Historias del crimen

La pocitana que asesinó a balazos a su novio

Llevaban dos años de pareja y las peleas se repetían. Hasta que una tarde de junio de 2009 discutieron, el hombre la agredió y ella lo atacó a tiros.
domingo, 20 de diciembre de 2020 · 09:02

Nunca tuvo suerte con los hombres, confesó. Y esa última relación sentimental no era distinta a las anteriores, con agresiones de por medio, pero también con la enfermiza necesidad de no querer ponerle fin. Hasta que un día se hartó y, en otras de las discusiones, ella acabó la disputa de pareja a los tiros.

Sara B. tenía 58 años cuando asesinó a su novio, el mecánico Roberto Díaz, la tarde noche del 14 de junio de 2009 en el patio de su casa cerca de calle Lemos, en Pocito. “Lo mate porque estaba cansada de que me agreda", dijo a los policías que la asistieron.  En todo ese drama quedó en claro que la mujer tuvo una vida sufrida y un carácter por demás fuerte que la llevó a cometer semejante crimen contra ese hombre, del cual existieron dudas sobre si realmente era un violento.

Aquella relación venía de hacía 5 años. La convivencia era a medias, en ocasiones Díaz se quedaba a dormir en casa de Sara y otras veces sólo la visitaba por algunas horas. Esto último se hizo frecuente en el último año a raíz de las sucesivas diferencias que surgían en la pareja.

Es que los dos ya eran grandes y con distintas personalidades. Sara había tenido un pasado difícil. Con un frustrado matrimonio de diez años y su posterior divorcio. Ella misma contaba que padeció los maltratos y la violencia de manos de su esposo. Pero como ella solía sobreponerse, salió sola adelante. Siempre lo hacía. Estudio de grande y trabajó en un estudio jurídico y de empleada doméstica, así también cumplió su sueño de formar su familia con un hijo que adoptó y cuidó hasta que el muchacho creció y partió.

Una mala elección

Después conoció a Roberto Díaz, un mecánico de la zona de Rawson con el que se propuso soñar en una nueva vida. Supuestamente en principio se llevaban bien. Al tiempo, aparecieron los problemas. Según declaró ella, las discusiones se originaban por cuestiones de trabajo, dinero, los celos y las agresiones permanente. Afirmó que el hombre la golpeaba. Sin embargo, en la causa hubo testimonios que señalaban a Díaz como una persona muy reservada, tranquila y callada, al punto que lo apodaban “El Mudo”. Los compañeros del hombre relataron que, en una oportunidad, Sara fue a buscar a Díaz al taller donde trabajaba y lo agredió físicamente frente a todos.

El juicio. Sara durante el debate en la Sala III de tribunales. Foto de diario El Zonda.

Solo ellos dos sabían qué pasaba puertas adentro de la casa de Sara. Lo cierto es que todo iba mal en la pareja y la situación estalló el 14 de junio de 2009. La única versión que existe es la Sara, que contó que su pareja andaba de mal humor y agresivo del día anterior. También aseguró que desde la mañana comenzó a insultarla. Era domingo. Almorzaron juntos, pero al hombre supuestamente no se le pasó y continuó amenazándola, diciendo que la iba a matar.

Tarde fatal

A la tarde, todo siguió igual. Pasadas las 19, Sara preparó el mate para merendar con Díaz, en eso comenzaron a discutir. La mujer detalló que en esos instantes el hombre la tomó a golpes de puño y patadas, así fue que la lanzó contra la mesada de la cocina.

De acuerdo a su versión, Díaz la auxilió en principio, pero luego continuó agrediéndola. Fue ahí, según Sara, que el hombre caminó al dormitorio y sacó una pistola calibre 22 -propiedad de ella- que estaba en la cómoda, con intenciones de dispararle. Eso desató el forcejeo entre ambos y en medio de los manotazos se produjeron un par de disparos que no hirió a ninguno de los dos, afirmó la mujer en la causa.

Sara señaló que, en un momento, logró quitarle el arma a Díaz. El hombre optó, entonces, por caminar hacia el jardín dispuesto a marcharse de la casa. En esos segundos se escuchó la seguidilla de balazos. Dos tiros impactaron en el tórax del hombre y otro en un glúteo. Tras el ataque, ella arrojó la pistola y se refugió en su dormitorio.

Un vecino llamó a la Policía al oír los disparos. Uno de los uniformados tuvo que saltar las rejas para ingresar a la propiedad y abrir la puerta a los otros uniformados. Díaz ya estaba muerto, tendido en el jardín. Sara se encontraba shockeada y llorando, sentada en su cama. Ahí fue que le escucharon decir: “Lo mate porque estaba cansada de que me agreda…". Una mujer policía testimonió que Sara le contó que "le pedía (a Díaz) que se quedara y que no se fuera, pero siempre se iba. Que estaba cansada de que la ofendieran tanto. De estar sola. De que todos los hombres le habían pagado mal, que no tenía suerte con los hombres; también estaba mal porque este hombre no se quedaba con ella..."

Dos sentencias

Sara quedó detenida y acusada del delito de homicidio doblemente agravado, por ensañamiento y el uso de arma. Nadie negó la existencia de la discusión, la pelea y la agresión, pero la sospecha inicial de los investigadores fue que ella tomó el arma, que persiguió a Díaz hasta el jardín y le disparo de un metro de distancia. Incluso, la hipótesis fue que le largó dos disparos que no impactaron en la víctima, que quizás el primer tiro le pegó en el glúteo y luego le largó otros dos cuando el hombre estaba en el piso.

La mujer fue juzgada en octubre de 2010 en la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional. El fiscal de cámara José Eduardo Mallea, como el defensor, el abogado César Jofré, sostuvieron en todo momento que la víctima fue Sara, quién sufría maltratos de todo tipo por parte del ahora fallecido. También apelaron a demostrar que la mujer era una persona abnegada, trabajadora y excelente madre. Otro punto es que afirmaron que actuó en un estado de emoción violenta y que no recordaba lo sucedido.

Los jueces dieron por acreditado todo esto, hasta las lesiones que sufrió la mujer, pero también dieron por probado que la acusada era una persona “manipuladora, histriónica y agresiva”. Esto a partir de un informe psicológico que reveló que ella acomodaba su discurso y todas sus acciones para favorecerse. Por otro lado, remarcaron que era mentira que no recordaba nada, dado que los policías la escucharon justificarse por el crimen. El tribunal quitó el agravante de ensañamiento, pero calificó el delito como homicidio agravado por el uso de arma y la condenó a 11 años de cárcel.

La historia no quedó ahí. El abogado César Jofré y el fiscal Mallea apelaron el fallo, que llegó a la Corte de Justicia de San Juan. Al año siguiente, los jueces de máximo tribunal de la provincia revisaron la sentencia y resolvieron bajar la calificación, dejándola en homicidio en estado de emoción violenta. Así fue que condenaron a Sara a 2 años de prisión, según fuentes judiciales. Con esto, la mujer salió en libertad en razón del tiempo que llevaba detenida.

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