Documentos históricos, archivos legendarios y papeles añejos pueden dar crédito a algunas historias que sucedieron en el San Juan del pasado. Pero hay otros relatos que solo se conocieron porque fueron compartidos durante largas generaciones. Una de ellas es la del Cacique Angaco, quien tenía bajo su cargo las tierras que hoy ocupan San Martín, Albardón y el departamento que lleva el mismo nombre.
De acuerdo a algunos relatos y escritos, Angaco era un cacique huarpe que cuidaba la amplitud de tierras mencionadas mucho antes de la llegada de los españoles a lo que hoy conocemos como San Juan. Cuando Juan Jufré llegó con su gente, tuvo un trato pacífico con los conquistadores, quienes lo bautizaron bajo las creencias del cristianismo, dándole el nombre de “Juan Huarpe de Angaco”. Incluso algunos historiadores señalan que Felipe II, rey de España, lo calificó como “indio noble” por su colaboración con los conquistadores.
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Angaco, y su hija, fueron los protagonistas de lo que por muchos años se conoció como el “casamiento más polémico de la región”. La joven hija del Huarpe contrajo matrimonio con Eugenio de Mallea, quien acompañaba a Juan Jufré en su expedición.
Conforme a los usos y costumbres europeas, fue el primer matrimonio celebrado en estas tierras. La hija de Angaco también fue bautizada al cristianismo con el nombre de Teresa de Ascencio, nombre elegido por haberse bautizado el día de la Ascensión. Esta unión matrimonial generó una fuerte polémica en la zona, ya que se le daba a una aborigen mayor rango, poniéndola a la par del resto de las mujeres de la alta clase del reino de España, porque se había casado con un Capitán. Algunos aborígenes tampoco vieron esta unión con buenos ojos, ya que sintieron la traición de parte de Angaco y toda su familia, al unirse con los españoles dejando atrás su cultura y raíces.
Pero el matrimonio tenía otro motivo detrás, desde la mirada de los españoles: las grandes extensiones de tierra que estaban bajo el dominio de Angaco. Cabe recordar que toda la extensión que hoy conocemos como Albardón, San Martín y Angaco, estaban bajo el control del cacique. Con el casamiento de Teresa y Eugenio, se aseguraban los españoles el dominio de las tierras, ya que los cónyuges las recibieron como herencia.
Hay otros historiadores y trabajadores de la construcción del pasado sanjuanino destacan que Teresa nunca existió, al igual que el casamiento con Eugenio de Mallea. "D' Teresa de Asencio, esposa del Capitán Juan Eugenio de Mallea: Elementos de juicio para establecer su filiación", editado en la Publicación Anual Nº 7 del Centro de Genealogía y Heráldica de San Juan, 2013, de Guillermo Collado, señala que la merced real a De Mallea fue por los servicios prestados a la corona, y no por casarse con la hija de un cacique, de quien no hay registro de su existencia.
Sea cierta o no la historia del casamiento, como la existencia de Angaco y su hija, las historias son las que hacen a los lugares místicos, fuera de lo común y propios. Los lugareños del departamento adoptarán cada versión, que será heredada a sus hijos y luego a sus nietos, con el objetivo de no olvidar porque el lugar en el que viven lleva el nombre de un cacique huarpe.