Cuando uno se enfrenta a un
rival superior, para vencerlo tiene que dar el 100% y ser clínicos en la
ejecución. Los Jaguares cumplieron con lo primero, pero siguen estando lejos en
términos de eficacia y precisión. Ante un equipo de la talla de Hurricanes,
ello se tradujo en una derrota lógica (40-22) que, pese a la evolución mostrada
respecto al partido anterior, no deja de ser un trago amargo que se traduce en
cinco derrotas consecutivas.
En procura de salvar la falta de efectividad en los últimos
metros evidenciada en las tres últimas derrotas, los Jaguares hicieron un
cambio sustancial en su juego. Dentro de las 25 yardas del rival, apostaron al
maul como arma ofensiva. Cada vez que lo intentaron ganaron una considerable
cantidad de metros e incluso por esa vía forzaron el primer try del partido,
pero las veces que debieron liberar la pelota terminaron perdiéndola por
errores propios. La única vez que intentaron el pick-and-go (otra novedad
respecto de partidos anteriores) la acción terminó en el try de Senatore.
Otro aspecto positivo fue la ferocidad de la defensa. Cuando
el partido todavía no se había desmembrado, los tackles de los Jaguares fueron
ofensivos y propiciaron la segunda conquista (Matías Moroni, tras una
intercepción). En definitiva, dos pilares del rugby argentino (tackle y maul)
que hasta el minuto 55 mantuvieron latente la ilusión de una victoria
histórica.
Sin embargo, errores propios propiciaron, como es moneda
corriente ante equipos neocelandeses, tries del rival. En ventaja 12-7, a dos
minutos del final del primer tiempo, una pelota perdida en un ruck en campo
derivó en el primer try de Julian Savea. Tras la salida de esa anotación, el
medio-scrum TJ Perenara encontró un imperdonable hueco por el ciego y le sirvió
el segundo try al wing.
Fue muy deficiente la limpieza del ruck, lo que hizo que no
hubiera pelotas limpias y se desperdiciaran innumerables ataques.
El resultado final (seis tries a tres), termina reflejando
la diferencia entre un equipo y otro. Pese a que los Jaguares siguen teniendo
momentos de dominio en los que llevan el juego al terreno que más les conviene,
siguen desperdiciando ocasiones de try y cometen errores que el rival
transforma demasiado fácilmente en puntos en contra.
Una vez más, queda planteada la duda de si este ritmo es el
que más conviene imprimir ante rivales de esta calidad, que se sienten cómodos
en el frenesí.
El viernes, los Jaguares se enfrentarán a Crusaders, un
rival similar. Apostar por el maul evidenció que no alcanzó. Cabe plantearse si
no es tiempo de cambios más profundos.