Según los investigadores más experimentados de la división Homicidios, el circuito que salta a la luz es prácticamente siempre el mismo: empieza una discusión regada de mucho alcohol, se arma pelea y uno termina matando a otro. Inmediatamente todo se traduce a la opinión pública en la trillada frase "ajuste de cuentas” o "había una bronca”. Pero, ¿qué hay detrás, qué origina semejante "ajuste” o "broncas”? Tanto en Tribunales como en la Policía coinciden en un factor en común en la mayoría de los casos: la droga.
Ese fantasma de la droga parece ser el detonante fatal, en muchos casos, y en otros parece el motivo de fondo que sobrevoló la situación y terminó en una muerte.
En algunos de los crímenes ocurridos en abril, hubo una situación confesa que pone a la droga en la escena principal de los homicidios.
CONFESIÓN DE PARTES
Sin ir más lejos, en la muerte del empleado judicial jubilado Guillermo Alcayaga, de 71 años, quien vivía en la zona de El Rincón, en Albardón, los dos jóvenes que se entregaron afirmaron que habían ido a robar para poder comprar drogas.
La autopsia comprobó que el abuelo fallecido el lunes 13 de abril de un paro cardíaco cuando vio que le estaban entrando a robar. De todas maneras, aunque no lo mataron directamente, el caso fue caratulado como homicidio en ocasión de robo. El cadáver del abuelo había sido hallado en el piso y la casa estaba desordenada.
Juan Manuel Muñoz, de 19 años, y un menor de 17 años, se entregaron ante el juez Maximiliano Blejman y confesaron que habían ido a robar para poder comprar drogas. El juez los había cercado porque tenía el antecedente de que hace algunos meses atrás la víctima ya había sufrido un robo. Y el magistrado dedujo que quienes habían entrado aquella vez sabían que el hombre vivía solo y conocían la vivienda, por lo que podían ser ellos mismos. Así terminó siendo.
MENSAJES MAFIOSOS
Luego se produjeron dos crímenes salvajes. Ambos fueron en el atardecer del domingo 19 de mayo. Y en ambos los investigadores policiales y judiciales creen que la droga está detrás.
El cruento crimen del barra de San Martín, Andrés "Catita” Moreno (43), tenía todos los ingredientes de un caso que va más allá de una bronca común entre dos personas: es que le metieron tres cuchillazos en una zona vital (uno en la nuca y dos en el cuello); intentaron degollarlo, ya que la cabeza quedó sujeta al cuerpo apenas por la cervical, debido a que la tráquea fue cortada en su totalidad; sacaron el cuerpo de una casa, lo transportaron una cuadra y lo tiraron al interior de un contenedor cerrado de basura; compraron un bidón de nafta, rociaron el cuerpo y le prendieron fuego… impresionante.
El principal sospechoso es Víctor "Chino” Díaz (34), quien admitió ser el autor de la masacre. E intentó justificar semejante matanza gritando a los cuatro vientos que había consumido cocaína y psicofármacos. También cayó su cómplice, Emiliano Segovia, quien compró el bidón de nafta y ayudó a pintar con cal el charco de sangre en los fondos de la casa de Díaz.
Más allá de la confesión del consumo de cocaína por parte del "Chino” Díaz, los investigadores judiciales tienen entre sus principales hipótesis que "Catita” Moreno fue a buscar al "Chino” por algo en particular. Eso terminó en una feroz pelea y en una masacre.
Antecedentes de ambos: líderes de distintos sectores de la barra de San Martín de San Juan. El "Catita” de la Rioja Chica y el "Chino” del barrio San Martín. ¿Drogas, entradas?, nada está descartado en el Cuarto Juzgado de Instrucción.
TERRAZA SILENCIOSA
Ese mismo domingo, cuando en Concepción se producía el crimen del "Catita” Moreno, en la terraza de un monoblock del Barrio República del Líbano, en Rawson, se producía otro macabro homicidio: el del Ezequiel Flores Oviedo.
Más allá de su aspecto bohemio, con cresta roja y fanático de la cultura punk, el cadáver del pibe de 19 años que disfrutaba de su skate en la plaza Laprida hablaba de un crimen poco común. Es que tenía 35 puñaladas.
La autopsia reveló detalles que llevan a pensar a los investigadores judiciales que evidencia ciertas huellas de la droga: varias de las puñaladas, al menos tres, fueron después de muerto y por la espalda; los puntazos fueron tanto por la espalda como por el frente; muchos de ellos en las manos, lo que evidencian que intentó defenderse de la agresión; y algunos fueron en zonas vitales y otros no.
Conclusión: el pibe fue atacado por alguien con una saña ciega, fuera de sí. Los psiquiatras explican que la mayoría de los lapsus de los homicidas no se extienden por periodos extensos. En el caso de Ezequiel Oviedo, creen que hubo más de una persona y que quien lo atacó estaba fuera de sí, tal vez por el efecto de las drogas, ya lo que siguió masacrando aún cuando vio que ya estaba sin vida.
El hermetismo del vecindario no pasó desapercibido por el juez Blejman y el secretario Martín Heredia Zaldo: nadie vio ni escuchó nada. Imposible, sobre todo si se tiene en cuenta que el joven fue asesinado en la terraza, por lo que mínimamente debió producirse una pelea, gritos y quejidos.
Los investigadores están convencidos que el silencio de los vecinos es porque saben quién fue y le temen tanto que jamás lo delatarían, o porque presumen el origen de la famosa "bronca” con el joven y es algo que no van a develar públicamente.
En el juzgado de Blejman no descartaban pedir al gobierno que ponga una recompensa para incentivar que salte un dato que los lleve a resolver el caso.
INCREÍBLE
El cuarto homicidio en el que ronda el fantasma de la droga es el que se produjo en el Lote Hogar N° 11, en Chimbas. Allí un menor de 17 años se atribuyó haber ejecutado de un balazo en el pecho con una tumbera a su padrastro, Raúl Humberto Sosa.
Más allá de la confesión del menor, para los investigadores el caso no está cerrado. Es que la versión del supuesto homicida les resulta demasiada liviana: dijo que le dio un tiro en el pecho porque el hombre se resistía a irse de la casa para dejarle el lugar a su hermano.
Las sospechas de los investigadores es que hubo otro problema más grave de fondo. Nuevamente, creen que la droga metió la cola y que, tal vez, lo más fácil fue responsabilizar al menor de 17 años, sabiendo que legalmente no podrá ser imputado del crimen.
Excepción
El único homicidio ocurrido en abril en el que los investigadores descartan que la droga tenga que ver es el ocurrido en Caucete, donde Jacinta Quinteros (80) fue asfixiada y quemada por su inquilino, Ángel Narváez, quien estaba prófugo de un homicidio en Mendoza.
La Iglesia
El obispo José María Arancedo, titular de la Conferencia Episcopal, dijo la semana pasada en la 109° asamblea plenaria del Episcopado que "varios obispos de diversos lugares del país han señalado el crecimiento alarmante del narcotráfico en el país”.