Luego de que en el caso de la niña violada y embarazada interviniera la Justicia con el aborto legal que se le practicó a la menor, la investigación de la causa por abuso sexual que tiene a su padrastro como principal sospechoso y a su madre como encubridora avanzó hasta obtener una prueba clave: el resultado del ADN al feto que dio positivo.
Fuentes judiciales del Primer Juzgado de Instrucción confirmaron que el cotejo que se había ordenado con antelación por el juez Benito Ortíz -luego de la interrupción legal del embarazo- sentenció que el sujeto de apellido Castillo fue quien abusó sexualmente de la niña de 11 años y la dejó embarazada. Esta prueba irrefutable no sólo lo complica sino que lo encamina al procesamiento por el delito contra la integridad sexual, cuya máxima pena es de 20 años.
Mientras la menor se recupera tras la interrupción legal del embarazo, el cual superaba las 18 semanas de gestación, los tiempos se extienden para que realice la Cámara Gesell y de detalles sobre su calvario que le habría hecho vivir el único acusado de las vejaciones a las que fue sometida.
Abuso sexual con accesos carnal agravado sería la calificación que el magistrado determinaría y que pesaría sobre los hombros del acusado del aberrante delito. Los agravantes, en este caso, sería dos según señala el artículo 119 del Código Penal Argentino. Para el caso aplican los siguientes agravantes: "La pena será de 8 a 20 años de reclusión o prisión si resultare un grave daño en la salud física o mental de la víctima; el hecho fuere cometido contra un menor de 18 años, aprovechando la situación de convivencia preexistente con el mismo".
Ahora, la madre en la mira
Con el resultado del ADN que inculpa al padrastro, la Justicia avanzará con la investigación sobre la madre de la menor, A.M, considerada cómplice de los abusos pues se negó a radicar la denuncia en contra de su pareja. La mujer será sometida una pericia psicológica y psiquiátrica para conocer su estado de salud mental. Es que, luego de conocer los testimonios de la directora de la escuela que asentó la acusación penal como así también el de la menor en cuestión, resulta ilógico comprender cómo no se dio cuenta de lo que sucedía.
La pequeña de 11 años habría dicho que su padrastro se cruzaba en las noches a su cama, la que estaba dispuesta en un espacio reducido, muy cerca de donde dormía su madre. Tiempo de San Juan llegó hasta el ranchito donde vivían y comprobó las precarias condiciones en el espacio de tamaño inferior, no mayor a los 20 metros cuadrados techados y una litera al costado. La sospecha está en que resulta complicado no advertir la situación que habría sucedido bajo sus narices y por ello es necesario establecer si es consciente de la criminalidad de los actos.