Las Chacras es uno de los pueblos con sangre Huarpe que se encuentra en Caucete. Si se busca la ubicación por internet no hay ningún camino que indique como llegar hasta la zona. Pese a ello, alrededor de 30 kilómetros campo adentro son suficientes para encontrar el vistoso y pequeño pueblo donde día tras día sus habitantes luchan para sostener el estilo de vida y no desaparecer.
Para llegar hasta el pueblo se debe tomar la Ruta Provincial 510 camino hacia Valle Fértil. Al llegar a Marayes hay una huella de tierra a mano izquierda en cuya entrada se encuentra un cartel que reza “Las Chacras”. Perderse es imposible, ya que el camino lleva directo a la entrada del pueblo, decorando cada tramo con diversos y vistosos paisajes.
Gracias al mantenimiento que tiene el camino cualquier tipo de vehículo puede transitar por la zona, pero siempre a baja velocidad, por lo que se calcula alrededor de una hora de viaje entre la ruta y el ingreso de la comunidad.
Entre los habitantes de Las Chacras se encuentran familias completas, niños, adultos y ancianos que comparten el compromiso de cuidar su lugar y la dedicación de sostener la comunidad con vida. Adela Andrada, Sara Elizondo y Mariana Andrada forman parte del grupo que más años lleva en el pueblo, incluso son nacidas y criadas en la zona. En ellas, en su voz, se percibe el sentido de pertenencia que tienen, entendiendo las dificultades que representa vivir alejados de la civilización, de las ciudades, e incluso de servicios esenciales como hospitales. Pese a ello, no cambian su hogar por nada.
Embed - Como es vivir en Las Chacras, el pueblo Huarpe de Caucete
“La verdad es que somos nacidas y criadas acá. Nuestros padres, abuelos y bisabuelos vivían acá. Es difícil vivir en un lugar así por la distancia. Pasamos muchas cosas de apuro, se ha muerto gente por no poder llegar a un hospital, no tenemos los medios por la distancia”, precisa Adela.
Y acota Sara: “Igual nunca pensamos en irnos. Nos quedamos acá. Mucha juventud se ha ido, gente se ha ido y ha dejado abandonado el hogar por trabajo, pero nosotros nos seguimos quedando y luchamos por nuestras raíces. Porque hemos nacido acá y queremos morir acá”.
De acuerdo al número que entre ellos calculan, son entre 80 a 90 habitantes, la mayoría familiares entre sí. Muchos se fueron, abandonando sus hogares con la esperanza de encontrar un futuro mejor, pero también otros llegaron por destino y se enamoraron de la tranquilidad que ofrece el valle, instalándose de manera definitiva.
Las montañas decoran cada rincón, incluso los caminos que llevan a la escuela o a la parroquia están rodeados de las formaciones rocosas. “Si bajas por el sendero al lado de la cancha donde juegan los chicos, llegas al río donde hay unas cascadas. Eso en la ciudad no lo tenes”, bromea una de las vecinas.
La tranquilidad y armonía que se respira en el aire puro de Las Chacras no siempre fue el mismo. Aún sigue vivo en la memoria de los residentes el momento en el que tuvieron que luchar y ponerse firme para evitar perder a sus hogares. “Hemos tenido momentos difíciles porque había gente que quería entrar acá y sacarnos diciendo que eran los dueños. Fueron momentos difíciles, de mucha lucha para llegar a donde estamos, pero eso nos llevó a estar más arraigados que antes”, comentan.
En un lugar como Las Chacras el frío es más crudo, la ayuda prácticamente no llega y las comunicaciones hasta hace algunos años atrás eran imposibles. No hay señal telefónica ni grandes centros comerciales. No llega la RedTulum ni las tendencias de las redes sociales.
En un lugar como Las Chacras los niños pueden jugar en la calle sin temor y la inocencia de los pequeños se mantiene intacta, como también el ingenio y la creatividad. Los más jóvenes escuchan a los mayores y reina el respeto. Existe la ayuda mutua, la cooperación y el trabajo en equipo para sacar el pueblo adelante. Hay una comunidad constituida que decide su futuro en asambleas, de manera conjunta, como una gran familia que pone todo de sí para sostenerse, sin olvidar sus raíces Huarpes y respetando a sus antepasados que fueron los primeros en conquistar el valle y hacer del espacio, un hogar.