marketing y comunicación

Yo también me la creí, (el sonidista de Malvinas en la Rosada)

Es difícil hacerse amigo del profe, pero con Alejandro Escobar eso es sencillo y un privilegio. Llegó a San Juan en setiembre del ´82, después de Malvinas, donde le tocó ser el sonidista del balcón en ese momento histórico del país. Por Daniel Soler.
miércoles, 11 de abril de 2012 · 13:41

Es difícil hacerse amigo del profe, pero con Alejandro Escobar eso es sencillo y un privilegio.
Llegó a San Juan en setiembre del ´82, después de Malvinas, donde le tocó ser el sonidista del balcón en ese momento histórico del país.

Ya era un profesional, de los pocos egresados del ISER (instituto superior de enseñanza en radiodifusión), y allá por el ´85 empezó a desburrarnos a los aspirantes de periodismo y publicidad, con eso de la técnica para radio y televisión. Era el Profe que sí sabía todo lo que
decía.

Paciente, reservado, entusiasta, didáctico, confiable, y un gran guitarrista de rock and roll, aunque este último sábado, de asado y recuerdos, sólo nos enchufamos a la charla serena, de euforias ignorantes, de Malvinas dolorosas y de ese año que dolió.

Como nunca antes, esta vez el profe lo cuenta en primera persona:

En aquellos días yo tenía 23 años y trabajaba todas las tardes en la Casa Rosada. Fui uno de los dos sonidista que prestábamos servicio allí. Mi función era colocar la amplificación en los actos del Salón Blanco, Salón Sur o del Patio de las Palmeras, poner los micrófonos en los
mensajes presidenciales que se emitían por cadena nacional de radio y televisión, también grababa las reuniones de gabinete (aunque sin estar presente), y las reuniones de los miércoles a las 17 hs. del “diálogo político” convocado por el Ministro del Interior Gral.

Harguindeguy. Cerca de las seis de la tarde de aquel jueves 1 de abril, después de hojear en la oficina la “6° edición” de La Razón; prendí un pucho, me aflojé el nudo de la corbata y cuando estaba listo para volver a casa… mi jefe dice que no me iba a poder retirar porque tenía que colocar un grabador en el sector presidencial. “La cosa está embromada… Reagan quiere hablar con Galtieri, y pidieron que se grabe la comunicación” me dijo, “solamente la gente de la SIDE y el Edecán van a estar ahí. Vos instalá todo, hacé la prueba de audio y veníte a la oficina… ellos se van a encargar de grabar.” Tomé el maletín Samonite, coloqué el mejor de
los grabadores UHER 4000, el adaptador telefónico, ajusté mi corbata, me puse el saco y partí al primer piso. Algunos funcionarios y oficiales rondaban nerviosamente y conversaban en voz baja. Instalé todo, probé los equipos y volví a mi oficina en el Servicio de Comunicaciones. Sabía que la espera iba a ser larga.

Alrededor de las 22.40 hs. me avisaron que la comunicación había terminado, regresé al sector presidencial, detuve el grabador y noté que la cinta magnética había sido quitada. En ese momento me enteré de boca de quiénes estaban ahí, que la flota de mar estaba próxima a Malvinas y que el desembarco sería en la madrugada. Retiré todo y muy excitado por lo que había escuchado me despedí. Tomé el subte para ir a casa. Ese viaje hasta Palermo fue interminable. Obviamente esa noche dormí muy mal. Las imágenes de mi señorita de la primaria señalando en un mapa desteñido las Malvinas, tan cerca y tan distantes al mismo tiempo, daban vueltas y se enredaban en mis sueños.

