De amigos a enemigos y un asesinato a traición que sacudió a Villa Alonso
Fue uno de los crímenes más crudos ocurridos en 2009, en Chimbas. Elías “El Cocó” Amado entró a la casa de su examigo Rubén “Angelito” Ferreyra y literalmente lo ejecutó a balazos.
Dicen que fueron muy amigos. “Angelito” Ferreyra hasta le había dado refugio en su casa a “El Cocó” Amado, pero un inesperado allanamiento policial en marzo de 2009 marcó un antes y un después entre ellos. Amado culpó a Ferreyra y lo acusó de delatarlo en un atraco, algo de lo que no había certeza, pero que quebró esa amistad y literalmente los enfrentó a muerte. “El Cocó” se la juró y se encargó de hacérselo saber a todos, primero con amenazas, después con el robo de una moto y más tarde con una alevosa ejecución a balazos.
Así fue la historia de Elías Exequiel Amado y Raúl Rubén Ferreyra, transcurrida en Chimbas allá por el 2009. En ese tiempo ambos estaban unidos por la vida fácil y el delito. “Angelito”, de 40 años, ya había estado en el penal de Chimbas. “El Cocó” hacía sus primeras armas y cargaba con causas penales por robo.
En ese entonces Amado, de 20 años, vivía transitoriamente en la casa de Ferreyra sobre la calle Jujuy, en Villa Alonso, Chimbas. Todo iba bien entre ellos hasta que el 31 de marzo de 2009 una comisión policial allanó ese domicilio en busca de “El Cocó”. Había un pedido de captura en su contra por el robo de una pistola y una moto a un agente de Policía, en un hecho ocurrido a mediados de marzo en inmediaciones del Parque de Mayo.
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Aquella vez no lograron atrapar a Amado porque escapó por los fondos y así zafó del acecho policial, pero a partir de ese momento este empezó a maquinar su odio contra Ferreyra y su familia. Ese episodio encendió la mecha del conflicto entre los amigos. Alguien le había soplado al oído a "El Cocó" que “Angelito” lo batió con la Policía y él tomó el rumor como cierto, tanto que desde ese día no volvió a hablarle. Se empecinó en querer tomar revancha y juró vengarse.
El 3 de abril de 2009, Amado fue a Villa Alonso y se cruzó con Rubén Corzo, el hijo del “Angelito” Ferreyra, que andaba en su moto Guerrero 125cc. Se saludaron y charlaron de forma amistosa; de hecho, “El Cocó” le pidió al joven que le hiciera el favor de llevarlo a su casa en Villa Unión para que sacara ropa.
Corzo hizo subir a su moto a Amado y partieron. “El Cocó” tenía otros planes. Al llegar a su casa, le dijo: “Aguantame ahí, que ya vuelvo”. En efecto, a los minutos regresó y, con un revólver en la mano, le ordenó: “Dame la moto. Decile a tu papá que la moto te la quito porque él me batió con los milicos”.
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Este era Raúl Rubén Ferreyra, apodado "Angelito".
El jovencito no quiso bajarse de la moto, entonces “El Cocó” Amado le apuntó a los pies y le largó tres disparos. Corzo ahí se asustó y le entregó la moto, mientras que el otro montó en la Guerrero 125 cc y se dio a la fuga.
El robo de la moto al hijo del “Angelito” Ferreyra fue un claro mensaje de “El Cocó” y también la antesala de su venganza. Él mismo se había encargado de hacer correr la bola entre sus conocidos de que estaba furioso e iba a tomar revancha contra su examigo. Y hablaba en serio. Fue cuestión de semanas.
En el interín, Amado volvió a tener un enfrentamiento. Los policías de la Comisaría 17ma lo encontraron en cercanías de la Costanera en compañía de su novia, la “Pachecha” Rubia. Eso fue a fines de abril y los uniformados le largaron unos tiros, pero “El Cocó” escapó; no así su novia, que fue detenida con la moto de Corzo. En las cercanías encontraron un arma que arrojó en la fuga.
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Elías Exequiel Amado, alias "El Cocó".
En esos días, Elías Amado andaba desesperado y enloquecido por el asedio policial, pero ni eso le sacaba de la mente la idea de ejecutar su venganza contra “Angelito” Ferreyra. Y esperó hasta la madrugada del 10 de mayo de 2009. Esa noche bebió y al amanecer pasó por un bar cercano a Villa Alonso, donde compartió unos tragos con Oscar Brizuela. Sabía que este era amigo del “Angelito”.
A unas cuadras de allí, Ferreyra hacía lo mismo con su hijo en su domicilio. Los relatos señalan que estos se amanecieron tomando vino y, cuando “Angelito” comenzó a ponerse cargoso, Rubén Corzo decidió irse a dormir a la casa de su abuela. La vivienda de los Ferreyra era precaria, ni puerta tenían. La única habitación que poseía la propiedad contaba con una cama de dos plazas, en la que dormían sus dos pequeñas hijas, y un catre con un colchón al ras el piso que ocupaba “Angelito” y su mujer.
