Daniel Scioli, el ex embajador de Brasil y flamante ministro de Desarrollo Productivo de Argentina, está en su salsa.
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SUSCRIBITEDaniel Scioli, el ex embajador de Brasil y flamante ministro de Desarrollo Productivo de Argentina, está en su salsa.
El funcionario parece haber encontrado la forma, en medio de una escalada imparable del dólar, y momentos antes de que el BCRA cierre el gripo de divisas a los industriales que deben importar bienes de capital, de distenderse un poco haciendo una de las cosas que más le gustan, jugar al fútbol en su club privado.
Con esto, más la tapa de la Revista Caras al lado de su novia, que impregna el aire con una brisa noventosa abrumadora, el ex gobernador de Buenos Aires parece convencido de aportar al sueño de Alberto Fernández: ser el candidato de la síntesis si al actual Presidente no le dan los números para su reelección, un hecho que hoy parece irremediable.
“Estoy contento de haber renunciado a un gran club de Brasil para volver a La Ñata (su club de fútbol 5)”, bromeó.
“En el entretiempo tuve que dar una charla, motivadora, amenazadora, porque estoy acá, hago el esfuerzo… Tévez se retiró, Agüero se retiró… el “Pichichi” (como se autopercibe) no se retiró. Estamos jugando, tenemos que ganar”, insistió.
Sobre los dos goles “imposibles” que erró, lo atribuyó al “nerviosismo” y a la “hinchada”.
Bromas aparte, si Scioli va a encarar la tarea del ministerio con esta efectividad, preparen la bandera de “Perdón Kulfas”.
