Para abrir la Copa América,
Estados Unidos eligió explotar el costado que tanto le agrada: el show. En los
días previos, el Comité Organizador se ocupó de esparcir los detalles del
estadio que alojará hoy la fiesta y el partido inaugurales: que se estrenó hace
apenas dos años a un costo de 1.200 millones de dólares; que desde las tribunas
los hinchas pueden emplear una aplicación en su teléfono para mirar
repeticiones de jugadas, ordenar comida y hasta determinar cuál es el baño que
tiene la cola de espera más corta; que funciona con energía solar; que desde
los 9500 asientos Premium se puede ver hacia el campo de juego, claro, pero
también girar y admirar el valle y las montañas que rodean esta muestra de
modernidad a cielo abierto.
Esa enumeración de las características del Levi's Stadium es
tan impactante como el contexto que rodea a este experimento organizado por la
Conmebol y la Concacaf llamado Copa América Centenario: las dos asociaciones,
devastadas por el FIFAgate, toman a este torneo como un salvavidas que las
ayude a salir de la ciénaga en que se han metido. La paradoja es que harán el
intento justo aquí, en el país que lideró la investigación que las descabezó hace
poco más de un año en la ya célebre redada del FBI en Zurich.
Para disimular tantas miserias, o para que el público las
olvide un rato, siempre estará la pelota. Por eso es que el campeonato se
mantuvo en pie a pesar del vendaval que arrasó con la clase dirigente
continental. Y la pelota empezará a rodar en esta ciudad con el partido entre
la selección local y Colombia, ante la mirada de 68.500 personas que
completarán las tribunas. El carácter igualador del fútbol no permite anticipar
un favorito muy despegado del resto a ganar el torneo. Pero resulta lógico
ubicar a la Argentina como líder entre los candidatos.
Las lesiones que contaminaron la preparación del equipo de
Gerardo Martino no alcanzan a quitarle ese lugar. Es verdad que Lionel Messi ni
siquiera está aquí todavía, que Lucas Biglia -indispensable para el entrenador-
tal vez ni siquiera participe del torneo y que Javier Pastore y Ezequiel
Lavezzi estarán a punto cuando ya hayan corrido varios días desde el arranque
de la Copa. Todas esas adversidades se agregan a la incertidumbre que existe
respecto de cómo asimila el grupo el peso de los 23 años sin títulos que lleva
la selección, con dos finales consecutivas recientemente perdidas, y el
innegable rebote interno que provoca la crisis cíclica que envuelve a la AFA,
que ni siquiera pudo enviar aquí a un equipo de sparrings juveniles que ayude
en los entrenamientos; pero todo eso también pueden funcionar como un
revulsivo, igual que los 28 títulos que ganaron los jugadores con sus clubes en
la última temporada: por algo están acá.
En el pelotón de aspirantes que sigue a la Argentina se
anota Uruguay, campeón de la primera edición, en 1916, jugada en Buenos Aires,
y el más ganador de la historia, con 15 títulos. La selección de mejor
rendimiento en las Eliminatorias ya aprendió a jugar sin Luis Suárez, su gran
figura, que se recupera de una lesión muscular. En la lista también se inscribe
México, que esta vez contará con sus principales futbolistas y el apoyo de su
gente en los estadios -aunque se horrorice Donald Trump-. No hay que descartar
a Chile, el último campeón, a pesar de que el zamarreo interno lo obligó a
cambiar de entrenador y de presidente. Tampoco a Colombia, manejada por la mano
calma de José Pekerman. Como siempre, el juego de las sorpresas anotará a algún
equipo que venga de atrás: y ese puede ser Ecuador, que entre otros logros
recientes le ganó a la Argentina en el Monumental y a Uruguay en Quito en el
comienzo del camino a Rusia 2018. La incógnita es Brasil, que a su flojísima actualidad
le suma la ausencia de Neymar, su tótem: sabe Dunga que su estabilidad está
amenazada.
Las elucubraciones se confirmarán -o desvanecerán- a partir
de hoy con lo que ocurra en esta zona seca, calurosa y ausente de nubes. Como
si se tratara de un guion, esta competencia cae justo en un momento de máxima
ebullición en el bello oeste estadounidense: en poco más de cien kilómetros
alrededor de la inmensa bahía de San Francisco, desde Santa Clara y San José
hasta Oakland, se juntan el inicio de este torneo, las finales de la NBA con la
magia de Stephen Curry como bandera de Golden State y las de la Stanley Cup de
hockey sobre hielo, otra pasión nacional.
Todo habrá quedado muy lejos y muy atrás cuando el 26 de
junio se juegue la final de la Copa en Nueva Jersey. La fecha y el lugar
exactos donde quiere posarse la selección argentina para cambiarle el final a
las últimas películas.