Ya eran las ocho de la mañana cuando “Angelito” Ferreyra se acostó sobre ese catre y empezó a roncar. La borrachera y el cansancio no le dejaron el menor resquicio de sospecha de que esa mañana lo visitaría su examigo y que sus horas estaban contadas.
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El titular de Diario de Cuyo dando cuenta del asesinato.
Casi a la misma hora, “El Cocó” Amado se despedía en el bar de ese otro hombre de apellido Brizuela. El joven asaltante lo tenía decidido. Antes de marcharse hizo alarde de que llevaba un revólver e hizo un aterrador comentario: “Voy a matar al ‘Angelito’”.
Amado subió a la moto en la que se movilizaba y llegó a la casa de Ferreyra en la calle Jujuy. Entró sin provocar alboroto. No hubo discusión ni pelea. Ferreyra dormía al lado de su mujer. Estaba indefenso.
Los disparos se escucharon secos. “El Cocó” le largó cuatro balazos al “Angelito” a menos de un metro de distancia. Este último gritó al sentir los impactos, pero no alcanzó a levantarse. Solo dos disparos dieron en el cuerpo de Ferreyra. Uno de los balazos le pegó en el codo izquierdo y otro ingresó por el hombro, también izquierdo. Ese último proyectil siguió su trayectoria por dentro de su cuerpo, atravesó el pulmón y tocó el corazón.
Stella Maris Corzo, la pareja de Ferreyra, saltó del catre al escuchar las detonaciones y ahí vio a “El Cocó” Amado parado, con el revólver en la mano. Ella se levantó y salió detrás del asesino, que ganó la calle y escapó a bordo de una moto. La mujer luego corrió a la casa de su madre a buscar a su hijo Rubén Corzo.
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Los policías de Criminalística retiran el cadáver de Ferreyra. Foto de Diario de Cuyo.
El jovencito llegó a la vivienda minutos más tarde y encontró a su papá agonizando: “Hijo, llamá a la ambulancia. Ese culiado (por Amado) me ha dado dos tiros”, le escuchó decir. Ese plomo que le ingresó por el hombro y le llegó al corazón le provocó una hemorragia interna que derivó en un shock hipovolémico. Ferreyra murió sobre el catre y frente a sus hijas antes de que llegara la Policía y un equipo médico.
La misma pareja de Ferreyra había visto en vivo y en directo a Amado dentro de su casa al momento de los disparos. Una vecina testificó que observó cuando huía en la moto. El otro testigo, Brizuela, contó que minutos antes de escuchar los disparos en la zona había estado con “El Cocó” y este le dijo que iba a matar al “Angelito”. Es decir, no existían dudas de Amado era el autor de los disparos.
Esa mañana, los policías de la Comisaría 17ma, al mando del comisario Daniel Puebla y el joven oficial principal Diego Rocha, salieron a la caza de Elías Exequiel Amado. Otros policías de la Brigada de Investigaciones, dirigidos por el comisario mayor Mario Aparici y el oficial Raúl Córdoba, empezaron a buscar a "El Cocó" por otros departamentos del Gran San Juan.
“El Cocó” fue capturado a las veinte horas del 10 de mayo de 2009 sobre la avenida Ignacio de la Roza y calle Entre Ríos, en pleno centro sanjuanino. Los policías de la Brigada de Investigaciones lo atraparon mientras caminaba rumbo a la Central de Policía a entregarse. En los allanamientos secuestraron el revólver calibre 32 que había utilizado en el ataque.
Elías Exequiel Amado tenía 21 años cuando fue juzgado en junio de 2010 por el tribunal de la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional. Durante el debate, la defensa intentó sembrar dudas. Habló de inconsistencias horarias, de testimonios supuestamente exagerados, de hipótesis alternativas. Pero el conjunto probatorio de la fiscalía fue sólido.
Los jueces Félix Herrero Martín, Ernesto Kerman y Juan Carlos Peluc Noguera fueron categóricos en su fallo dictado el 23 de junio de 2010. No se trató de un arrebato ni de una pelea. Amado eligió el momento para matar a quien había sido su amigo. Ingresó a la vivienda cuando la víctima dormía. Actuó sin riesgo para sí. Eso, para los jueces, configuró alevosía.
Elías Exequiel Amado fue condenado por robo agravado por el uso de arma de fuego y homicidio agravado por alevosía. La pena impuesta fue prisión perpetua. No hubo atenuantes que lograran torcer el peso de las pruebas.
FUENTE: Sentencia de la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional del Poder Judicial de San Juan, artículos periodísticos de Diario de Cuyo, hemeroteca de la Biblioteca Franklin y testimonios de los policías que investigaron el caso.