Análisis

Lágrimas en el Auditorio: una película difícil, llena de próceres

¿Porqué se vio en su segunda reasunción al Gioja más emocionado que se haya podido ver en público desde que es gobernador?. Atrás de la escena hubo una historia nada sencilla. Por Sebastián Saharrea.
domingo, 11 de diciembre de 2011 · 13:05


Parece ya olvidado que para haber podido llegar a la foto de hoy, Gioja debió pasar por un referéndum popular, por el doloroso trance de haber tenido que pulsear con su hermano mayor como nunca hubiera imaginado, por el luto de haber perdido en el medio a un sorpresivo líder y amigo como fue para él Néstor Kirchner, y por una campaña a la que le imprimió un ritmo y un desgaste de alto voltaje. Todo eso deja cicatrices que algún día, en algún momento, aparecen. Y fue ahora.
Por eso le fue imposible a José Luis Gioja despojarse de ese pasado pedregoso que le puso el destino adelante y que él pudo surfear no sin dolores. Invisibles, probablemente. Digeridos en la intimidad, seguramente. Y por eso entronizó ayer en el Auditorio a lo que fue su salvación personal: su familia. Por eso abrazó enérgicamente a su esposa Rosa Palacio también como nunca había hecho, y rompió en lágrimas como nunca se lo había visto en público. Por eso la señaló allí arriba, en un claro gesto de pedir para ella un reconocimiento especial. Si habrá escuchado ella de padecimientos, de secretas frustraciones cotidianas, de dolores que decidió no mostrar, de incertidumbres que no quedan bien en un hombre de estado pero que son propias de cualquier mortal.
Tanto como a ella, José Luis Gioja valoró a su hija mujer presente ayer por primera vez en una asunción suya porque en los turnos anteriores debió quedarse por su condición de monja. Flavia es una persona con la que el gobernador cambia pareceres muy a menudo, muchas veces para tomar decisiones pesadas. Su presencia allí volvió a humedecer los ojos del gobernador, junto a la del resto de sus hijos: Gastón, Camilo y el conmovedor Franquito, que volvió a entregarle el bastón de mando.
Y así desgranó un discurso en el Auditorio sin ayudamemoria, salido del corazón. Y se acordó de los próceres. Nombró 4 veces a Perón (la única verdad es la realidad, mejor que decir es hacer, no hay que creerse ni más ni menos que lo que uno es, e invocando su memoria para orientar su gestión), una vez a Evita, una vez a Sarmiento y dos a Néstor, a quien Gioja atribuyó lisa y llanamente la responsabilidad de que estuviera donde estaba.
Y miró al costado y vio a dos funcionarios con quienes deberá interactuar. Al mendocino Paco Pérez lo resguardó citando tal vez el punto más en común entre ambos –la rentabilidad vitivinícola- y borroneando las recientes diferencias. Al chileno Gahona –intendente de la IV Región- lo comprometió con lo que más quiere para los próximos años: el túnel por Agua Negra.
Y volvió la vista a su familia y volvió a sentirse fuerte. Por sólo cuatro años más, según prometió.

 

Comentarios