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Personajes sanjuaninos

Antonio Segura y la bicicleta: un idilio que lleva 80 años rodando

A los 6 tuvo el primer contacto y hoy sigue dándose sus paseos cuando los tiempos de atender su bicicletería lo permiten. Compitió hasta el año pasado con 85 pirulos y en sus tiempos mozos llegó a correr codo a codo con un tal Vicente Chancay.

Por Jorge Balmaceda Bucci

Lo suyo con la bicicleta es pasión pura. A sus 86 años, los ojos se le llenan de emoción al recordar cuando su padre escuchó por radio sus proezas en Mendoza. Antonio Segura lleva más de ocho décadas entre pedales, platos, sillín y piñones. La felicidad con la que repasó su historia no entraría ni en un millón de notas más.

Apoyado en el mostrador de su bicicletería ubicada en la esquina de Tahona y Pedro Álvares, este infatigable ciclista comenzó con el relato de su vida, que precisamente empezó en ese rincón de ‘El Medanito’. Esa siempre fue su casa. Su progenitor –“un inmigrante español que solo vivía para trabajar su finca”- se instaló meses después del terremoto del ’44 para poner una carnicería y aprovechar la amplitud del terreno para tener su propia finca.

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Antonio, mientras combate con un eterno trapo algún resto de suciedad que le dejó algún arreglo, empezó con su relato: “Soy ciclista desde que tenía 6 años. Cuando los parientes y amigos de mi padre venían a visitarlo, dejaban las bicicletas en la vereda – en esa época nadie se robaba nada-. Entonces yo aprovechaba y agarraba alguna, metía una pierna por entremedio del cuadro y me iba a andar por el barrio”.

“Un día vino un hombre con una bicicleta que tenía el manubrio para abajo, no tenía cambio ni nada, pero me llamó la atención. La agarré y usando la misma técnica de meter la pierna por el cuadro me fui. Agarré la Ruta20, que en ese tiempo la estaban asfaltando, y cuando me salieron a buscar yo ya iba llegando al aeropuerto. Me querían matar. Claro, habré tenido 7 años, sumó este eterno ‘pistero’, quien a los 10 años ya ayudaba a su padre con los repartos de la carnicería gracias a “la bici rodado 20 con frenos a varilla” que el mismo le había regalado.

A los 10 años empecé a arreglar las bicicletas que había en casa, las desarmaba, armaba y las pintaba. Las bicicletas siempre me enloquecieron A los 10 años empecé a arreglar las bicicletas que había en casa, las desarmaba, armaba y las pintaba. Las bicicletas siempre me enloquecieron

Y en su camino fueron llegando nuevas ‘máquinas’ a su vida: “A los 14 años ya me compró una de media carrera marca Legnano, era verde y tenía los guardabarros blancos. Lo primero que hice fue sacarle los guardabarros y conseguí un cambio ‘Super Champion’, de esos que se usaban antes, con una solo ruedita para abajo de la caja y un piñón de tres coronas. Empecé a andar, a pedalear y no paré más”.

“Mis amigos de aquí del barrio también se armaron bicicletas y un día nos enteramos que había una carrera que organizaba Casa Tormo, un comercio que estaba ubicado en el centro en la zona de Laprida y Tucumán. Pero esa vez iban a inaugurar una sucursal en Angaco haciendo una carrera. Yo fui y me inscribí con dos amigos del barrio. Yo le pedí permiso a mi papá para ‘ir a ver la carrera’. Largamos como 100 y toda la carrera la fui punteando. Yo no sabía de estrategia ni nada y 500 metros antes de llegar a la meta embalaron los que venían atrás y ya ni sé en qué puesto terminé. Pero me encantó la experiencia ”, agregó Antonio.

Tal fue el metejón que se agarró con el vértigo de la velocidad sobre la bici que a los días de la experiencia angaquero ya formalmente se convirtió en un ciclista federado: “Fui a ‘Cicles Star’, una bicicletería que se encontraba en Güemes y Avenida Libertadora General San Martín. Era del ex ciclista Ciro Sánchez y ahí también era la sede del Club Ciclista San Juan, de la Federación. Le dije a Ciro que yo quería correr. Él me dijo que me hiciera socio y empecé a participar en la categoría novicio, ya tenía 15 años”.

