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Historias del Crimen

Los dos ciclistas que frustraron un robo y fueron asesinados a balazos en la calle Necochea

El 9 de diciembre de 1988, asesinaron a tiros a Carlos Castro y Víctor Segura en la calle Balcarce en Capital. Ambos fueron atacados por dos ladrones que intentaban robar en un negocio.

Por Walter Vilca

Ese día, uno de ellos debía participar de una carrera ciclística en Chimbas, pero tuvieron un percance con la bicicleta por un desperfecto y desistieron de ir a la competencia. Pero como era domingo, los tres amigos y parientes se relajaron y esa tarde salieron a compartir unas cervezas.

Pasadas las 18 del domingo 9 de diciembre de 1988, los tres ciclistas volvían de Santa Lucía por calle Necochea, con dirección a Chimbas. Ese recorrido pondría a Carlos Jesús Castro, Víctor Hugo Segura y Oscar Julio López en el lugar y el momento equivocado. A metros de pasar el puente de avenida de Circunvalación, los esperaba la muerte.

Lejos de ellos, pero en la misma zona, Guillermo Miguel “El Gringo” Camus junto con José Fabián “El Negro” Guerrero y Jorge Alberto “El Curucho” Montenegro preparaban el golpe contra un pequeño local de ropas situado sobre la misma Necochea, cerca de callejón Lucero. El último de estos jóvenes conducía su auto Dodge Coronado, el cual estacionó sobre el lateral de Circunvalación mientras esperaba que sus cómplices perpetraran el robo.

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El lugar. Una foto de Diario de Cuyo de la época capturó el lugar donde ocurrió el doble asesinato.

El lugar. Una foto de Diario de Cuyo de la época capturó el lugar donde ocurrió el doble asesinato.

Los mendocinos Camus y Guerrero eran los encargados de entrar a la tienda. En principio se treparon a una pared y lograron violentar una banderola, todo esto a plena luz en la tarde de domingo. El plan de los delincuentes iba bien hasta que aparecieron Castro, Segura y López, que pasaron por allí por casualidad en sus bicicletas.

Oscar López iba adelante y solo escuchó la voz de un desconocido, que gritó prepotente: “¡¿Qué es lo que les pasa, gorreados?!”. El joven testigo oyó ahí nomás a Víctor Segura, que respondió: “¡¿Qué les pasa a ustedes?!”, mientras daba la vuelta junto a Carlos Castro y regresaban hacia donde estaba los dos desconocidos con el propósito de enfrentarlos.

Eso fue todo. Al instante le siguieron los estruendos por los disparos de un revólver y sobrevino la confusión y el horror. López relató que de una distancia de 30 a 40 metros vio caer a sus dos parientes. Segura se desplomó de su bicicleta al recibir un balazo en el pecho. Castro intentó bajar de su rodado y acercarse a socorrerlo, pero fue atacado a tiros. Un disparo impactó en su frente, a centímetros de su ceja izquierda, y otro proyectil le pegó en el costado izquierdo del tórax.

López también fue blanco de los disparos, pero como se encontraba más lejos, se refugió detrás de un árbol y se salvó. Después advirtió que los dos agresores corrieron y desaparecieron en dirección a la avenida de Circunvalación.

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Carlos Jesús Castro, una de las víctimas. Foto de Diario de Cuyo.

Carlos Jesús Castro, una de las víctimas. Foto de Diario de Cuyo.

Los balazos hasta tanto alertaron a los vecinos, que salieron a la calle y hallaron a López pidiendo auxiliado y a los otros dos jóvenes tendidos sobre la calle Necochea, a metros del callejón Lucero. La gente ayudó a subirlos a un auto particular que los llevó a la sala de urgencias del Hospital Rawson, donde confirmaron los decesos de los dos ciclistas.

El doble asesinato estaba consumado. Castro tenía 31 años, tres hijos y vivía en la calle Colón en Santa Lucía. Este era sobrino de Segura, de 24 años y con domicilio en calle Oro, cerca de ruta 40, en Chimbas.

El único testigo de los crímenes fue López, cuñado de Segura, quien dio una detallada descripción del atacante armado y de su cómplice. La Policía para entonces hacía averiguaciones con el fin de identificarlos a los homicidas y entre los datos que recolectaron entre algunos vecinos, surgieron declaraciones que indicaron que los dos agresores fugaron en dirección al sur por Necochea.

Otro dato relevante fue que los ocasionales testigos relataron que después observaron a estos mismos sujetos empujando un auto Dodge Coronado, color bordó, sobre el Lateral de Circunvalación. Según esos dichos, el vehículo arrancó al poco andar, pero el conductor dejó a pie a los desconocidos y éstos se alejaron largando puteadas al ocupante del coche.

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Víctor Hugo Segura, el otro joven asesinado. Foto de Diario de Cuyo.

Víctor Hugo Segura, el otro joven asesinado. Foto de Diario de Cuyo.

La pista resultaría importante para los investigadores policiales, que al cabo de unas horas confirmaron que un muchacho apodado “El Curucho” poseía un auto de esas características. Ese joven era Jorge Alberto Montenegro, de 23 años, quien fue capturado el 23 de diciembre en su casa en una villa de Concepción.

Pese a su juventud, el sospechoso cargaba con antecedentes penales y un pasado reciente que lo había marcado a fuego. Un año antes, “El Curucho” Montenegro se salvó de morir asesinado y perdió a su amigo Modesto Ernesto “Bruja” Molina durante un ataque a balazos dentro de Villa “El Chorizo”, en noviembre de 1987.

