A Opal y Vishal la coincidencia no los inmutó: de ningún modo
aceptaron cambiar de planes. Cuando el ómnibus que traía a la selección se
detuvo en la puerta del hotel, los flamantes esposos y sus invitados celebraban
a diez metros de distancia, en un jardín especialmente ambientado y al
calorcito de los 26 grados de un día ideal. Parecía el guion de una película:
en vez de gritos histéricos, guardias celosos y avalanchas de camarógrafos, el
plantel argentino fue involuntariamente recibido por una ceremonia hindú
repleta de colores, bebidas, comidas y banda de sonido ad hoc. Caminaba
Mascherano al lado de Kun Agüero pero a nadie le importaba demasiado: las
figuras estaban en el altar.
La escena refleja bien adónde llegó ayer, pasado el
mediodía, este equipo que intentará cortar con el estigma que representan 23
años sin títulos: a una ciudad ubicada a 70 kilómetros de la reluciente San
Francisco que se enorgullece de ser "la más segura" del país entre
las que tienen más de 500 mil habitantes -según registros del FBI-, pero que no
late fútbol. Ni un cartel que mencionara la Copa América se veía ayer en las
principales avenidas del lugar, cuando faltan solo cuatro días para el partido
inaugural entre Estados Unidos y Colombia, que se jugará en esta sede (en el
estadio de Santa Clara, la ciudad contigua).
La tranquilidad, un activo que desean planteles con tantas
figuras convocantes, está asegurada por ese lado. Y también por las condiciones
en las que vivirán los 23 jugadores (faltan Kranevitter, Augusto Fernández y
Messi, que serán los últimos en sumarse) en el hotel Hayes Mansion: nadie que
no sea de la delegación puede ingresar al tercer piso, donde están las
habitaciones, ni al subsuelo, donde se montaron el salón comedor, la sala de
juegos y el gimnasio.
En el reparto de camas no hubo grandes novedades: Messi
-cuando llegue- dormirá junto a Agüero, como suelen hacerlo en cada
concentración de la selección. Víctor Cuesta -el más nuevo y el primero en
bajar del colectivo-, estará solo, igual que Banega, por ejemplo. La mayoría de
las habitaciones son individuales, pero en el hotel hicieron lo posible para
mantener las duplas tradicionales. Cuando los nuevos ocupantes ingresaron ayer
se encontraron con imágenes de sus familiares en cada mesita de noche.
"Nosotros les escribimos a sus mujeres para armar esos portarretratos.
Todas se prenden siempre, pero Antonella es la más prolija, manda todo en tiempo
y forma", elogia una persona de la AFA a la mujer del capitán.
Para las horas vacías, Agüero pidió que en el menú de la
PlayStation no faltara el tenis, su debilidad. Los más grandes, en cambio, se
apasionan con el truco. Para cubrir incluso esos detalles es que viajaron desde
Buenos Aires 3800 kilos de equipaje. "No puedo darme el lujo de que falte
nada", razona Mario De Stéfano, el histórico utilero de la selección. Pero
algo sí faltó en los baúles: esta vez nadie pidió dulce de leche y en cambio sí
se trajeron decenas de alimentos libres de gluten. Es que la dieta balanceada
también es un intangible que viaja con el equipo, y a la que debe estar atento
Diego Iacobone, el cocinero del plantel, instalado aquí desde la semana pasada.
Con el terreno ya explorado, el plantel realizará hoy su
primer entrenamiento, a una semana del debut contra Chile. Porque este viaje
recién empieza: la obligación tácita exige terminarlo el 26 de junio, en Nueva
Jersey. El comienzo no estuvo mal: cruzarse con un casamiento tiene que ser una
buena señal.