Se lo nota dolorido al senador todavía por lo que considera
no sólo un desplante sino una oportunidad perdida en la provincia, en especial
luego de asistir a la oleada nacional que surfeó Macri. Piensan que se pudo
haber ganado en algunos lugares más, pese a que no le fue especialmente mal en
el tejido departamental: ganó lo que se pensaba (Santa Lucía y Rivadavia) y
sumó tres sorpresas como 9 de Julio, Zonda y Ullum, además de la más previsible
Caucete.
Piensan que si se hubieran unido al PRO podrían haber hecho
mejor fuerza aún y disputar con mejores chances otros departamentos (Capital,
Valle Fértil, Jáchal) para quedar mano a mano con el oficialismo en cantidad de
comunas ganadas. Esa factura la hicieron pasar el jueves pasado, el día de la
definición sobre el rol que tendrá el basualdismo en este ballotaje, activo o
pasivo en referencia a la portación de la enseña de Mauricio.
La verdad es que en eso no le va la vida a candidato presidencial
de Cambiemos: ganará o perderá con independencia de ser arrastrados por un
partido provincial y de un remoto distrito alejado. Sí importan los gestos,
desde donde se irán articulando acuerdos posteriores con mejor o peor vibra.
Se ha contado mil veces, va una más. Basualdo ha venido
empujando desde todas las dimensiones por sumar a Macri en su armado massista.
Lo hizo en su intento de recrear el espacio que llevó al propio Cáceres al
Congreso en 2013, lo hizo en el armado de este año, lo volvió a hacer luego de
las Paso. Y ahora, volvió a pasar la factura la semana pasada, cuando se
esperaba su anuncio sobre el modo en que sumará al ejército amarillo. Dijo que
tiene buena relación con Mauricio, recordó aquellos intentos por ir juntos en
San Juan al igual que en otras provincias del país donde el polo opositor ganó
(Mendoza, Jujuy y hasta La Rioja, donde en la última elección derrotaron al gobernador
Bender Herrera en el segmento de Diputados).
Tiró todo el acoplado encima y se definió por un apoyo a
Macri público, pero no formal. En el basualdismo no hay secretos en esa
dimensión: casi todos votan con las dos manos a Mauricio para el ballotage, por
convicción. Lo de casi tiene relación con un puñado de basualdistas no
comprendidos por el mismo entusiasmo macrista que sus colegas: Mauricio Ibarra,
peronista de cuna y a quien no se le ha escuchado la voz en estos días; o el
camionero Enrique Castro, lógicamente referenciado con Moyano y por su
intermedio al propio Macri pero a quien se pudo el fin de semana pasado tomando
café en hotel 5 estrellas con un importante referente del kirchnerismo. O los
intendentes electos de los distritos más importantes: Orrego y Fabián Martín,
ocupados también por la gobernabilidad de sus distritos y a quienes el acertijo
del ballotage les impone andar con cautela.
El resto está con pies y manos dentro del espectro macrista,
por propio entusiasmo opositor. Empezando por el propio Basualdo, siguiendo por
Conti, Colombo (más cobista que macrista, en realidad, pero igualmente
comprendido en Cambiemos) o la dirigencia de los rangos inferiores casi
completa.
No es lo mismo, claro, que lo hiciera con carácter
militante, o de baja intensidad como finalmente lo hizo. Allí es donde reaparecieron
los viejos recelos, y quedaron patentadas las dos autopistas para llegar a
Macri. Lo que les dijo Basualdo a sus partidarios es que hablará del tema con
Gabriela Michetti, eventual vicepresidenta de la Nación, y deslizó que su
contacto será ella de aquí en adelante. Además de Diego Santilli, el senador
del PRO con quien Roberto comparte su tiempo junto a Gabriela.
Con ellos avanzará Basualdo en un acuerdo político, tanto
para el tiempo que queda para el ballotage como desde allí en adelante si es
que Macri llega a la presidencia. Que incluye, aunque no se diga a voz en pecho
pese a que no tiene nada de pecaminoso, la incursión de algún basualdista en
cargos nacionales. Y por supuesto la inclusión del senador sanjuanino en todos
los planes de Macri presidente en el armado parlamentario: les hará la falta la
banca, en especial en el Senado, donde el PRO puro dispondrá de 4 asientos de
72, y el radicalismo aliado puede sumar unas 12 bancas más, lo que no saca a
Macri de la dificultad de negociar duro en la Cámara Alta: Basualdo podrá ser
una ficha central en la conexión con el peronismo federal.
