A Tiger Woods no le está resultando sencillo el regreso a las
canchas. Ya postergó un par de veces ese paso, cuando parecía más concreto que
nunca, por ejemplo, en el Safeway Open que se disputó en Napa hace tres
semanas. Tanto, que renunció a competir a sólo 72 horas del comienzo en
California.
Los trastornos le nacen en la espalda, zona en la que fue
operado tres veces desde marzo de 2014, pero parecen subirle a la cabeza. A la
mente, en realidad. "Ése no es el problema", dijo hace poco. Hablando
de la espalda. También dejó de lado el Abierto de Turquía, del Tour Europeo,
que arranca mañana jueves. Aseguró sentirse "vulnerable" para medirse
ya con los mejores del mundo.
"Estoy entusiasmado por volver en el Hero World
Challenge [por segunda vez consecutiva en Albany, Bahamas] y por jugar un
torneo tremendo", declaró ahora, tras el anuncio. Lo cierto es que hay,
también, una situación que lo resguarda y lo contiene, en el certamen de la
reaparición: la Fundación Tiger Woods es una de las beneficiarias de la
recaudación. Tiger hace de anfitrión. Ganó cinco de las dieciocho versiones del
campeonato.
Quizá esto le permita sentirse menos vulnerable ante un
field que reúne 16 de los 25 mejores del ranking mundial, más el chaqueño
Emiliano Grillo (26), recientemente elegido Novato del Año. Tres ganadores de
Majors (Dustin Johnson, Henrik Stenson y Jimmy Walker), el podio de los Juegos
Olímpicos (Justin Rose, Henrik Stenson y Matt Kuchar) y los top ten Jordan
Spieth, Patrick Reed (héroe norteamericano en la Copa Ryder), el defensor del
título Bubba Watson y Hideki Matsuyama. "Cada año reunimos un grupo top,
con los mejores golfistas de la temporada anterior", se enorgullece Tiger.
El Hero World Challenge está reservado a una elite de 18
jugadores, elegibles a partir de su ubicación en el ranking, y tiene una bolsa
de premios de 3,5 millones de dólares, 1 millón para el ganador.
El 1 de diciembre habrán pasado 16 meses desde la última vez
que Tiger Woods jugó profesionalmente; fue en el Wyndham Championship, en
agosto de 2015, donde concluyó 10°. A punto de cumplir 41 años y ubicado 831°
en el ranking, los tiempos de gloria que parecían infinitos (fue N°1 durante
683 semanas) empezaron a languidecer como si la historia terminara con sus
conflictos por infidelidad que derivaron en su divorcio de la sueca Elin
Nordegren y en una retahíla de detalles escabrosos, en 2008.
Catorce títulos de Grand Slam, una marca que hace (¿hacía?)
tambalear el récord de Jack Nicklaus, que sumó dieciocho, y sus US$ 110.061.012
en ganancias oficiales, tienen el valor agregado del aura que siempre irradia
una estrella negra, aunque en tiempos distintos de los de Lee Elder, el primer
afro-americano en el Masters, que en los 70 era receptor del odio racial por
carta o por teléfono y era ignorado en los clubhouses.
¿Serán el dolor en el cuerpo o el dolor en el alma el que le
impone un muro a la vuelta de uno de esos prodigios que llevan un deporte a
atravesar la estratósfera para estar en boca de todos? "Practiqué muchas
horas para ganarles a estos muchachos; sería el primero en admitir que no puedo
hacerlo como antes", dijo, para ahuyentar fantasmas.
Pese a que está en una etapa en la que puede concebir la
vida sin ganar rabiosamente, Tiger sabe que para recibir aunque sea pequeñas
dosis de aquellas ovaciones deberá, al menos, acertar fairways y greens. Y la
incertidumbre de lograrlo es toda una novedad para él.