Un símbolo de la promoción industrial

La galletita K cumple 8 años

Luego de 28 años de parálisis, la fábrica de Albardón comenzó a producir oficialmente el 25 de marzo de 2004. Una mirada retrospectiva sobre la historia de aquella “cracker” en el paladar presidencial. Por Daniel Tejada.
domingo, 25 de marzo de 2012 · 10:52

Por Daniel Tejada
Canal 13 San Juan

Fue una galletita sin sal. El jueves 25 de marzo de 2004, Néstor Kirchner mordió la “cracker” más mentada de la historia sanjuanina, símbolo de promesas electorales de todos los colores políticos desde el ’83 en adelante, emblema de la promoción industrial y de la quebrada Sasetru. Han pasado 8 años de aquella primera visita presidencial en la gobernación de José Luis Gioja, que quedó capturada en el archivo fotográfico de la Casa Rosada.

No era para menos. El país venía de la peor crisis de la que se tuviera memoria desde la salida apresurada de Raúl Alfonsín y la hiperinflación en 1989. La recesión y el índice de desempleo al galope habían desembocado en 39 muertes, la ola de saqueos y el estado de sitio en diciembre de 2001, todo resumido en la huída del helicóptero de Fernando De la Rúa.

La torpe sucesión en el Poder Ejecutivo Nacional tuvo un momento de relativo remanso durante la transición que condujo el hasta entonces gobernador bonaerense Eduardo Duhalde –con Gioja de segundo, desde la Presidencia Provisional del Senado- pero ni en sueños podía hablarse de reactivación.

San Juan no había estado ajena al derrumbe económico y social del país. Por eso aquella galletita sin sal que probó con fruición el “pingüino” –ya había nacionalizado el sobrenombre- significaba mucho más que un puñado de hidratos de carbono, fibras y pocas calorías. Sabía a otra cosa.

Desde 1976 habían pasado 28 años de postergaciones para la fábrica albardonera, rigurosamente atada al régimen de promoción industrial y a los vaivenes del mercado. La ex Sasetru, sobre calle Sarmiento, había pasado a manos del grupo Dilexis en 1997, en un remate derivado de la quiebra del gigante de los alimentos caído en desgracia a fines de los ’70 y principios de los ’80, cuando se precipitó su liquidación.

Según el diario Página 12, la empresa Sasetru fue fundada en 1949 por Alberto Salimei (luego ministro de Economía del dictador Juan Carlos Onganía) junto con las familias Seitún y Trucco. Elaboraba productos como fideos, aceite, vino, harina, arroz. A principios de los ‘70 llegó a dominar el 40% del mercado alimentario nacional con un holding que incluyó 140 empresas y 11.000 empleados.

Su quiebra fue dispuesta a comienzos de 1981 y fue noticia hasta para el diario El País, de España. “Quiebra del mayor grupo financiero argentino”, tituló la publicación madrileña, haciéndose eco de un cable de la agencia EFE. Fue una disposición del juez Héctor Kiernan, tras estimar un déficit de 1.200 millones de dólares en el grupo económico bajo la lupa.

Sasetru había invertido unos 25 millones de dólares para construir la fábrica en San Juan, a la espera de subsidios prometidos por la Nación que no llegaron. Desde entonces la mole de 6 hectáreas en Albardón quedó paralizada –hasta ese momento jamás había llegado a producir una sola galletita- y a la espera de una solución política que requería, especialmente, una adecuación jurídica para transferir los beneficios de la promoción industrial a la firma sucesora de Sasetru. Eran 48 millones de pesos en impuestos nacionales originalmente, que quedaron en 31 millones para Dilexis.

Después de una incontable serie de promesas electorales –cayeron en la tentación de “la primera galletita” los presidentes Raúl Alfonsín y Carlos Menem- el decreto que destrabó el embrollo del cupo promocional fue firmado por… Gioja.

En ausencia de Duhalde –pero con su consentimiento- el sanjuanino quedó a cargo de la Presidencia de la Nación y en un acto político en la plaza de Albardón rubricó el instrumento jurídico en enero de 2003. El 25 de mayo de ese año se produjo el traspaso de mando en la Casa Rosada: asumió Kirchner, mantuvo al ministro de Economía –Roberto Lavagna-  y cuidó con reciprocidad el apoyo peronista que incluía a Gioja, de encumbrada posición dentro del Senado.

Ya en campaña, en el escenario montado frente al Hotel Nogaró, el patagónico había prometido una solución para los cupos caídos de promoción industrial, como el de la ex Sasetru. No olvidó su compromiso, pese a la folklórica objeción mendocina que supo obstaculizar las gestiones anteriores.

Toda esta historia remató el jueves 25 de marzo de 2004, cuando Kirchner llegó a San Juan para despachar el primer camión con galletitas de la ex Sasetru, al borde de cumplir las tres décadas de parálisis.

El grupo Dilexis inició una próspera etapa, con un staff de 123 trabajadores para arrancar y 6.000 toneladas a producir en el primer año. Seis años después, la firma facturó más de 100 millones de pesos y exportó a numerosos países de América Latina y África. El 6 de diciembre de ese año la ministra de Industria de la Nación, Débora Giorgi, recorrió la fábrica que daba empleo a 800 personas y rememoró aquella galletita K, pero esta vez con una semidulce.

En agosto de 2011el gigante norteamericano Pepsico adquirió la fábrica de Dilexis para producir galletitas y también los snaks de la marca. Así sumó su novena planta industrial en el país. La compañía no contestó a la requisitoria periodística de Tiempo de San Juan hasta el cierre de esta edición.

“Esta es una verdadera oportunidad para todos”

Lo dijo en el playón frontal de la ex Sasetru, bajo el solcito otoñal: "Hermanos y hermanas, les pido que ayuden al gobernador de San Juan, él ama a San Juan, lucha cotidianamente por San Juan, todos los días está peticionando ante el gobierno nacional. Tienen un gobernador que ama su tierra y esa es una verdadera oportunidad para todos". Las palabras de Néstor Kirchner sonaron aquel jueves 25 de marzo de 2004 como un bálsamo para José Luis Gioja.

Era la primera visita del santacruceño a San Juan como presidente de la Nación –la había postergado un par de veces- y no estaba del todo claro hasta dónde jugaría en respaldo del sanjuanino, tras el confuso episodio denunciado por el “arrepentido” Mario Pontaquarto sobre los sobornos en el Senado durante la sanción de la ley de flexibilización laboral. El mazazo había golpeado tres días después del acto de asunción en la provincia.

Las crónicas de la época señalaron que el presidente y el gobernador se fundieron en un abrazo que no pareció impostado, en el aeropuerto Domingo Faustino Sarmiento. Fue una jornada cargada de signos de respaldo mutuo, que remató con el acto en la ex Sasetru y con un vuelo compartido de regreso a Buenos Aires, donde Gioja pudo ser testigo de la euforia K, tras recibir los incontables gestos de afecto popular en San Juan.

Incluso contaron acerca de una charla telefónica que mantuvo en pleno vuelo el presidente con su ministro de Economía, Roberto Lavagna, contándole acerca de la calidez sanjuanina. Hubo cordones humanos a ambos costados de las rutas 20 y 40, por donde se desplazó la movilidad oficial para llegar desde Las Chacritas hasta Albardón.

Kirchner se llevó a Gioja consigo en el vuelo de regreso a Buenos Aires, porque al día siguiente había una reunión clave del Congreso Nacional del Partido Justicialista.


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