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“Empecé a correr y a las poquitas carreras ya empecé a salir en el diario porque siempre terminaba entre los cinco primeros. Yo todo eso lo hacía a escondidas de mi padre porque él era un español de esos que solo pensaba en trabajar todo el día, hasta los domingos. Y un lunes pasó el diariero, mi padre le compró el diario y cuando se pone a leer me encontró a mí en la foto. ¡Ay, papito! La llamó a mi madre y le dijo ‘Rosario mira, ¿este no es mi hijo Antonio?’. Mi madre le contestó que sí y mi padre volvió a decir ‘¿por qué sale aquí?’. Mi mamá no sabía que responder. Ahí nomás mi padre, que era amigo de Ciro Sánchez, se fue a pelearlo por haberme hecho socio. Estaba enojado, pero finalmente Ciro lo convenció. A partir de ahí mi padre me dijo que los domingos por la tarde tampoco hacía falta que lo ayudar con la finca”, evocó con detalle el hoy orgulloso abuelo de siete nietas y un nieto y padre de tres mujeres y un varón.

Un par de año más tarde llegaría el turno de la Mendoza-San Juan, sobre un Ruta 40 que recién empezaba a tener asfalto a partir de Jocolí. “Yo, como siempre, me inscribí y terminé llegando entre los 10 primeros. Pinché dos veces en el camino y cuando llegué a casa mi madre me comenta que mi padre había estado toda la mañana escuchando por la radio cómo me iba en la carrera”, añadió con la garganta tomada por la emoción y los ojos algo más brillantes.

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A golpe de pedal continuó su vida. Carreras clásicas y no tanto contaron con su presencia y hasta le tocó el turno de representar a San Juan en un Campeonato Argentino de Pista. Entre sus compañeros de expedición estaba Vicente Chancay: “Así seguí hasta que me tocó el servicio militar y cuando volví mi padre estaba enfermo. Decidí dejar de trabajar en la bicicletería en la que yo me hacía mis mangos y me puse a laburar en la finca que tenía mi padre en El Mogote, él ya no podía”.

Tras fallecer su padre, terminó vendiendo la finca y la vida lo llevó a dejarla provincia para trabajar en la Feria de Guaymallén en Mendoza. Estuvo más de 20 años allá y terminó volviendo a San Juan para poner su propia bicicletería: “Mi pasión toda la vida fue la bicicleta, a mi encanta arreglar una bicicleta. Lo hago con amor como quien dice”.

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Al poco tiempo se armó una bicicleta de carrera y se hizo de un grupo de amigos para salir a pedalear. Pero a sus jóvenes 72 años le volvió a picar el bichito de la competición: “Mi hijo, después de haber competido un tiempo en Bicicross, empezó a correr en Mountain Bike y yo me le sumé”.

Mi pasión toda la vida fue la bicicleta, a mi encanta arreglar una bicicleta. Lo hago con amor como quien dice Mi pasión toda la vida fue la bicicleta, a mi encanta arreglar una bicicleta. Lo hago con amor como quien dice

“Faltaba una semana para que se corriera el Desafío a las caleras, en La Laja, y yo ya había terminado de armar mi bicicleta. Le llamé a mi hijo el lunes de esa semana y le dije de quedar para al día siguiente ir a probar el circuito. Nos fuimos el martes a la siesta con mi esposa, su familia y el mate todos para allá. Le dije que él fuera adelante porque conocía el circuito y cuando lo terminamos le pregunté qué tal me había visto y me dijo ‘Que te tiró de las patas, no te he podido dejar. Yo miraba para atrás para ver si te había perdido, pero no había caso’. Era un circuito de unos treinta y picos de kilómetros en zona montañosa”, añadió entre risas don Antonio.

Cuando le tocó el momento de inscribirse para la prueba, el responsable de tal tarea en la organización no le creía que con 72 años iba a participar: “Todos se hacían fotos conmigo antes de empezar la carrera. Largamos unos 80 en la categoría promocional y yo terminé entre los 30 más o menos”. Obviamente, tras la prueba continuaron más fotos y unas cuantas entrevistas periodísticas.

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En octubre del 2011, el Tour de France organizó un desafío deportivo-turístico uniendo Mendoza con San Juan y claro que don Segura dijo presente. “Me acuerdo que terminé segundo en la general de mi categoría y me dio el gusto de rodar con Alberto Contador, quien por entonces era el campeón del Tour de Francia”, agregó Antonio Segura, quien también supo estar a la par de Peter Sagan en el Gran Fondo de la Vuelta a San Juan y completó, entre otras, carreras en el Valle de la Luna y cuatro Desafíos a Nikizanga. En la edición 2023 de esta prueba decidió bajarse la competición a los 85 pirulos.

“Es que ya los años se van notando. Cada vez cuesta más y no estoy para sufrir nuevas caídas. Ya tengo algunas quebraduras en el hombro, la clavícula, la costillas y espalda. Gracias a Dios de los brazos y las piernas siempre quedé bien y puedo seguir andando en bici”, concluyó el simpático bicicletero de este rincón de 'El Medanito'.

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