Pequeños detalles que dicen mucho. El sol está, el nombre de
la provincia también. Pero el mínimo retoque de diseño para esta edición no
resulta insignificante en su significado. Ya no dice "San Juan minero”, como en
todas las ediciones en las que San Martín jugó en Primera desde su regreso en
el 2011 y antes también, cuando la caja formada por los descuentos del 4x1000 a
los contratos mineros financió a la actividad deportiva mayoritaria (todos los
clubes locales en competencias nacionales, de hecho Unión jugó el domingo con
el mismo logo, más otros como el vóley, el Dakar, largos etcéteras).
El apoyo con fondos públicos al deporte que atraviesa
fronteras y multiplica difusión, como San Martín o el vóley, no aparece como
discutible. Está bien, igual que hacerlo al deporte promocional, el de menor
escala. Y en verdad, no parece demasiado significativo reparar sobre de qué
bolsillo sale: si del fondo manejado históricamente por Minería de la provincia
o de las arcas generales. Sí lo es lo que insinúa, sin necesitar alguna explicación
pública, la modificación del logo: lo más sustancioso es lo que se está
queriendo decir.
Para ser directo, que San Juan no es sólo minero. Que hay
otras actividades que simbolizan a la provincia tanto como la búsqueda o extracción
de minerales, que en tiempos de crisis en materia de su comprensión porteña
(que sigue atravesando sin haber podido avanzar un milímetro, como atestigua el
episodio Veladero) reclamó exclusividad. La producción agrícola, por caso, a la
que Sergio Uñac siente una especie de pertenencia innata por su origen
pocitano.
Son gestos mínimos que deslizan efectos máximos. En este
caso, un cambio de época: que ya no será su carácter minero lo que tenga que
mostrar San Juan en exclusiva en las marquesinas nacionales desde sus exhibidores
naturales, como en este caso el fútbol. "No es poco”, reflexionó el sábado
anterior un plateísta junto a este periodista-aficionado. Y no lo es: en los
pequeños gestos, los grandes trazos.
Reforzó la línea el hombre fuerte del verdinegro en Radio
Sarmiento al interpretar el mínimo cambio en la leyenda: "No es que alguien
tenga algo en contra de la minería pero me parece a mí que queda un poco más
prolijo y mejor este logo con San Juan porque verdaderamente representa a
todos. El San Juan Minero no nos representa a todos”. Contundente.
Miadosqui viene reforzando el contacto con quien funciona
desde hace años como su main sponsor. Su objetivo de máxima es captar para su
club el grueso de la inversión provincial en eventos futbolísticos, arrancando lo
que cuestan los amistosos para el Bicentenario que maneja AFA vía Santa Mónica
(Copa Argentina o amistosos). A su discurso no le faltan argumentos, factibles
de ser escuchados y debatidos: que se deje de invertir dinero en traer
amistosos y que con esa plata se refuerce al equipo verdinegro, que traerá a
los grandes y por los puntos sin necesidad de pagarles un peso.
Exactamente lo que ocurrirá esta semana. Vendrá Boca a
pelear los puntos con el verdinegro, sin cobrar un centavo y poniendo toda la
carne al asador. Y a Miadosqui le llegó el turno de ser más político que nunca:
decidió que el partido se juegue en el Bicentenario, que no es lo mismo que ser
local en el Hilario Sánchez, el estadio verdinegro donde opera una de sus
máximas históricas con el 6 a 1 al equipo de Bianchi o donde el año pasado le
pintó la cara a los de Arruabarrena el día que Orión fracturó a Charly Bueno.
Con un condimento más, a pedido oficial: una entrada popular
verdaderamente a precios populares, a $50, y una tribuna entera para los neutrales
(hinchada de Boca), con lo que el verdinegro y la provincia se garantizan un
evento de peso a nivel nacional el miércoles a las 21.30 en vivo por Telefé.
