A las 6:23 de la mañana de ese 23 de noviembre de 1977 San
Juan sufrió su segundo movimiento sísmico más destructivo de su historia. Sólo
fue superado por el terremoto del 44, que provocó una gran cantidad de víctimas
fatales, pero en intensidad fue incluso mayor al del 15 de enero.
Este año se cumplen 38 años de ese evento natural que causó
65 víctimas fatales, aunque autoridades locales estiman actualmente que hubo
unas 125 víctimas, destruyó casas y edificios en toda la región, con énfasis en
la ciudad de Caucete. Los mayores daños se produjeron en las construcciones de
adobe. Al igual que en los sismos anteriores, se produjeron fenómenos de
licuefacción de suelo, al este del valle del Tulum y valle del río Bermejo. Se
originaron cráteres y volcanes de arena, derrames laterales y violentas salidas
de agua con hasta tres metros de altura. La red vial fue enormemente afectada,
al igual que la red de riego y drenaje y la infraestructura ferroviaria.