El escándalo por las denuncias de abuso sexual en el instituto Antonio Próvolo de Mendoza y que pone en jaque otra vez a la Iglesia Católica derivó en un “clima hostil”, según advirtió el arzobispo de Mendoza, Marcelo Daniel Colombo, en un carta fechada el 17 de agosto del año pasado dirigida al Papa y en la que solicitaba extender los plazos de la investigación y que la misma se desarrolle desde San Juan.
Es que, en ese momento surgía, además, puertas adentro de la curia local, la acusación contra los monjes del Cristo Orante por parte de un ex seminarista. Por eso, para este caso, el jefe de la Iglesia católica mendocina decidió solicitar una pesquisa interna “fuera de la provincia”. Colombo consideró el impacto “negativo que rodea la labor judicial canónica”, como consecuencia de la trascendencia del caso de los vejámenes a niños sordos de Luján de Cuyo.
Por ese entonces, el joven denunciante había realizado una presentación verbal en el Arzobispado contra los curas Diego Roqué y Oscar Portillo, fundadores de la congregación. Según se desprende de un documento incluido en la investigación penal que se instruye en la Justicia del Valle de Uco y al que tuvo acceso El Sol, Colombo hace este requerimiento al Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, haciendo mención a un “clima hostil” que generó el escándalo de los abusos sexuales contra niños sordos en el Próvolo y la necesidad de otorgar las garantías de una investigación imparcial a los acusados.
La máxima autoridad de la Iglesia de Mendoza argumentaba esta petición señalando:
“El clima hostil y negativo que rodea el ejercicio de la labor judicial canónica en la Arquidiócesis de Mendoza por la trascendencia mediática y social que ha tenido y tiene la causa judicial penal ante los tribunales ordinarios estatales, por el caso del instituto Antonio Próvolo” (centro educativo para hipoacúsicos que se encontraba bajo la dirección de los sacerdotes de dicha congregación).
“La necesidad de ofrecer la más absoluta independencia e imparcialidad al acusado y a quienes tienen de él, en el marco de la Arquidiócesis de Mendoza, una alta imagen y consideración personal y espiritual. Esto atento a que el sacerdote pertenece a una asociación pública de fieles que ha sido oportunamente erigida por la autoridad arquidiocesana y trabaja bajo su erigida y alta dirección”.

“Evitar, conforme a los antecedentes que existen en la Arquidiócesis de Mendoza y con resultados negativos para la misma, la posible judicialización, en sede estatal, de las acusaciones de nuestro tribunal. Acciones estas, que, a pesar de ser contrarias al Concordato firmado por el Estado argentino con la Santa Sede, suelen prosperar en el ámbito de la Justicia ordinaria local”.
“Evitar el strepitum fori, que un caso sensible y que afecta a una obra querida y valorada por numerosos fieles, tanto en Mendoza, como en otras partes de Argentina podría generar en el ámbito de la Arquidiócesis”.
La misiva fue enviada casi cuatro meses antes de que se produjera la detención de los religiosos y de que fueran imputados, días antes de Año Nuevo, por los abusos sexuales contra un joven cuando era menor de edad.

Al mes siguiente, el arzobispo Dominique Mambertí concedió la petición a Colombo y se constituyó un tribunal en Buenos Aires, desde donde recientemente viajó un instructor para tomar declaración de testigos y del denunciante, quien no se presentó por consejo de su defensa.
Fuentes del Arzobispado indicaron que el requerimiento tenía como objetivo garantizar la imparcialidad del primer acusado, Oscar Portillo, y que luego se sumó Roqué a la causa eclesiástica. Además, aseguraron que está avanzada la investigación, ordenándose en forma preventiva la imposibilidad a los clérigos de oficiar misas. Ambos gozan del beneficio de la detención domiciliaria.
Para la defensa del denunciante, el abogado Carlos Lombardi, “se han violado derechos de la víctima en el proceso canónico”, entre otros razones, al cambiar la jurisdicción del tribunal, según se denunció esta semana en declaraciones periodísticas.
El denunciante ratificó su declaración
En la órbita judicial, la causa penal contra los monjes Oscar Portillo (65) y Diego de Jesús Roqué (52), ahora detenidos en prisión domiciliaria, sigue adelante. Este martes, el denunciante, Nicolás Bustos Norton (27), volvió a declarar ante la fiscal del Valle de Uco, Eugenia Gómez. En la audiencia, la víctima ratificó sus declaraciones y brindó detalles de los supuestos abusos sexuales durante cuatro años, en los que dijo: “se sintió manipulado y fue abusado por los sacerdotes”.
El abogado de los curas, Eduardo De Oro, había dicho que se declararon inocentes. “Manifiestan que la denuncia es totalmente falsa”, dijo.
Sin embargo, Buston Noton ratificó que el monje Roqué lo pasaba a buscar por su casa, con la excusa de hablar acerca de cosas sobre el monasterio. “En esos viajes intentó tocarme y hasta me quiso dar un beso”. Y luego, describió los abusos por parte de Portillo, quien dirigía el monasterio. “Me hablaba durante horas todos los días. Me decía que lo tenía que dejar entrar en mi corazón y que si no lo hacía no iba a poder sanar las partes de mi corazón que estaban podridas. Me empezó a decir que yo estaba enamorado de él y luego de eso hubo cuatro o cinco episodios de abusos sexuales”, describió en una entrevista con el diario La Nación.