Por eso es que el macrismo nacional recibe de buen humor los
gestos de Basualdo, y por eso también es que no lo direccionan a mejorar la
relación con el PRO local. Aunque el apoyo de Basualdo no sea orgánico, aunque
no se hayan puesto de acuerdo en sumar fiscales en San Juan para la segunda
vuelta, algo que el PRO local asegura no necesitar. Habrá un juego en tándem
hacia adelante si Macri llega a la Presidencia, que no sólo pasará por el
Congreso sino por futuros encuentros en intereses en común, como se verá.
Del lado de Eduardo Cáceres, la cosa está claramente
encarrilada por otros caminos. El presidente del PRO sanjuanino –a quien en
estos días le surgió una competencia interna denominada FODA que quiere
competir con él por la conducción en diciembre- viene solidificando una
relación con el PRO profundo, el que llegó de 0 a 100, y ahora le llegó la época
de cosechar los frutos si es que Macri corona el 22.
El hombre clave de ese armado es Emilio Monzó, una especie
de contracara de Michetti y hasta del propio Durán Barba en el intestino
amarillo, pero en quien Macri confía enormemente por sus resultados. Si Gaby es
la cara de la frescura junto con María Eugenia Vidal, y Durán Barba es el
estratega discursivo, Monzó es el gurú político que coronó con éxito una visión
política que estuvo en duda y por la cual se jugaba la vida: fue el artífice
del acuerdo con Elisa Carrió y con el radicalismo nacional, lo que pudo haber
resultado muy mal pero que finalmente fue la articulación que le permitió a
Macri dar un salto de jerarquía. Esa línea fue la que fatigó Monzó de manera
incansable, junto con el armado de referentes firmes y leales en las provincias
en medio de fuertes revuelos de pago chico. Sin ir más lejos, San Juan, donde
el PRO nacional debió intervenir el partido ante la hostilidad de evidentes
células inconformes, y la normalización posterior dejó el manejo en manos de
Cáceres.
La irrupción nacional de Macri a condición de presidencial
con chances fortaleció considerablemente al PRO local, que en la hipótesis de
un triunfo a nivel país se encontrará con muchas cartas a favor. Un mazo en
especial es el menú de cargos nacionales en San Juan para los cuales será,
mínimamente, fuente de consulta. Son alrededor de 100 los más importantes
–ANSES, PAMI, AFIP, etc.-, como lo relevó un excelente informe del periodista
Enrique Merenda en El Nuevo Diario. También serán fortalecidos por todo lo que
tenga que ver con el eventual presidente y su repercusión local, incluyendo al
diálogo con la provincia.
Y también esperan tener juego a nivel nacional, tanto en
estrategias como en espacios a cubrir: sólo con Buenos Aires tiene el PRO unos
2.500 cargos ejecutivos que cubrir, de los que sólo dispone de 300, según le
confesó la flamante gobernadora Vidal a Cáceres. Considerando que retuvieron la
Capital Federal y sin contar lo que podría ocurrir si ganan el gobierno nacional,
las tres administraciones más grandes del país.
Un eventual triunfo de Macri también elevaría las jinetas de
Monzó. Ya lo dijo el candidato que le gustaría que este dirigente proveniente
del peronismo –sin ir más lejos, fue ministro de Agricultura bonaerense nada
menos que de Daniel Scioli durante la disputa de la 125- fuera su presidente de
Diputados, la tercera autoridad en el oren de jerarquía nacional.
Sería una pequeña conquista ganada por el sector de Cáceres,
no sin consignar que Basualdo juega con Michetti, virtualmente la segunda. En
el PRO sanjuanino le bajan el precio a la jugada en el Senado: dicen que
Santilli, la principal relación de Basualdo, aparece de capa caída en el último
movimiento jerárquico. El basualdismo responde mojando la oreja con la relación
con Turcumán, ex candidato a gobernador macrista, a quien Basualdo acomodó como
los hombres de nueva generación con los que se siente a gusto, más allá de los
propios como Orrego y Martín.
Serán al final dos las vías si es que Mauricio gana la
presidencia, pero que eventualmente pueden juntarse. Cáceres y Orrego (el
hombre señalado por Basualdo para reemplazarlo) disponen de fuertes lazos
personales, amén de políticos, y a nadie debería extrañar que el futuro
electoral los encuentre a mitad de camino compartiendo boleta.