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Emoción y lágrimas, en el evento del año en Las Flores

¿Te acordás de la casa de los sueños? Estuvimos en su inauguración, donde no faltó la cerveza artesanal, música en vivo, comida vegetariana y la mejor onda. Por Viviana Pastor

Por Redacción Tiempo de San Juan

Fue el evento del año en Las Flores: la Casa de los sueños, que la familia Iacopino construyó con sus propias manos, tuvo una fiesta de inauguración a lo grande, con banda en vivo, cerveza artesanal, comida vegetariana en abundancia y unos 100 amigos que llegaron de todos lados.

Pero lo que más abundaron fueron las lágrimas de emoción de todos los miembros de la familia. Es que la casa significa para ellos un logro más que importante. Los Iacopino habían dejado una vida de lujos en Chicago, Estados Unidos, para venirse a vivir a San Juan y cambiar rotundamente el estilo de vida que llevaban. La concreción de la casa es todo un símbolo. Por eso Antonio Iacopino no pudo contener las lágrimas cuando frente al micrófono agradecía a sus hijos el amor y el esfuerzo puesto en ese proyecto familiar.

En febrero pasado, Tiempo de San Juan contó la historia de esta familia, formada por Antonio, nacido en Pilar, provincia de Buenos Aires, que se casó con Lila, nacida y criada en EEUU, y sus tres hijos, también nacidos en el país del norte. Por su filosofía (los Iacopino no tienen ni televisor) y cumpliendo el mandato de sus principios, decidieron dejar esa vida y venir a vivir a San Juan, pero no a la ciudad, a un pueblo, Las Flores, en Iglesia. Pero como suele pasar, el inicio fue muy duro.

Los amigos de los Iacopino llegaron de varias provincias para festejar, algunos con algún regalo para la casa, casi todos con algo para beber, como buenos vinos artesanales de Iglesia. Sin mucho protocolo comenzó a circular la comida, todo vegetariano como la dieta de los dueños de casa. Había empanadas de verdura, croquetas de acelga, pizzetas, estofado caliente de arvejas para combatir los -10° de la noche iglesiana.  Todo realizado por la hija mayor de los Iacopino, Jiva, con la ayuda de la menor, Ananda y de Lila, la mamá. Bali, el benjamín de la familia, también ayudó con la limpieza. Esa noche desbordaron alegría.

La banda Mulita le puso ritmo a la noche y al segundo tema ya estaban todos bailando en el comedor de la casa que se levantó con el principio de bioconstrucción, adobe con técnicas sismoresistentes. La banda terminó y siguió la cumbia, ritmo en el que Lila mostro grandes dotes y fue la revelación de la noche. Cuando el DJ decidió dar por terminada su sesión, Antonio seguía con ganas de festejar así que sacó un parlantito y enchufó un celular. Pero a las 4 de la madrugada tuvo que asumir que estaba cansado.

Los pocos que quedaban en la casa buscaron una bolsacama y un rincón para dormir. Los Iacopino tuvieron esa noche su mejor sueño.

 

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