Ayer nomás, el año pasado, hubo un escenario
electoral del que nacieron los actuales gobiernos que quedará profundamente
modificado si prosperan las saludables iniciativas que intentan corregir las
desviaciones que llevan ya décadas. Y benefician a los especuladores.
No se podrá, por ejemplo y por aproximación porque
el proyecto provincial aún no está siquiera discutido, que varios postulantes
se acomoden detrás de otro de una categoría superior que los arrastre. Como
ocurrió profusamente en todos los campamentos políticos. No se podrá tampoco
que –por ejemplo- un postulante a gobernador presente más de un candidato a
presidente, como también ocurrió en San Juan hace menos de un año.
Muchas otras cosas, que se irán desgranando unas y
que se irán descubriendo otras, son las que ya no se podrán. Por nueva
prescripción electoral, o porque quedará desvencijadas en los nuevos sistemas
que pretenden reemplazar al viejo mecanismo manual vigente en el país desde
hace casi un siglo, con las lamentables interrupciones democráticas del caso.
Parece haber sido éste el momento de ponerle el
cascabel al gato, algún día tenía que ser. Y será en estéreo, por lo que
parece: a nivel nacional y a nivel provincial. Lo que quiere decir que habrá
infinitas conductas y artimañas de eterno ejercicio que podrán pasar a retiro.
A nivel nacional, la reforma electoral fue
anunciada por la semana pasada por el presidente Macri el mismo día que entró a
quirófano para operarse de la rodilla. Anunció una iniciativa parlamentaria a
la que será difícil oponerse, aunque se sabe de la creatividad criolla en ese
rubro.
Postula entre sus pretensiones –que deberán
atravesar dos cámaras de Congreso repletas de dirigentes políticos, por lo
tanto parte afectada de este asunto- ordenar un sistema de voto por medio de la
boleta única electrónica, además de un par de apéndices nada insignificantes:
un ordenamiento de las transiciones con penalizaciones incluidas, y una
disposición de obligatoriedad para el debate presidencial. Que se cumpla, que
es siempre el escondite donde esperan los muñecazos derivados de la
conveniencia.
Junto con el sistema electrónico, la iniciativa
presidencial pretende establecer una serie de normativas que frenen los vicios
en la confección de la oferta electoral de todos los años. Será un intento de
ordenar la oferta electoral, desprovista de racionalidad en los últimos años
por los escondites encontrados al sistema vigente. No se podrá, si se aprueba
en el Congreso sin cambiarle esa pretensión original, que distintas listas de
un mismo espacio político vayan colgadas de un mismo candidato, como ocurrió en
la provincia en el último turno.
Tampoco se podrá que un mismo postulante a
gobernador lleve más de un postulante a presidente, como hizo Roberto Basualdo
con Massa, Rodríguez Saá y Macri. Tampoco se podrá postular por cargos
simultáneos. Será una salida del clásico papel para votar, y de las
consecuentes listas sábanas, que por ahora no alcanzó al sistema de las PASO (o
doble vuelta electoral) por falta de acuerdo y porque al actual oficialismo le
fue imprescindible para ganar sacando de la cancha en primer término a Sergio
Massa para ir a un cara a cara con Scioli y el kirchnerismo.
Con viento a favor, el nuevo sistema nacional
estará en condiciones para ser empleado dentro de 3 años si es que se aprueba
en éste ejercicio. El próximo turno político, el del 2017, podrá significar un
período de prueba para el que San Juan ya está anotado en primera fila. Aún,
desde mucho antes del anuncio presidencial de la semana pasada.
La idea en San Juan –como ya lo anticipó este
diario- es la de motorizar el reemplazo de la vieja boleta por el sistema de
boleta única electrónica para las próximas elecciones provinciales, al menos en
la mitad de los departamentos, como se lo pidió el gobernador Uñac al ministro
Emilio Baistrocchi.
Eso implica que la modificación debe estar en
marcha el año que viene, porque para ser aplicada recién en 2019 tiene que ser
sancionado el cambio un año y medio antes. Sin que eso impida que en los
próximos comicios, que son federales porque elige a diputados y en el caso de
San Juan senadores, se utilice el mecanismo a modo de prueba en algunos
departamentos. Marche entonces un grupo de máquinas con carácter de urgencia,
con la intención de ponerlas en funcionamiento a modo de test en comicios de
entidades. Pudo haber sido el caso de la elección de la Liga de Fútbol, habrá
otras: por caso, el Foro de Abogados.
Con estas correcciones, habrá modificaciones en
catarata que se posarán sobre los ciudadanos al momento de votar. Y antes también:
la primera víctima de esta movida serán las listas sábana y todo su folklore,
que suele generar verdaderas alteraciones no solamente al arrastrar voluntades
que de otra manera no irían para esos lados, sino también al momento de elegir
un voto en el cuarto oscuro, ponerlo en boleta y la urna, y hasta luego para
contarlos.
Lo atestigua la tortura que fue votar el año pasado
con una boleta de 7 paños gigantes –que hasta pudo haber sido de 8 si se
agregaba la categoría de senadores- y hasta obligaron a agrandar los sobres.
Sumadas las variantes en cada categorías, hubo escuelas en las que no
alcanzaron los pupitres para depositar las más de 45 boletas que fueron
aprobadas para competir. Una locura.
También habrá cambios aguas arriba. Porque es ya
una costumbre de las malas la de computar de cuánto será el arrastre sobre los
candidatos de categorías inferiores que se cuelguen de un buen postulante para
una jerarquía mayor. Por caso, si uno va con tal o cual candidato a gobernador
o presidente tiene más chances, sólo por el hecho de figurar en la misma
boleta.
Tal costumbre, que desvía la voluntad popular
porque llega a entronizar a funcionarios que de otra manera no llegarían a
ninguna parte, está asumida como un vicio tolerable. Y en realidad, ocasiona
graves perjuicios, tanto por depositar en asientos de decisiones a verdaderos
inoperantes como por frenar el acceso a quien no tiene puntería o suerte con
sus referentes.
También se anotará en el casillero de las víctimas
a la especulación en el armado de esas listas. Como el ciudadano tendrá a su
disposición un sistema informático para seleccionar como en un cajero
automático los nombres de los que quiere elegir, podrá ir reemplazando
lentamente la sorpresa que suele encontrarse cuando sale del cuarto oscuro y
"descubre” que sólo por inercia depositó una boleta completa porque vio allí un
nombre que le gusta.
También podrá quedar en el olvido el gesto de las
movilizaciones para votar, que casi siempre vienen con el plus de la boleta en
mano para no "perderse” en un cuarto oscuro. Y que suele ser otro formato de la
manipulación. Y siguen las firmas: desaparecerían todos los problemas
conectados con la impresión de boletas: desde el alto precio que puede
significar para las agrupaciones más humildes hasta la picardía de sacar del
cuarto las del opositor, con denuncias de aquí para allá. Ni hablar de las
soluciones para el escrutinio, el ahorro de tiempo, de dolores de cabeza y de
operetas de supuestos ganadores.
Está claro que será una panacea ni una solución
completa. Conserva desafíos e interrogantes: el voto de los que no saben ir a
un cajero automático, los potenciales sabotajes informáticos o eléctricos, la
garantía del voto manual. Tampoco, lógico, hará que la gente vote mejor o peor,
difícil valoración que abunda en el café. Sí, que se respete mejor la voluntad
popular, que se minimicen las manipulaciones y que votar no sea un dolor de
cabeza. No es poco.