Por Jorge Balmaceda Bucci
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Atrás de cada una de sus narices de payaso y las coloridas pinturas que iluminaron con sonrisas las caras de los más chiquitos se esconden historias que emocionan. Vidas fraguadas en los distintos vaivenes que nos rodean, pero unidas todas por el sincero sentimiento de gratitud, ese que naturalmente invita a cerrar el círculo de la plenitud brindado el cariño y la contención que algún día recibieron. En otras palabras, devolviendo al prójimo esa chispa motora que en páginas pasadas les ayudó a sortear contratiempos, a lograr objetivos.
El anticipado festejo del Día del Niño del viernes 10 de agosto en el patio interior del Hospital Rawson puso en relieve tres caminos que confluyeron en ese convite de alegría -entre globos, regalos y mucho baile-, y que arribaron de distintos orígenes:
Los payasos del refugio

'Tapita' y Eduardo, junto a otras payasas, en la celebración en el Hospital Rawson
No sería errado asegurar que ‘Tapita’, José Luis, Eliseo y Eduardo fueron en esa celebración los payasos más felices del mundo. Ni tampoco se prestaría para pifia decir que se divirtieron como un puñado de niños más. A ellos los unió la calle en el pasado y hoy, bajo el enorme corazón de Vivi Fornés, son los agradecidos inquilinos del refugio del Proyecto Águila. A su puerta golpearon para invitarlos a sumarse en esta elogiable iniciativa organizada por la cooperadora del hospital y antes de contestar afirmativamente ya estaban disfrazados. Ya estaban llenando sus pechos de alegría.
Con solo verlos bailar e interactuar con los chicos cualquiera pudo constatar el inolvidable momento que estaban viviendo. Si hasta les faltó tiempo para reír y bailar con cuanto peque o adulto se encontraba en la celebración. Fue también su festejo del ‘Día del Niño’-vaya uno a saber si alguna vez en sus infancias pudieron disfrutar de alguno antes de que la calle y el abandono los atrapara-.
Pero en ese instante y en ese lugar, en ellos reinó la felicidad en su máxima expresión:
El Doc más carismático

El cardiólogo Carlos Soria volvió a repetir con su disfraz y su alegría
El doctor Carlos Soria trabajó 15 años en el Hospital Marcial Quiroga y 25 en el Rawson. En ambos en el área de Cardiología. Hace 8 meses que se jubiló, pero eso no impidió que volviera a repetir con su disfraz de payaso para alegrar a lo más chiquitos que pasan días, semanas y hasta meses internados en la que pasa a ser su casa.
Él mantiene muy frescos los recuerdos de su niñez repartida entre la zona de la Luz del Mundo (Santa Lucía), la Villa América y la Esquina Colorada –“muy marcada por pasar todo el día jugando a las balitas, el trompo y el volantín”-. Y por eso no duda en ofrecerse para que los chiquitos que están internados disfruten de su día.
Además, después de tantos años de poner sus conocimientos al servicio de miles de pacientes, el Doc siente que haciendo reír con su disfraz de payaso devuelve algo de las atenciones que la gente ha tenido con él.
Es tan amplia su sonrisa que convierte en diminutos los anteojos estrellados que porta.
Tina, la gran impulsora

Todo comenzó 4 años atrás con un disfraz de payaso improvisado y ahora ya son 8 los que pone a disposición de todo aquel que quiera repartir alegría entre los chicos internados en el Hospital Rawson.
Se llama Cristina Alcocer y gracias a los servicios del Hospital Rawson ella adelgazó ¡60 kilos! y su marido superó un cáncer. Tras semejantes atenciones le nació aportar su granito de arena haciendo más llevadera la estadía de los más chiquitos.
Su felicidad se eleva a la enésima potencia cuando ve la alegría que provoca en los chicos. "Ver sus caritas es lo más lindo que a uno le puede pasar. Compartir una fotito o un goblo para ellos, que en algunos casos llevan más de dos meses internados, es una felicidad enorme", comentó Tina, quien confesó que sus cuatro hijos y su marido le ayudan constantemente a poder realizar estos increíbles gestos.
Ella forma parte de la cooperadora del Hospital Rawson, que permanentemente vela para que la infancia de los pacientes del sector de niño sea lo más agradable posible. Y dejó la puerta abierta para cualquier donación que les permita ampliar aún más su simpático y solidario grupo de payasos.
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