodísticas. Quizá la vida agitada de Betty tenga que ver con su infancia: "Yo estudié en la Escuela Industrial y paralelamente hacía declamación, piano, gimnasia, tenis, hockey sobre césped. Era muy rompebolas y por eso mi mamá y mi papá me mandaban a hacer muchas cosas. De chiquita era molesta”, cuenta.  

Betty nació en un hogar de laburantes el 29 de diciembre de 1961. Su mamá Elba era maestra y su papá Gerardo era comerciante. "Vivíamos en una casa que íbamos sólo durante la noche porque estábamos todo el día con los abuelos paternos Serafín y Cándida. Me llevaban en la mañana a la escuela Gabriela Mistral. Mi mamá era un delirio como yo, a la mañana daba clases, después le ayudaba a mi papá en el negocio y en una época daba clases en la nocturna. Con mi viejo se conocieron cuando ella tenía 14 y se casó a los 21.Nosotros vivíamos en un barrio de Vila Krause y le decíamos ‘barrio tachito’ porque era lo único que conocíamos, porque no estábamos nunca. Era el tiempo cuando pasaba el lechero y dejaba la leche recién ordeñada a mi abuela. Y mi mamá muchas veces iba tan cansada que arrancaba la Rastrojero y se acordaba de la leche cuando se caía el tarro que había dejado en el techo”, lanza como una ráfaga de recuerdos.

La esencia bullanguera y creativa de Betty también tendrá algo que ver con una niñez desacartonada y feliz. "Mi viejo era muy aventurero, llegaba el fin de semana y le decía a mi mamá ‘prepará las cosas que nos vamos’, cargábamos una Dodge con cúpula con colchones y terminábamos en Valle Fértil o Buenos Aires o Mar del Plata, con gente amiga y sumábamos 15 chicos. Yo era hiperkinética y muy marimacho”, resume.

Nadie sospecharía que estudió para técnica química mientras se perfeccionaba en piano. "Quería seguir Ingeniería Química, íbamos con una amiga a hacer prácticas del Secundario a las empresas y nos decían que no tomaban mujeres porque distraían el personal. Estuve un año pensando qué hacer y me dio por el arte. Mi mamá no me dejaba estudiar afuera porque decía que ‘venían con regalito’. Yo quería seguir Escenografía porque era como ser arquitecto de mentirita”, cuenta. Después de 3 años, le faltó hacer la tesis y se casó con el padre de su único hijo de quien ahora está divorciada. En Mendoza fue extra de la Fiesta de la Vendimia "era promesante entre mil actores y en 1987 ganamos con un proyecto y fui escenógrafa y utilera de la Fiesta”. Ya separada, regresó a San Juan y conoció a Juan Carlos Colombo, actor y abogado sanjuanino exiliado en México, que armó el elenco estable de la Subsecretaría de Cultura. Montamos una obra mucha gente empezó a trabajar y ganaba mucha plata para ser teatro que es todo a pulmón. Estaba empezando El Nuevo Diario y necesitaban correctora.
 
Al año siguiente daba clases de declamación y me llamaron de Diario de Cuyo en 1990”, apunta. Ahí empezó una etapa importante de su vida, primero como periodista de Internacionales y luego como cronista y editora de espectáculos, lo que la puso en un lugar privilegiado para codearse con artistas de primer nivel.  No le gusta sacarse fotos con las estrellas, le gusta entrevistarlas y sacarles infidencias o comentarios deliciosos. Entrevistó por ejemplo a Mercedes Sosa, a Luis Alberto Spinetta y Skay de Los Redondos y artistas locales como el pintor Mario Pérez o el poeta Jorge Escudero. "Nosotros empezamos a armar la sección de Cultura con el mismo valor que las otras”, recuerda. "Me acuerdo que Luis Aguilé me invitó a cenar para agradecerme la nota. O el célebre Antonio Carrizo quería conocerme apenas llegó porque lo había entrevistado antes por teléfono y le gustaba la vida de Buenaventura Luna. Por otro lado, el guitarrista Luis Salinas la quiso conquistar, le dijo que quería conocerla y que tenía lindo pelo, entre otras cosas.

"He entrevistado a mucha gente, y no sé por qué pero siempre quise entrevistar a Gioja, que es muy carismático”, piensa en voz alta. Y sueña con volver a hacer pronto su programa "Como tú quieras” que salía todas las tardes por Ligth. "Tratábamos un tema por día, a la hora del Rivotril, para que la gente no se deprimiera, desde todas las aristas, primero con humor y después con invitados en serio”.

Betty estuvo 18 años en Diario de Cuyo y un día pegó el portazo. Volvió a la escenografía cuando se reactivó la Fiesta del Sol, "me convocaron e hice la producción en 2007 y ahí me empezó a picar de nuevo el bichito de la producción. Mientras, Betty se dedicaba a actividades de lo más variadas, desde producir el programa de rock "Desenfocados” en la tele hasta crear y dirigir el espectáculo de inauguración del hotel Del Bono Park. 

El 2007 fue su año más intenso, cuando armó el espectáculo "Mujeres sanjuaninas entre cuecas y tonadas”, presentado en el Auditorio Juan Victoria, donde juntaba excelsas voces locales como Viviana Castro, Susana Castro, Mili Yacante, María Julia Sánchez, Pierina Ciacella y Paola Hascher. "La mujer no tiene lugar en San Juan, lo tiene que ganar a codazos. Si no pataleamos no conseguimos nada”, analiza. Ese año produjo El Entrevero, una apuesta diferente que mixturaba talentos como Inti Huama, Los Hermanos de la Torre, Mili Yacante, Daniel Giovenco, Rolando García Gómez y Ricardo Greguar.

Hoy es una especie de secretaria de redacción de El Nuevo Diario, según define su rol. Ya no se ve como ingeniera química. "Todo lo que estudié me da un background que puedo hacer notas de vino, de cualquier tema”, asegura. "En este momento de mi vida estoy con perfil bajo, siento que estoy en paz y que lo que aporto soy parte de lo que soy, siento que puedo estar donde quiero pero no desde la soberbia y no sé dónde me lleva la vida, dejo que me vaya sorprendiendo”, dice, desafiando al destino la inquieta Betty.  
 
TEXTUALES
"Me siento una privilegiada. Siendo de San Juan trabajé en Vendimia, cuando nació El Nuevo Diario estuve ahí, cuando cambió el Diario de Cuyo estuve ahí, cuando se retoma la Fiesta del Sol estuve ahí, y así puedo decir un montón de cosas. Como dice la poesía ‘vida nada me debes, vida estamos en paz’”. 

"Yo soy como la cabra que trepa el monte, que va y va y va y va, soy como perseverante en mucha cosas. Y la vida me ha ido enseñando que cuando uno se abre a la vida es mejor. Recién este año vendí mi 147 que tenía desde 1995 y me compré un C3 porque la vida para mí nunca pasó por lo económico”. 
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