“Yo la denuncié a la madre de los chicos al 102 para que proteja a mis nietos de lo que ella hacía. Al otro día, ella me los dejó en la puerta y me dijo ‘Vieja hija de mil putas, ahí tenés a tus nietos, cuidálos’. Mónica Olivera (53) recuerda así el momento cuando en abril del año pasado, su nuera le dejó a su cargo 2 gemelas de 1 año, un nene de 3, un nene de 5 y una nena de 9. Desde entonces, la abuela los cuida en su casa prestada de Villa San José, en Rivadavia, donde vive con su esposo trasplantado y una hija soltera, criando a los niños con mucho esfuerzo y sumida, según cuenta, en una historia de desamparo y violencia.
“Mi hijo trabajaba en la cordillera y le alquilaba a ella y a los niños, y la dueña de la casa me llamaba todos los días para que por favor hiciera algo por esos niños que andaban hasta tarde en la noche en la calle, decía que la madre salía y los dejaba solos, abandonados, que eran maltratados, que les pegaba con una tabla, que no les daba de comer. Yo todos los fines de semana con mi marido les llevaba carne, mercadería, y les dejaba la plata para la merienda”, cuenta Mónica, cuyo caso se conoció días atrás en Radio del Sur.
La abuela dice que con su esposo, Guido Barrios (57), que fue trasplantado del hígado desde el 6 de junio de 2009 en el Hospital Argerich, hacen un gran esfuerzo por mantener a los chicos. Conviven todos en la casa de la suegra de Mónica. El lugar, ubicado en la calle Elcano, tiene 3 habitaciones pero es prestado, se lo cedieron los hermanos de su marido porque no tenían dónde vivir.
El papá de los chicos, Sergio, está preso hace alrededor de 7 meses, porque la madre de los niños lo denunció por maltratos. Según Mónica, el único ingreso al hogar es una jubilación de su marido, que era policía. Cobra $3.800 a los que le descuentan impuestos y la cuota de los préstamos que saca para viajar a Buenos Aires, asegura. Entonces sale a hacer changuitas de metalúrgico.
A los niños más chicos los mandan al jardín maternal Sagrado Corazón de Jesús. “El jardín es hasta 4 años, van las dos gemelitas, que les dan de comer, les enseñan a rezar. Y ahí fue el año pasado el nene de 5, el de 4 y las dos gemelas. Y a los niños y a la niña más grande los asistió la psicóloga de ahí, que es gratis. Después han cumplido la edad y no han podido ir más, pero a las gemelas le dan almuerzo y es un alivio para mí. Mi marido tiene que salir a hacer changas y yo cuido los niños y mis hijos que son casados, alquilan y no tienen plata, igual me traen pañales, le compran una ropita. Y la gente es solidaria, vecinos, gente amiga, viene y me trae ropa impecable para los niños Y mercadería”, cuenta la mujer.
“La casa se me ha llovido y yo he llamado a la Municipalidad para que vinieran a arreglarme los techos y el baño que se está por caer. Por los niños. Y ellos han venido, han sacado fotos, pero no volvieron. Y dicen que yo he recibido una pensión cuando no he recibido nada”, asegura la abuela. “Desarrollo Humano me trajo mercadería una sola vez, cuando yo viajé con mi marido, le di una carta a la Presidenta y ella mandó a decirme que yo tenía que hacer papeles a Desarrollo Humano y ellos iban a hablar. Apenas me dejaron los niños, me trajeron mercadería. Y de la Municipalidad, me trajeron dos colchones que son como una tablita y una caja de ropa sucia y una almohada podrida. Después nunca más vino nadie. Yo les pedí a los de la Municipalidad que una psicóloga viera los niños y me dijeron que fuera al Marcial Quiroga y yo les dije que cómo se piensan que voy a ir con 5 niños allá”, se queja.
¿Abusos y maltratos?
domingo 26 de abril 2026





