Los sanjuaninos los conocen mucho, como creadores de la Fundación Protea que apoya al teatro y hoy los encuentra produciendo shows comerciales con figuras de primer nivel con las que se codean y tienen una relación de años. "Estamos contando los días para llegar vivos y verlo hecho realidad al sueño del teatro”, dice Susana sobre el descomunal edificio que está en construcción cerca del Centro Cívico y que prevé inaugurarse este año.
La relación con el arte marcó desde la infancia a Susana. "Yo tenía 21 años y era profesora de Recitación y arte escénico y para ayudarme a pagar la Católica trabajaba de maestra porque me había recibido a los 16 años. Aprendí a leer y escribir e hice la escuela un año adelantada. Todo mi mundo artístico y de soñadora lo empecé en la Escuela Hogar porque yo vivía a dos cuadras, en el barrio Obrero Rawson, que fue el primero que se hizo después del terremoto. Yo me hice amiga de la hija de la directora y me dejaba entrar al teatro, que tenía un vestuario que creo que nunca en San Juan nadie lo tuvo, y entonces yo hacía obras de teatro con los chicos que estaban internados en la Escuela Hogar. Yo por entonces tenía 8 años y estudiaba recitación”, resume.
En una época en San Juan un comerciante llamado Pedro L. Ruiz había armado un concurso de poemas. Susana pasó tres instancias y se quedó con el premio mayor, una cocina. "El escenario estaba frente a la Escuela Hogar en la primera ronda, en la plaza de Trinidad la segunda y la final se hizo donde está el ex Nogaró. Gané con un poema que se trataba de las viejas gordas pero no recuerdo cuál era”, se ríe.
"Ahí empezó toda mi historia, yo siempre he estado muy estimulada por mi familia a pesar de que mis padres no tenían nada que ver con el arte”, cuenta y se acuerda de que la empleada que se llamaba María la llevaba a todos lados. Hija de una maestra y de un empleado público, Susana de chica estudió folklore y anduvo mucho en bicicleta con sus dos hermanos. Recuerda las cenas con el padre Erasmo, de la iglesia frente al barrio, que iba los jueves por la noche a comer ñoquis a lo de los Rosselot en su casa en Rawson.
A los 12 años, Susana se fue a vivir a la Capital, en Brasil entre Entre Ríos y Sarmiento "no había asfalto, había adoquines y cerca estaba La Herculina (fábrica de soda), que se manejaban con carros y caballos”, recuerda sus días cuando empezó la escuela en la Normal Sarmiento, que hace unos años la distinguió como alumna ilustre por su aporte a las artes. Es que Susana muy jovencita ya había fundado una Escuela de Teatro, Recitación y Arte Escénico.
"Empecé con 3 alumnas en Caucete y yo iba ahí los sábados, porque trabajaba de maestra como titular desde los 17 años en la Escuela Necochea y además iba a la Universidad a estudiar Derecho de lunes a viernes”, rememora. En esos tiempos, con 19 años, incursionó en televisión con un grupo de docentes que hacía un microprograma en Canal 8.
En toda esa vorágine apareció Eduardo en su vida. Después de un año de novios, se casaron vía México porque él era divorciado. Ella dejó sus estudios de leyes en la Católica y se dedicó a una nueva Escuela de Teatro que creció inusitadamente: "Llegué a tener casi 200 alumnas y tuve que buscar colegas parta trabajar porque sola no podía”, afirma. En la sede que funcionaba en Sarmiento y Rivadavia pasaron un susto grande: "En la época del proceso nos pusieron una bomba. No me perseguían a mí, se equivocaron. Estuve como 15 días sin dar clases porque explotó todo”, cuenta. A la par, Susana integraba la comisión de la Biblioteca Franklin "cuando era una institución pobre, no rica como ahora”, apunta.
Frente a la biblioteca funcionó la Escuela en sus épocas de esplendor. "Yo trabajaba siempre con las escuelas, iba con la recitación, hacíamos espectáculos”, recuerda. "Era maravilloso, un éxito tan grande que se extendió a tantas escuelas que fue fuego, más en las escuelas técnicas donde no tenían Lengua. Y ahí salió la ley provincial 6.016 de enseñanza obligatoria del teatro en las escuelas y de esa ley Irma Roy con el doctor Seguí que eran diputados promovieron la ley nacional en ese sentido”, remarca.
Un amor de medio siglo
Para ese entonces, Susana ya era la señora de Bettio y eran inseparables con Eduardo, que le lleva 17 años. De este amor sin barreras de edad nacieron sus tres hijos: Eduardo Aníbal tiene 48 años y vive en Chile, luego pasaron 7 años hasta que nació la primera nena conocida como Carolina San Juan, que vive en Córdoba y canta tangos. Un año después llegó Andrea Paola, la más chica, que le dio un nieto a los Bettio que se llama Cayetano y es la luz de los ojos de los abuelos.
Eduardo se asombra con algunos pasajes que cuenta Susana sobre su historia. Cuando ella nació, él ya era un adolescente y se conocieron cuando él ya era un prestigioso médico. Nacido en 1929, se crió en una familia con 4 hijos de buen pasar económico y su casa ubicada frente a la Plaza 25 se cayó con el terremoto del ’44.
El padre de Eduardo, Luis Bettio, era escribano y su madre ama de casa. Luis se dedicaba también a los negocios inmobiliarios y la agricultura y llegó a diputado provincial a principios de los ’40. Como Susana, Eduardo era un alumno destacado y se pagó sus estudios. Hizo la Secundaria en 3 años en lugar de 5 y luego se fue a estudiar Medicina, por influencia de un profesor de apellido Albarracín. "Nadie en la familia era médico y yo me fui a estudiar en la Universidad de Buenos Aires. Allí fui ayudante de cátedra casi toda la carrera, me pagaban un sueldo y con eso me pagaba la carrera”, dice.
