Por robar caballos en quintas de Pilar, lo
condenaron a nueve años de prisión. Algunos de ellos eran de pura sangre de
carrera o de polo, que luego eran faenados para la venta en un predio de José
C. Paz que funcionaba como un frigorífico clandestino, donde se hacían chorizos
y salamines con los restos.
Se trata de Angel Tigua, de 35 años, chaqueño y
conocido como "El Gaucho”, quien fue condenado por "abigeato agravado
reiterado” y además fue declarado "reincidente” porque tenía una condena previa
de 2010 por el mismo delito en el departamento judicial de Mercedes.
El fallo fue dictado por el juez Alberto Ortolani,
del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1. El fiscal de Pilar Carlos Washington
Palacios, quien no sólo llevó adelante la acusación en el debate, sino que
también había hecho la instrucción, pidió en su alegato una pena de 10 años
para Tigua, mientras que la defensa había solicitado la absolución.
Los hechos por los que fue juzgado y condenado
ocurrieron entre la noche del 10 y la madrugada del 11 de febrero de 2014 en
dos campos vecinos a las canchas de la Asociación Argentina de Polo en Pilar,
uno ubicado sobre la calle 203 y 64, y el otro en 199 y 64.
Del primer establecimiento rural se llevaron cinco
caballos, entre ellos una yegua valuada en 3.000 dólares y dos potrillos pura
sangre, cuyos embriones le costaron al productor damnificado unos 2.500 dólares
cada uno. En el otro campo, cortaron un alambrado y robaron una yegua zaina
criolla, que pudo ser recuperada por el damnificado cuando la vio en la calle
en un carro botellero, en poder de un hombre que se la había comprado a cambio
de 1.500 pesos y cuatro lechones a Tigua, quien fue el principal sospechoso
desde el inicio de la investigación.
Uno de los damnificados declaró que en la época en
la que él sufrió el robo de su yegua y hasta que Tigua fue detenido "robaron 80
caballos en todas las quintas” y que "desde que está preso no robaron más
caballos”.
Las pruebas principales que incriminaron a Tigua
fueron los elementos encontrados en el allanamiento que la policía hizo en el
predio donde el condenado vivía y era empleado, una obra en construcción parada
de viviendas sociales de José C. Paz, donde "los faenaban” a los caballos.
Un testigo dijo que el lugar "parecía una
carnicería” y que había hasta una "pata de caballo”.