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Historias del Crimen

Un sodero resentido, el asesinato a tiros de su exesposa en Rawson y la "emoción violenta" como atenuante

Una noche de 1976, el dueño de una sodería fue a buscar a su exesposa a una casa de Rawson y la acribilló a balazos. En el juicio le atenuaron la pena por “emoción violenta”.

Por Walter Vilca

Dos o seis tiros. ¿Qué importa cuántos balazos fueron? Además del criminal ataque, quedó demostrado que el hombre había comprado el arma en la mañana y que a la noche fue a buscar a la mujer dispuesto a asesinarla. Y eso fue lo que se desprendió de la causa, pero llegado el juicio primó el criterio de culpabilizar a la mujer, dar por sentado que el homicida se encontraba bajo una emoción violenta y de esa manera lo condenaron con el mínimo de pena por aquel flagrante femicidio.

El caso de Teófila pasó solapadamente como un asesinato más, pero fue de esos crímenes en contexto de violencia de género. Los primeros artículos periodísticos sobre el hecho revelaron que Augusto Vargas la hostigaba por la separación y por su propio despecho.

La pareja estaba separada desde hacía semanas. Uno de los motivos que él esgrimía era que la mujer de 39 años le había sido infiel, pero la verdad fue que ella quería romper definitivamente la relación. Teófila ya había iniciado el trámite de la separación y se marchó o Augusto la echó de la casa que compartían en Villa Krause, Rawson. El hombre poseía una fábrica y depósito de soda en su domicilio.

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La zona. Así se ve actualmente la popular calle Santa Rosa en Villa Krause, Rawson.

La zona. Así se ve actualmente la popular calle Santa Rosa en Villa Krause, Rawson.

Teófila la estaba pasando mal y buscó amparo en una familia amiga de apellido Aciar en la calle Santa Rosa, en la misma villa cabecera de Rawson, que ofreció un lugar en su casa. Por otro lado, Augusto la puso en el papel de mala y consiguió quedarse con la hija de ambos, pese a que ella deseaba estar con la pequeña.

Los dos mantenían diálogo, pero discutían continuamente por la tenencia de esa hija y porque aparentemente el sodero le reprochaba la situación que atravesaba la pareja. La versión de los vecinos decían que la vigilaba y la visitaba para exigirle que regresara a su hogar.

Pero Augusto venía tramando algo perverso, aunque él siempre lo negó. La mañana del 24 de febrero de 1976, el sodero se fue al centro capitalino y compró un revólver calibre 22 y municiones. Según él, adquirió esa arma con el propósito de defenderse de los ladrones, dada su actividad comercial.

Cuando cayó la tarde, el sodero fue en su auto hasta la casa de calle Santa Rosa y pidió ver a Teófila. Eso fue como a las 20.30. La mujer lo hizo pasar a su dormitorio para que hablaran a solas, mientras los dueños de casa y los niños permanecían en el comedor mirando televisión.

La pareja se encerró a conversar y otra vez comenzaron a discutir, supuestamente, por la tenencia de su hija. Augusto afirmó que Teófila le largó duras amenazas y entonces él se “exasperó” y perdió el control sus actos. En esos segundos sacó el revólver que llevaba en su cintura y la acribilló a balazos. Aunque en los artículos periodísticos no se mencionan la cantidad de tiros, se aseguró que fueron “varios disparos”. Con decir que la mujer cayó muerta producto de los mortales impactos de bala.

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Titular. El Diario de Cuyo cubrió el conmocionante caso ocurrido en 1976.

Titular. El Diario de Cuyo cubrió el conmocionante caso ocurrido en 1976.

Los dueños de casa escucharon las detonaciones y entraron presurosos a la habitación, ahí se encontraron con Teófila tendida en el piso y con Augusto sosteniendo esa arma que todavía tenía el caño humeando. El sodero no dio ninguna explicación, sólo abandonó el dormitorio, salió a la calle y abordó su auto para dirigirse a la Comisaría 6ta.

Al llegar a la seccional habló con uno de los policías, le contó que acababa de atacar a balazos a su exesposa y entregó el revólver calibre 22. Los uniformados lo dejaron detenido, a la vez que una patrulla se dirigió a la calle Santa Rosa para constatar las versiones que llegaba sobre un hecho de sangre en una casa de esa arteria.

Los policías confirmaron el asesinato y dieron parte a los jefes y al juez de turno, que dispuso que tomaran las medidas iniciales. La familia Aciar contó que la pareja estaba separada, que tenía continuas discusiones y que Vargas acosaba a Teófila. También relataron que oyeron los disparos a los pocos minutos que el agresor y la víctima entraron a la habitación.

El juez ordenó que Augusto Vargas prosiguiera detenido y después lo procesó por el delito de homicidio agravado por el vínculo. En esos años no existía la figura del femicidio, el agravante del asesinato cometido en contexto de violencia de género.

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Leve condena. Este otro títular de Diario de Cuyo da la noticia sobre la condena contra el hombre que asesinó a su exesposa.

Leve condena. Este otro títular de Diario de Cuyo da la noticia sobre la condena contra el hombre que asesinó a su exesposa.

Vargas fue juzgado en 1978 en el Cuarto Juzgado del Crimen y el caso dio un giro inesperado. Es que todo indicaba que Vargas iba camino a una dura condena. El fiscal lo acusó del delito de homicidio agravado por el vínculo y solicitó una pena de prisión perpetua.

En teoría todo estaba más que claro. En la causa declararon testigos que afirmaron que Vargas estaba obsesionado con Teófila y que la vigilaba. Además, se encontraba acreditado que el revólver empleado en el asesinato había sido comprado ese mismo día del crimen, pero en horas de la mañana. Esto demostraba que el asesinato fue “fría y calculadamente” planeado. Por si fuera poco, el homicida estuvo muy consciente, al punto que después de matar a la mujer se dirigió a la comisaría, contó lo sucedido y entregó el arma.

Pese a las pruebas más que elocuentes, la defensa procuró victimizar al asesino. Es que Augusto culpó a su expareja de la desgracia. Afirmó que ella lo engañaba, que se seguía viendo con su amante y que esa noche lo amenazó de tal forma que él perdió el control de sus actos. Acerca del arma se justificó diciendo que lo llevaba por su seguridad personal.

A contramarcha de lo que se esperaba, el juez dio crédito a los dichos de Augusto Vargas y consideró probado que al momento de atacar a balazos a su esposa se encontraba en un estado de emoción violenta.

En el fallo judicial, el magistrado aclaró que eso no eximía al acusado de su responsabilidad en el asesinato y lo condenó, pero bajo la figura del homicidio calificado por el vínculo bajo circunstancias extraordinarias de atenuación por la emoción violenta. Así, el 11 de mayo de 1978 firmó la sentencia y castigó a Augusto Vargas a la pena de sólo 8 años de prisión por asesinato a balazos de su exesposa.

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FUENTE: Artículos periodísticos de Diario de Cuyo y Tribuna. Hemeroteca de la Biblioteca Franklin Rawson.

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