José Luis Gioja es hincha de Racing. Comprende entonces sin que nadie se lo explique lo que es hacer la gran Armani, el arquero de River que le atajó un penal a un jugador de la Academia que era virtualmente un campeonato: beneficiar a su rival, en este caso a Boca, que se quedó con el título hace apenas dos meses. Aunque el clima mundialista lo relegue a medio siglo atrás.
Es esa una parte de las sensaciones posibles que deberá sopesar en estos días, antes de definirse si irá o no como candidato a gobernador en las próximas elecciones. Si lo hace, del otro lado, el de la zanahoria, le aguarda un potencial beneficio: si una eventual definición sobre la otra punta de la interna –la de Sergio Uñac- lo termina dejando con el camino que consideran despejado para intentar la épica del retorno. Un fallo judicial, por ejemplo, literalmente una ayudita del VAR.
A partir de allí se abren dos mil análisis diferentes sobre estrategias y opciones. También habrá otros dos mil operativos apoyados en presuntas versiones, dedicados más que nada a sondear el terreno y en las que resulta poco conveniente ingresar. Sí, en cambio, sacar conclusiones de lo que objetivamente puede verse en el campo de juego.
Lo primero es la evaluación de la relevancia política de estos días. Sin confirmación de nada, un clima electoral que se viene recalentando al calor de su inminencia: nadie lo dice, pero es un hecho que las elecciones ocurrirán entre abril y mayo. Que se anunciarán sobre el fin del mundial (es decir ahora) y enero, y que disparará una verdadera carrera de velocidad: 100 metros en los que resultaría conveniente estar preparado.
Del lado del oficialismo aparecen dos nombres excluyentes, probablemente haya más: Sergio Uñac por su reelección y José Luis Gioja por el retorno. Literatura surtida es la que aparece sobre lo que hará el ex mandatario, conocido como es que el actual buscará renovar su condición. Y el concurso o no de Gioja abre no sólo un capítulo sobre lo que es lógico, si propio destino, sino también el del oficialismo en general.
¿Por qué la irrupción de Gioja como postulante puede significar un beneficio para su más enconado rival? Porque por incidencia de la flamante ley electoral (ex lemas), los votos de los postulantes dentro de cada agrupación se suman en favor de quien haya obtenido la mayor cantidad. Y en el caso en que Gioja no consiga superar en votos a Uñac, como cómodamente puede ocurrir, sus voluntades engordarán a las de enfrente.
Por eso, su intento de redención puede derivar en una decisiva contribución al triunfo de su rival interno, si es que obtiene un generoso caudal de votos como se espera pero no le alcance para el triunfo. Ocurriría si consigue entre un 10 o un 15% del electorado (por supuesto, porcentaje libreado sólo a la especulación porque nadie puede sostener con seriedad hoy piso y techo de nadie) y pierde con Uñac, pero alcanza para que el Frente de Todos (o como se llame) supere en votos la suma de los postulantes de Juntos por el Cambio (o como se llame).
En cambio, del 15% para arriba le alcanza para soñar con ganar la interna. Pero si la opción del giojismo (con perdón del neologismo, que suele no gustar pero no hay otra forma de definirlo de manera sintética) no es el propio José Luis, no solo decaen las chances de triunfo en la interna sino también las de todo el frente.
De la otra punta aparece el anzuelo de entrar en la pelea en primera persona. No dejará de ser terreno de especulación en su campamento que si se presenta José Luis y luego no es candidato Uñac (ayudita del Var mediante), engordan las chances al enfrentar a un uñaquista que no sea Sergio o a un intendente impulsado por el gobernador. Pero para poder tomar la apuesta, antes deberá anotarse y esperar. Pagar para ver.
A esa estrategia es la que apela el giojismo, incluso en público. Se escuchó en los últimos días a Juan Carlos Gioja arrancar con el acelerador a fondo al sostener que como Sergio no puede ser candidato, el oficialismo debe encolumnarse con José Luis. Así, sin cortapisas lo dijo: “en la imposibilidad legal de que el gobernador sea reelecto, se hace necesario crear las condiciones políticas para que José Luis sea candidato”, posteó.
Es decir, todo al VAR. Habrá que ver luego con qué ímpetu y hasta qué punto sostiene el criterio: si se mantiene el giojismo de espectador ante una eventual presentación judicial (la primera ya ocurrió el este viernes con Dignidad Ciudadana), o se convierte en actor como lo hizo con las presentaciones contra la anulación del sistema de Paso en San Juan.
Se verá ahora que concluye el mundial y comienzan los tiempos políticos frontales. En un proceso que será de vértigo por los plazos cortos y veloces, el ex gobernador deberá usar su glándula predilecta: la del timming. La misma que le dio larga supervivencia en medio de las mutaciones nacionales del peronismo, del duhaldismo al kirchnerismo, de ahí al cristinismo. Siempre seleccionando el momento oportuno, con naturalidad.
Ahora, la vara está más alta. Ir midiendo el discurso en el tire y afloje, detectar con anticipación lo que pueda ocurrir. Ir calibrando distancias, cerca o lejos de los referentes nacionales sin escapar el guadañazo. De eso ha hecho un sacerdocio José Luis Gioja en su carrera política, ahora empezó por ir a fondo con Cristina.
Toda una aventura, de resultados imprevisibles: así como CFK soporta sobre sus espaldas el pesadísimo lastre de una imagen pública muy castigada, sentencia judicial en contra incluida, también es la única dirigente del pan peronismo con capacidad de motivación y tracción electoral. Sí, las dos cosas juntas y a la vez. Por lo tanto, una moneda al aire para cualquiera que sostenga su estandarte, más aún después de su ¿retirada?
Encima, no va ensillado en el caballo del comisario, debe remontar desde atrás. En un campo de juego que no elige, con plazos que sospecha pero no conoce. Con un panorama desalentador en los departamentos por diseño del sistema electoral. Si su sector lleva candidato a gobernador –como se asegura- sus postulantes a intendente largan sin poder sumar con los del uñaquismo, cuyos porotos sí se cuentan todos juntos. Y debe armar listas en 10 departamentos para validar al postulante a gobernador.
Por eso, el principal combustible de la épica del retorno es la esperanza de un VAR salvador que le dé una vuelta de campana a la situación, al costo de incurrir en la Gran Armani. Y como en toda tirantez política como la actual, siempre hay una negociación pendiente, en este caso para el giojismo está el turno de legisladores nacionales en el que José Luis renueva banca de diputados. Levantará la mano para el Senado y para eso habrá que ver después cómo queda cada uno luego del turno de abril-mayo para gobernador.
Con todo ese tablero enfrente, José Luis deberá definirse más temprano que tarde. Si le pone el cuerpo en persona o deja espacio para que pase alguno de los suyos, como su sobrino Leonardo. Que, lógicamente, de ninguna manera será lo mismo.