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Historias del Crimen

El iglesiano que se hartó de su amigo y lo asesinó a cuchillazos por 20 pesos en una noche de borrachera

Ambos eran vecinos. La noche del 3 de diciembre de 1988 se pusieron a beber y discutieron. A la mañana siguiente, uno de ellos fue encontrado asesinado a cuchillazos.

Por Walter Vilca

Los pedidos de auxilio que venían del patio despertaron a Filomena Quilpatay. También escuchó los quejidos y, de inmediato, supo que era su hermano que la llamaba. Ella se levantó de la cama, caminó hacia afuera y encontró a Domingo tendido boca abajo en el piso de tierra, sin poder ponerse de pie.

Otra vez está borracho, pensó. Buscó a su cuñada Eliana -la esposa de Domingo-, a su esposo Félix Díaz y juntos alzaron a su hermano, que tenía manchas de sangre en la camisa. Le notaron unas pequeñas heridas punzantes en el pecho y el abdomen, pero si bien él manifestaba que le dolía el estómago, fue tajante con Filomena: “Negra. Si me querés, no me lleves al médico”.

Las dos mujeres y el cuñado entendieron que no era nada grave, así que llevaron a Domingo hasta la cama que él mismo había puesto en el patio para dormir al aire libre y lo acostaron. Serían las 5.30 de la madrugada del domingo 4 de diciembre de 1988, cuando dejaron al changarín descansando y se fueron a dormir esperando que al otro día estuviese mejor. A la mañana siguiente, Félix Díaz regresó al patio y notó un profundo silencio. No escuchó el acostumbrado ronquido de su cuñado que se hallaba tendido de cúbito dorsal sobre la vieja cama de elástico.

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Así está hoy el barrio donde ocurrió el asesinato de Quilpatay.

Así está hoy el barrio donde ocurrió el asesinato de Quilpatay.

El terrible hallazgo

Por curiosidad se acercó a despertarlo, pero descubrió que su rostro se veía pálido y parecía no respirar. Al tocarlo, sintió el cuerpo frío. Ahí se dio cuenta que Domingo Quilpatay se encontraba muerto en el patio de esa precaria de vivienda del callejón Costa Canal y calle Colón -hoy Maradona-, en la zona capitalina de Desamparados.

El hombre corrió espantado a buscar a su esposa y su cuñada. Por sentido común, relacionaron la muerte de Domingo con las heridas punzantes que presentaba en el cuerpo. Además, recordaron que esa noche éste estuvo bebiendo con don Eladio, el vecino, y lo primero que supusieron fue que el albañil lo había atacado.

Félix caminó hasta el rancho de Eladio Dogonik, en el lote lindero, y lo increpó: “¿¡Qué hizo!? Lo has muerto a Domingo (sic)”. El albañil de 65 años respondió: “Era un ladrón, me había robado plata. Andá a poner la denuncia”.

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El periodista Félix Naranjo de Diario de Cuyo entrevistando a la hermana de Domingo Quilpatay y observando la cama donde hallaron asesinado al changarín de 35 años. Foto de Diario de Cuyo.

El periodista Félix Naranjo de Diario de Cuyo entrevistando a la hermana de Domingo Quilpatay y observando la cama donde hallaron asesinado al changarín de 35 años. Foto de Diario de Cuyo.

En esos instantes, Díaz abandonó la propiedad y se trasladó a la Comisaría 17ma de Chimbas. Los policías que lo atendieron, en vez de prestarle ayuda, lo mandaron a las Comisaría 4ta por cuestión de jurisdicción. A media mañana, llegó una comisión policial y confirmó que Domingo Quilpatay llevaba varias horas de fallecido y que evidenciaba heridas punzantes en el cuerpo.

En base a los testimonios recogidos entre los familiares del fallecido, los policías llamaron a la puerta del rancho de Eladio Dogonik y lo detuvieron. Este ya los estaba esperando. Es más, el albañil incluso había tenido tiempo de ir y volver de la casa de un sobrino suyo, a quien fue a ver para contarle que lo acusaban de la muerte de su vecino y necesitaba que buscara un abogado.

Confesión, a medias

Dogonik confesó, a medias, que agredió a cuchillazos a su amigo, pero juró que desconocía si lo había herido. Es que estaba muy borracho, contó a los policías. Relató que estuvieron tomando vino desde la tarde del sábado 3 de diciembre y que pelearon porque Domingo le sustrajo dinero.

El albañil expresó que apreciaba a Domingo, pero estaba cansado de él porque le robada dinero y nunca ponía ni un peso para los tragos. No tenían una relación de amigos, su vínculo pasaba más por el gusto a las bebidas alcohólicas.