En una página del diario local Diario de Cuyo se lo presentó a Montenegro como el autor de los disparos contra Castro y Segura, pero lo cierto fue que éste se despegó del doble asesinato y mandó al frente a los mendocinos Camus y Guerrero. En esa primera declaración, “El Curucho” afirmó que sólo hizo de acompañante y puso su auto Dodge, pero no participó del robo ni de la discusión con los ciclistas. También reveló que uno de sus amigos llevaba un revólver calibre 38.

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Los jefes policiales en una conferencia de prensa. Foto de Diario de Cuyo.

Los jefes policiales en una conferencia de prensa. Foto de Diario de Cuyo.

Se desligó de todo. En su confesión, dijo que Camus le contó que planeaba cometer un “achaque” en un negocio sobre calle Necochea y aceptó el convite. Admitió que la tarde del 9 de diciembre de 1988 trasladó en su coche a los dos mendocinos, que los esperó en el lateral de Circunvalación, que al rato escuchó los tiros y que los segundos “El Gringo” Camus y “El Negro” Guerrero llegaron desesperados diciendo que se había agarrado a tiros. Agregó que el auto no le arrancó en ese momento, fue ahí que los dos mendocinos lo ayudaron a empujar el vehículo y, cuando lo puso en marcha, aceleró y los abandonó porque no quería involucrarse en nada.

Los investigadores policiales al mando del juez penal Ricardo Conte Grand contaban con esa confesión que encajaba con otros testimonios que ubicaban y vinculaban directamente a Montenegro y los dos mendocinos con el intento de robo a la tienda y los asesinatos contra Segura y Castro.

Pasaron meses hasta que lograron apresar a Guillermo Miguel “El Gringo” Camus, de 21 años. Al cómplice, José Fabián “El Negro” Guerrero, le perdieron el rastro y de hecho ni siquiera pudieron juzgarlo. Los dos únicos que fueron llevados a juicio por los asesinatos de Carlos Jesús Castro y Víctor Hugo Segura fueron Camus y Montenegro.

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Jorge Alberto

Jorge Alberto "El Curucho" Montenegro, el primer detenido. Foto de Diario de Cuyo.

En el juicio escrito, “El Curucho” Montenegro se retractó de sus declaraciones iniciales y aseguró que todo lo dicho anteriormente era falso. Se victimizó. Dijo que se inculpó e involucró en el hecho a Camus y a Guerrero por presión de los policías. Habló de apremios ilegales. Sin embargo, en el juicio quedó acreditado que la supuesta comisión de ese delito por parte de los policías fue investigada por la jueza Lucy Rodríguez, en otro juzgado, quien archivó la causa por falta de pruebas.

“El Gringo” Camus mantuvo la misma postura desde que lo detuvieron. En todas sus declaraciones negó su participación en el intento de robo en el comercio y el ataque a balazos contra los dos ciclistas. Afirmó que el domingo 9 de diciembre de 1988 estuvo en Mendoza en la fiesta de bautismo de su sobrino. Dos de sus hermanos respaldaron esa versión, pero los investigadores y el juez notaron que existían contradicciones en relación con el día en que situaban al acusado en ese encuentro familiar y su coartada se cayó.

La declaración del único testigo directo del doble asesinato, o sea Oscar López, fue determinante para hundir a Camus. La descripción que dio el día del doble homicidio y el posterior reconocimiento no dejaron margen de dudas. El juez Juan Carlos Peluc Noguera, del Segundo Juzgado Correccional, resolvió el 6 de mayo de 1993 condenar a Guillermo Miguel “El Gringo” Camus y Jorge Alberto “El Curucho” Montenegro.

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Guillermo Miguel Camus, en una de sus últimas fotos en Policía.

Guillermo Miguel Camus, en una de sus últimas fotos en Policía.

En el fallo dio por sentado que Camus y Guerrero buscaron entrar sin existo a robar al negocio de calle Necochea. En función a la reconstrucción de los hechos, el magistrado ratificó la teoría oficial que decía que en esos instantes en que los dos mendocinos intentaban entrar al local comercial, pasaron por el lugar Castro, Segura y López y se percataron del ilícito. Creen que Castro miró fijamente a los ladrones o los increpó y uno de éstos respondió con insultos o amenazas para que se alejaran. Eso desató los insultos cruzados y el mortal ataque a balazos.

La mayor responsabilidad recayó sobre Camus por las declaraciones del propio Montenegro y de familiar de las víctimas que presenció el doble asesinato. En cambio, el magistrado llegó a la conclusión que “El Curucho” intervino solamente el fallido robo, pero a modo de colaborador.

Fue así que condenó a Jorge Alberto Montenegro a la pena de 1 año y 8 meses de prisión por el delito de participación secundaria en robo con escalamiento, en grado de tentativa. Guillermo Miguel Camus fue castigado a 15 años de cárcel por homicidio reiterado, dos hechos. Sobre el prófugo José Fabián “El Negro” Guerrero, el magistrado mantuvo el pedido de captura para que la Policía lo siguiera buscando.

FUENTE: Sentencia del Segundo Juzgado Correccional, artículos periodísticos de Diario de Cuyo, hemeroteca de la Biblioteca Franklin y archivos propios de Historias del Crimen

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