El viernes 2 salté de mi cama temprano con mi madre al lado dándome “la novedad” de las Malvinas. A media mañana salí del subte en la esquina de la Catedral, el sol me daba de lleno en la cara y vi toda la gente que se estaba congregando en la Plaza de Mayo, vitoreando y cantando estribillos a favor de nuestras Malvinas. Cuando llegué a la oficina todo era apuro.
 “Hay que preparar el sonido y los parlantes en el balcón… en cualquier momento sale Galtieri a saludar a la gente” me indicaron, “y ojo que a las 14:30 hs. hay cadena…” Una vez instalada la amplificación y los micrófonos AKG D190 en el balcón histórico que mira a la plaza (que se accede por las oficinas de la Dirección de Ceremonial), observé la multitud eufórica con banderas y pensé que ese instante que estaba viviendo como espectador privilegiado, alguna vez sería parte de la historia. Decidí conectar un grabador, orienté uno de los micrófonos hacia la gente, y así comencé a registrar en una cinta todos los cantos. “Se siente, se siente la reina está caliente…” los estribillos se sucedían uno a uno, “Ya todos saben que Argentina está de
joda… la reina llora, la reina llora!”, “Unidos y en paz, siempre somos más”, “Tero tero…hoy le toca a los ingleses y mañana a los chilenos!”, y hasta “Galtieri…Galtieri…” o “Mandarina… mandarina… un aplauso a los soldados que coparon las Malvinas”, “Ay! Ay! Ay! Chile… lo que te espera… cuando crucemos la cordillera!”, “Nunca jamás… las vamos a dejar”. Todo era
espíritu de fiesta futbolera por la ocupación y la gente exigía la presencia de Galtieri. En cierto momento comenzó una seguidilla de cánticos con referencia a la hora del día y la ausencia, hasta el momento, del presidente. “Qué pongan los parlantes…. la rá la rá la rá!“, “La una… la una... la una Fortunato!”, “No se va el pueblo no se va… el pueblo no se va…”, “Duro… duro… apuráte Fortunato que nos vamos al laburo”, “Ay ay ay! qué risa que me dá… si no sale Galtieri no vamos a laburar!”. Las ocurrencias se sucedían una a una, se conjugaban las que iban dirigidas al Reino Unido con las de Chile, algunas a favor de las Fuerzas Armadas, también se entonaba el Himno y otras de “color” como cuando una empleada de Ceremonial se asomó al balcón a observar la masa, la gente despreocupada comenzó a cantarle: “Qué salude… qué
salude…” ante la negativa de ésta de saludar le siguió: “Se puso colorada la rá la rá la rá!”, luego “La rubia es una inglesa…. la rá la rá la rá!” y posteriormente el remate fue “La rubia es teñida…. la rá la rá la rá!”. Todo esto refleja el estado de las cosas a esa hora, la manera como la ciudadanía había recibido la noticia de la recuperación de las islas y la inconsciencia de no creer que Gran Bretaña reaccionaría como lo hizo posteriormente. Admito que yo también estaba contagiado del júbilo de la gente.

Mientras tanto en el Salón Sur, contiguo al Blanco, comenzaron los preparativos para la cadena. La gente de Radio Nacional y el móvil de ATC ya estaban presentes. Juan Carlos Mentesana (el locutor oficial) hizo las pruebas de sonido y arrancó con su clásico timbre: “Transmite LRA1 Radio Nacional y LS82 Argentina Televisora Color, juntamente…” y luego Galtieri comenzó:  “Compatriotas, en nombre de la Junta Militar y en mi carácter de Presidente de la Nación…” El mensaje se grabó en una sola toma.

Una vez finalizada la grabación del discurso llevamos presurosamente la misma al balcón, y como para calmar a la multitud que cada vez era mayor, hicimos un adelanto del mensaje a los presentes en la Plaza ya que la cadena oficial estaba pautada a las 14:30 hs. Los cánticos
seguían exigiendo la presencia del Presidente: “Borón bom bom, borón bom bom… salí Galtieri… qué hace calor!” Minutos después sale Galtieri al balcón e improvisa un discurso. En una parte del mensaje se equivoca al decir: “Hemos tratado de reivindicar por las vías diplomáticas”

Finalizado el mismo la gente siguió cantando “Ya todos saben que Argentina está de joda… la reina llora, la reina llora!”

El sábado 10 de abril hacía mucho calor. La convocatoria para el acto en Plaza de Mayo era un éxito y esa mañana el sol reverberaba en todos los rincones de la plaza. El enviado de los Estado Unidos Alexander Haig se encontraba en el país negociando con Galtieri. Desde temprano habíamos conectados nuestros equipos y personal de la Municipalidad había instalado bocinas por todos lados. La gente estaba trepada hasta en el monumento a Belgrano, las farolas y la pirámide. Los bomberos arrojaban agua para mitigar el calor y simultáneamente Mentesana arengaba a la multitud haciendo subir la presión de esa gran olla. Los móviles de televisión, las radios, fotógrafos y periodistas estaban todos expectantes.