Al recibirse, Eduardo quería ir a perfeccionarse en el exterior y cuando fue a un congreso de Medicina en Londres le cambió la vida. "Fui por 3 meses y me quedé 5 años haciendo la especialidad de Neurocirugía. Me pagaban un sueldo con el que vivía muy bien como estudiante y aprendí cosas importantes porque en Argentina no había escuela de Neurocirugía. Trabajaba como ayudante de cátedra y mi primer jefe fue un personaje histórico de la Neurocirugía en el mundo. Estuve desde 1957 a 1962 en Londres y en ese transcurso falleció mi padre en un accidente y me vine a trabajar a Argentina a la Escuela de Medicina de Buenos Aires”, asegura.
Eduardo recorrió varios países y se convirtió en un médico respetado en el país por su formación única. Por ejemplo, el inventor del tomógrafo computado y ganador del premio Nobel, James Ambrose había sido su colega en el hospital Atkinson Morley’s de Inglaterra. La diferencia entre Argentina y Europa era abismal. "Esos 5 años en Londres equivalen a 40 de acá, yo estaba en la Cátedra en Buenos Aires después de recibido y teníamos 150 operaciones al año y allá teníamos 800 por año nada más que de tumores. Allá se inventaron los aparatos y técnicas quirúrgicas. Yo me quería quedar en Francia por la cirugía estética pero al final terminé en Londres, que era de la época de posguerra, que había perdido la juventud y era una vida muy especial, todos eran muy trabajadores para recuperarse de la guerra”, recuerda.
Cuando Bettio decidió aplicar sus conocimientos en San Juan, muchos le dijeron que se quedara en Buenos Aires, porque él tenía mucho nivel. Bettio no hizo caso y abrió su consultorio apostando a su provincia natal, hizo cientos de cirugías sofisticadas y aún hoy sigue atendiendo dos veces por semana.
En San Juan conoció a Susana y profundizó su gusto por el arte y la labor cultural a la par que desarrollaba la medicina. Como amigo de Alfredo Avelín fue su secretario de Cultura ad honorem durante 8 meses, siempre con Rosselot a su lado. "Yo lo mamé en Londres. La cultura es parte de todo. Lo más importante es que con PROTEA hemos trabajado por 45 años y no podíamos lograr con ningún funcionario el dinero para el teatro. Un día suena el teléfono de mi casa y atiendo yo. Me dijo una voz que era el gobernador Gioja, que quería hablar conmigo del teatro, pensé que me estaban cargando. Fui a verlo y ahí empezó este teatro que en septiembre se terminaría. Es algo impresionante”, cuenta Bettio sobre el nuevo Teatro del Bicentenario.
PROTEA, motor del teatro
"La idea de PROTEA nació hace 35 años, un día mientras cenábamos con unos amigos en el Sportman que estaba frente a Don Bosco. Nos preguntábamos por qué en San Juan no había teatro”, cuenta Susana. Corría 1979 y empezó a gestarse la Fundación con Amanda Baistrocchi de Seguí, Héctor Miguel Seguí y Josefina de Castilla.
"La primera institución que nos apoyó fue la Alianza Francesa, con la que hicimos la primera obra. Después apoyamos mucho a Oscar Kummel, David Volpiansky, pero nos faltaba el público. Con el Gobierno de Néstor Kirchner el teatro cobró un nuevo impulso de la mano del Instituto Nacional del Teatro y nos apoyó mucho el periodismo, mucha gente como Rony Vargas, Mario Pereyra, Quito Bustelo, Ventura en LV5, Canal 8 nos abrió las puertas, todo el periodismo es nuestro amigo”, remarca Susana.
"Como fundación tenemos prohibido tomar posición política por estatuto. Sin embargo, hay que decir que todos los gobiernos han sido muy condescendientes pero como nos ayudó Gioja no nos ha ayudado nadie”, analiza Rosselot sobre la gestión que está construyendo un teatro que los Bettio califican como "el segundo Colón del país”.
"Un día, alrededor de 2001, nos dimos cuenta de que nuestra tarea ya había sido cubierta con el apoyo del INT que ponía fondos para el desarrollo de los grupos teatrales y nos animamos a hacer teatro comercial. Ahora somos integrantes de la Asociación Argentina de Productores Teatrales y en todo el país es única PROTEA que es una fundación que trabaja a pulmón, que significa que todo lo que recaudamos cuando nos va bien nos sirve para tapar los agujeros cuando nos va mal, porque hemos traído shows de primer nivel y hemos tenido 80 personas en el público”, asegura Rosselot quien es amiga de celebridades como Soledad Silveyra.
En su esplendor en la década del ‘80, integraban la fundación más de cien personas. "Hoy quedamos 7 vivos”, dice Susana sobre la comisión actual que trabaja ad honorem, mientras se acomoda en el sillón decorado con una piel que le regaló el famoso productor teatral Carlos Rottemberg.
TEXTUALES
"Se ha formado el gusto por el teatro en estos años. Hemos logrado con PROTEA tener todo tipo de público”.
Susana Rosselot
"No le tengo miedo a la muerte. Yo la viví, hace 2 años me dio un infarto y yo vi a mis tres hijos y Susana y no sentí terror sino algo parecido al placer”.
Eduardo Bettio
DESTACADO
Eduardo y Susana recorrieron casi todo el mundo y fundaron el Rancho Móvil Club en San Juan, porque les gustaba viajar en casa rodante.