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Historia

Claudia Aballay, la maestra que "renació" de la mano de la enseñanza en el corazón de Las Chacras

Lleva más de una década dedicada de lleno al oficio de enseñar. Gracias a eso, apareció la oportunidad en el momento justo, llevándola a redescubrirse y disfrutar cada día de la vida.

Claudia Aballay es una mujer de semblante fuerte. En su mirada se puede apreciar la dedicación que tiene con los más pequeños, que no dejan de decirle “seño Claudia” cada vez que quieren enseñarle algo o simplemente cuando pasan a su lado mientras juegan. Hoy ella sonríe y agradece cada momento, pero reconoce que lo hace debido a un pasado difícil que pudo superar cuando arribó a Las Chacras.

Oriunda de Caucete, se recibió de docente en 1993, pero por distintos motivos no se dedicó de lleno a la profesión hasta muchos años después. Fue recién en 2012 que tuvo sus primeros acercamientos al tema. En una primera instancia, comenzó a trabajar con chicos que presentaban distintas discapacidades, pero sentía que ese no era su camino. La enseñanza lo era, pero había algo que no le cerraba.

Mientras recorre el sendero que lleva hasta la escuela Romulo Giuffra, en el corazón de Las Chacras, comenta cómo fue que ese pueblo tan alejado se volvió su hogar. “En el 2014 tomé un cargo en nivel inicial y comencé a venir a la escuela, pero al poco tiempo el viaje se hacía agotar y tras haberlo hablado con mi familia, decidí instalarme acá. Cada vez que llegaba me hacía bien, me olvidaba de mis problemas y de los inconvenientes que tenía, que eran varios y complejos”, aseguró.

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Claudia no tuvo un pasado sencillo de afrontar. Situaciones relacionadas con la salud mental pusieron en jaque sus días como también las decisiones que tomaba en ese momento, por eso sostiene que el pueblo ubicado a unos 30 kilómetros de la Ruta Provincial 510 camino hacia Valle Fértil, a la altura de Marayes le brindó la oportunidad de “renacer”, como lo define.

“La comunidad me recibió muy bien, y gracias a Dios me adapté rápidamente. Creo que fue como mi refugio. Refugiarme en los niños, en la escuela. Vivir acá no me ha sido difícil, porque desde que llegué a la escuela tuve buena relación con todos los vecinos del pueblo. Siempre me han respetado y cuando salgo de la escuela nunca dejo de ser la Seño Claudia”, dice entre risas.

Y reflexiona: “Creo que voy a seguir acá hasta que llegue el momento de jubilarme. Si bien es cierto que hay pocos niños, lo cual no es un tema menor, si algún día me tengo que trasladar lo haré con gusto, porque una siempre está dispuesta y abierta a aprender y a enseñar. Enseñar, enseñamos las cosas puntuales, pero una siempre puede aprender mucho de los niños”.

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En sus recuerdos viven miles de anécdotas y momentos que construyó desde que conoció Las Chacras, su gente, sus realidades y maravillas. Hoy los senderos y caminos del pueblo la reciben como una lugareña más que supo hacerse su lugar y aportar a la comunidad en algo que es fundamental, como es la educación de los más pequeños.

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