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Domingo Quilpatay, la víctima. Foto de Diario de Cuyo.

Domingo Quilpatay, la víctima. Foto de Diario de Cuyo.

Don Eladio era iglesiano y estaba separado. Durante la semana trabajaba como obrero de la construcción y sus horas libres las pasaba en su rancho, pegado al de la familia Quilpatay Díaz, en el callejón Costa Canal y la calle Colón. Domingo solía buscarlo y se embriagaban juntos.

“Se ponía agresivo cuando se emborrachaba, pero sano, era buena persona”, declaró el hombre mayor para describir a su vecino muerto. El cuñado no tenía un buen concepto de Domingo. “Quilpatay era un haragán y poco afecto al trabajo. Le gustaba mucho tomar. Años antes tuvo un accidente y le pusieron una placa de metal en la cabeza. Y por ahí se hacía pendenciero”, aseguró Díaz.

La reconstrucción

La tarde noche del 3 de diciembre de 1988, Domingo Quilpatay se cruzó al rancho de don Eladio y le preguntó si tenía algo para beber. El albañil andaba con ganas de tomar, así que lo invitó a pasar y descorchó una botella de vino blanco. Después abrió otro y más tarde un tercero. Promediaban las 22 cuando salieron a comprar dos litros más.

De acuerdo con la declaración de don Eladio, en los primeros minutos del domingo 4 de diciembre ya estaban muy alcoholizados. Y la discusión comenzó porque el albañil le recriminó a Domingo el hurto de 20 pesos. Le había resultado extraño que pusiera dinero para comprar el último vino y que, al contar su plata, le faltara.

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Don Eladio Dogonik, el homicida. Foto de Diario de Cuyo.

Don Eladio Dogonik, el homicida. Foto de Diario de Cuyo.

De ahí su enojo. Eladio estaba convencido de que Domingo le había sustraído ese dinero. Este negó que fuese así y se molestó tanto de la acusación de su vecino, que le lanzó una trompada. El golpe dio en el hombro de Eladio, quien tambaleó y cayó de espaldas.

En esos segundos, Domingo volvió a arremeter contra él, tomó una silla y se la tiró por la cabeza, aunque no alcanzó a pegarle, según don Eladio. A todo eso él intentó levantarse y se agarró de la mesa para tomar el envión, fue entonces que palpó algo filoso. Era el cuchillo que había quedado sobre el tablón desde el mediodía.

Seis puntazos

Dogonik confesó que tomó el cuchillo de 23 centímetros, por 1.5 de ancho, y se paró furioso dispuesto a enfrentar a Domingo. Aseguró que largó un primer puntazo y luego varios más, “pero no sabía si lo había herido”. También recordó que su vecino retrocedió pasos hasta que cruzó el umbral de la puerta que permanecía abierta. Cuando lo vio afuera, pegó el portazo para impedir que entrara de nuevo, colocó el pasador y se acostó. E insistió en que se fue a dormir sin darse cuenta de que su compañero de tragos estaba malherido.

La borrachera se le pasó a las 7.30 de la mañana con el llamado a su puerta de Félix Díaz, el cuñado de su amigo, que le anunció que Domingo se encontraba muerto y le advirtió que estaba en serios problemas.

La historia del asesinato de Domingo Quilpatay en ese asentamiento, hoy conocido como Villa Maradona -por el nombre de la calle-, terminó con el albañil Eladio Dogonik preso bajo el cargo de homicidio simple. El informe forense señaló que la víctima sufrió seis heridas punzo cortantes, pero fueron dos las mortales: una fue en el pecho y la otra en el abdomen.

El juicio

Su detención duró solo 1 año y 4 meses. Durante el juicio escrito que se llevó a cabo en el Segundo Juzgado Penal se impuso la teoría de que Dogonik se defendió ante el ataque de Quilpatay. Esto a pesar de que la fiscal del caso apuntó a demostrar que hubo dolo en el accionar del albañil, que agredió mortalmente a su vecino con un cuchillo, estando éste desarmado, y que no se acreditó que la víctima lo golpeara o le lanzara la silla.

El juez Juan Carlos Peluc Noguera entendió que quien originó la pelea fue la propia víctima. Los testimonios de los vecinos y hasta del cuñado abonaron esa hipótesis haciendo ver a Domingo como un violento; en cambio, describieron a Dogonik como un hombre trabajador y buena persona en el barrio.

El 4 de abril de 1990, el magistrado firmó la sentencia a través de la cual condenó a Eladio Dogonik a la pena 1 año y 4 meses de prisión por el delito de homicidio simple con exceso en la legítima defensa. Con el fallo, también, dio por cumplido el castigo y ordenó su libertad.

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