Cuando Galtieri salió al balcón fue vitoreado por todos y hasta se escucharon algunos bombos “peronistas” acompañados del clásico “Perón Perón!”. Observé en todo momento que el pueblo separaba muy bien, al gobierno militar del hecho en sí de recuperar las Malvinas; recordémos que once días antes, el paro convocado por la CGT había sido reprimido con mucha energía y varios dirigentes fueron detenidos. Sin embargo la multitud abucheaba tímidamente cuando Galtieri expresaba “a este pueblo que como Presidente… trato de interpretar” (silbatina) y aplaudía enérgicamente las frases netamente demagógicas “Si quieren venir que vengan… les
presentaremos batalla!” (ovación); “Porque las Fuerzas Armadas son de ustedes… no son nuestras” y la gente comenzaba a corear “Se va a acabar…la dictadura militar”.

Los días siguientes fueron de algarabía en la Plaza y mucha tensión adentro, de informaciones cruzadas, adhesiones de las distintas colectividades con sus ruidosos apoyos, caravanas, programas especiales, un clima muy parecido al del Mundial ’78 pese a que la flota inglesa y
los submarinos se acercaban cada vez más. Una vez iniciados los enfrentamientos en el mes de mayo, el presidente utilizó la cadena de radio y televisión para anunciar desde el Salón Blanco que “las armas de la Patria respondieron el fuego de los invasores”.

Párrafo aparte merece la visita del Papa. A mediados de junio la suerte de nuestras fuerzas en el sur estaba echada y la misión de buenos oficios de Juan Pablo II se hizo presente el 11 de junio. Desde temprano preparamos la amplificación en el Salón Blanco y mientras afuera una
multitud desbordaba las adyacencias, cerca del mediodía el Santo Padre se hizo presente en casa rosada. Ante su presencia tan cercana, una emoción muy profunda nos envolvió a quienes ahí nos encontrábamos y antes de retirarse nos impartió su bendición.

El 14 de junio al mediodía, cuando llego a Plaza de Mayo, ya había roces entre la policía (fuertemente pertrechada) y manifestantes contrarios a la rendición. Alrededor de las 17 hs. en mi oficina me indican que debía preparar los micrófonos en el balcón, y simultáneamente se convocaba por los medios televisivos a la “familia argentina a concurrir con banderas a la Plaza de Mayo para escuchar al presidente”. Grande fue mi desconcierto ya que en la plaza los forcejeos con la policía e incidentes, aumentaban minuto a minuto. La cantidad de gente también se acrecentaba. Un móvil de ATC se ubicó sobre la calle Balcarce, debajo del balcón, y los manifestantes comenzaron a golpearlo y apedrearlo, lo que obligó a retirarlo presurosamente. El grito de “se va a acabar… se va a acabar… la dictadura militar!” se multiplicaba en cada rincón de la histórica plaza. A nosotros nos “llovían” las piedras que impactaban en los vidrios, mientras tanto comencé a grabar en cinta, todo lo que sucedía.

Alrededor de las 19 hs. la policía casi desbordada comenzó a disparar gases lacrimógenos contra los manifestantes, provocando el desbande total de la multitud por Av. de Mayo, Diagonal Norte y Leandro Alem, causando daños, saqueos y demanes. En las oficinas todos estábamos “lagrimeando” porque por efecto del viento, los gases habían invadido la Casa Rosada, penetrando patios y pasillos. También nos encontrábamos desconcertados por la repentina conclusión de los hechos del sur. Esa noche me quedé en casa de gobierno hasta muy tarde, salí por la puerta sobre Paseo Colón, el viento frío me dio de lleno en la cara, pensé en los soldados, me subí la solapa del saco, encendí un cigarrillo y caminé despacio hasta la boca del subte. La noche ya cubría la ciudad y al gobierno.

 

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