Ganan todos: el club porque podrá vestir a casi todo el
gigante pocitano de verdinegro para una de sus grandes citas de la historia,
pese a esa superstición de que en el Hilario les va mejor sólo porque es el
Hilario; y el gobierno porque estará en vidriera nacional un megaevento en el
marco de la Fiesta del Sol. Y Miadosqui habrá dado un pasito más en obtener lo
que no pudo a lo largo de la gestión anterior, pese a sus buenos gestos de ida
y vuelta con Gioja.
Lo que hay detrás de un cambio de logo, por mínimo que
parezca. Que también subyace en el resto de los hitos que marcan agenda
veraniega en San Juan desde hace más de una década: la Fiesta del Sol y el
Cruce sanmartiniano, tan aferrados en el inconsciente colectivo a la gestión de
José Luis Gioja y que esta vez repite repercusión pública, pero muestra ya
algunos rasgos impuestos por los nuevos tiempos.
En el caso del cruce, en pleno transcurso, locación y fecha
serán difíciles –aún imposibles- de alterar: se da en el aniversario de la
Batalla de Chacabuco, que el año próximo recordará los dos siglos, en el
mismísimo sitio exacto de la expedición increíble de San Juan. Sí hay algunas
pastillas que marcan cambios, y no es la ausencia del máximo divulgador, José
Luis Gioja, reemplazado desde su accidente por otro gran entusiasta del evento
como el vice Marcelo Lima.
Ahora, Sergio Uñac decidió subirse al caballo y tomar la
posta en persona, además de avisar que hará lo posible para no faltar ningún
año y ser él quien encabece la hilera en los desfiladeros y el galope final
hasta el límite.
Por lo visto, le dará al cruce el mismo sentido que Gioja: objeto
de invitación y de approach político. Claro que en el caso de Sergio tendrá más
foco en el desafío de atraer a funcionarios nacionales de otro palo, algo que
ya ocurrió de manera surtida (llegó hasta el ex presidente por 10 horas
Federico Pinedo) pero que ahora habrá que sistematizar. Todo eso, antes del
anuncio de la llegada nada menos que de Mauricio Macri, un hecho que ya le
levantó la vara un peldaño al interés nacional del cruce.
No sólo eso. También en la procedencia de los periodistas
invitados hay síntomas de cambio de ciclo. Están los de siempre, primera fila
para la ya clásica Revista Gente. Hay algunos nuevos que no deberían llamar la
atención, como un equipo completo de ESPN, y están los que convocan a suponer
que algunas cosas han cambiado: el equipo de Canal 13, y la participación de
Mario Markic y su notable envío En el camino. Que va por TN.
Del lado de la Fiesta, los cambios esta vez han sido menos
visibles, que no quiere decir que hayan sido pocos. Ocurre que sucedieron
puertas para adentro, reservando a los cambios de perspectiva para futuras
ediciones, cuando la nueva gestión pueda poner su sello y no se encuentre con
la mitad del camino recorrido. Ésta será una fiesta en apariencias muy parecida
a las anteriores: con sede en el Parque para los días de la semana y los shows
artísticos, un número internacional fuerte (esta vez, Ricky Martin), una fiesta
de cierre en el Autódromo del Zonda con toda la carne al asador.
Los principales efectos del bisturí para ésta edición no
tocaron por ahora esas líneas directrices. Hubo momentos intensos, por llamarle
así, en la gestión de la perfomance de las reinas o en el desarrollo de la
historia final, superadas no sin revuelo interno pero sí consiguiendo que las
esquirlas no llegaran tan lejos.
La nueva gestión tiene algunas intenciones renovadas, que no
fue posible instrumentar ahora pero que ésta edición servirá de testeo. La
localización en el Parque de todo el agite y hasta la conveniencia del Zonda
para ese final a toda orquesta, están entre ellas. Por ahora, sólo se verá un
despliegue en escena sorpresivo debajo del arco de acero emplazado en medio de
la pista.
Gestos, para estar a tono con la tendencia de mantener la
misma hoja de ruta pero con los toques personales de alguna mirada distinta.
Como marcó el verano: el mismo eje, interpretación variada. Señales sin
confusión: los tiempos cambian. O todo pasa, como rezaba algún célebre anillo.