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HISTORIAS

El carrito de los sueños

Lleva una pila de libros que los voluntarios de la Casa Sanhi leen todas las mañanas a los niños que esperan al médico en el Hospital Rawson. Una historia de amor infinito. Por Daniela Pinardi- Canal 5 Telesol.

Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Daniela Pinardi
Canal 5 Telesol
  
Todos los jueves, el trabajo de Florencia y Vanina empieza bien temprano, y nunca se presenta demasiado sencillo: hacer soñar a los niños que van a hospital, zambullirlos en el medio de un libro de cuentos para hacerles entretenida la espera del médico. Mezclarles magia con cariño, sacarlos del ruido y el clima de un hospital a través de una historia.
Contarles, por ejemplo, la Bella Durmiente o Alicia en el País de las Maravillas. 

"Bella duerme….  Sueña que su príncipe llegará a buscarla para darle el beso del verdadero amor,   que  habrá, triunfado sobre Malefica… el bien, sobre el mal... Sin embargo  algo la confundirá,  tal vez el malestar del huso que perforó su dedo, que lastimó su mano… Algo la pone incómoda… una voz dulce y firme a la vez, que nombra a Felipe, ¿su Felipe?... Sigue durmiendo, el sueño le gana a la confusión... Aun no amanece y siente frío, una mano  acariciará suavemente  las suyas y la arropará...”.

Algo habrá cambiado al final del día. Los niños habrán volado con su imaginación mientras aguardan el trance terrenal más difícil de un tratamiento médico, y las dos voluntarias de la Casa Sanhi –como otras ocho que se reparten los restantes días de la semana- podrán volver a casa con el corazón inflado.

Así, semana tras semana. En una rutina que comienza de manera precisa: cargar el carrito con libros, lápices de colores y hojas en blanco que se llenarán de historias, una mesa y diminutas sillas. El transporte que utilizan no es otro que un carro de supermercado que apenas contiene los elementos de trabajo y que resistirán a duras penas y en equilibrio precario,  las grietas de la calle sin dejarse caer.

Estas soñadoras de los jueves llegan temprano al hospital después de trasladarse dos cuadras desde la Casa Sanhi con todos sus elementos. Allí reciben a sus futuros soñadores: los niños que padecen alguna enfermedad y necesitan ir al hospital todos los días desde sus casas, esa espantosa rutina tan difícil de hacer más liviana para cualquiera.

Esa mañana de la visita de Tiempo se presentó fresca pero agradable. El despliegue de libros de  historias  y cuentos  para pintar, hojas y crayones fue armando el escenario. Bien temprano, apenas amaneció, el lugar se fue poblado de niños, los  receptores de la misión, que no es otra que la de transmitirles un poco de alegría a quienes tendrán tal vez, largas horas de espera después de haber madrugado.

De a poco se fueron acercando, tímidos pero atraídos por un panorama que se presenta atractivo, diferente. Un espacio que los invitó a viajar más allá de los límites de la realidad. Y, sentados a la mesa, escucharon cuentos que los transportaron a países lejanos en  tiempos distintos y distantes, que los hacen olvidar sus afecciones, esas que los obligan a madrugar para llegar con mamá a pedir un turno y esperar a ser atendidos.  Cuentos de princesas y coronas. Y de magia invitando a soñar.

Zaira (4) llegó con su mama a las 6:30 de la mañana  para atenderse con la fonoaudióloga, que la recibió a las 8:30. La niña, después de dormir un rato en los asientos del hospital, se acercó a la mesa y eligió una imagen para colorear. Pero tuvo que dejar su obra a la mitad para realizar la repetitiva  pronunciación con la profesional. Después de la aburrida rutina semanal, volvió a la mesa. Bella, no podía quedar con su vestido a medio pintar: "Es difícil sacarla ahora” dijo su mamá, que pacientemente y con placer la observaba y esperó hasta que terminara. El celeste prolijamente pintado y el amarillo del cabello de la princesa hicieron una combinación perfecta para que la pequeña regresara satisfecha a casa, con la felicidad del deber cumplido.

Felipe (4) va y viene a la mesa. Le gustan los autos. "No puede golpearse en la cabeza, dice mi mamá”, advierte Bárbara (9), su hermana, mientras pinta la careta de una vaca. Ambos vienen de Rawson, la  mayor deja ver el guardapolvo, preparada para volver directamente a la escuela, casi con la convicción de que la estadía en el hospital será larga.

El proyecto se llama "Cuenta conmigo un cuento”. Ha sido diseñado por voluntarios de Casa Sanhi con el fin de entretener  y hacer más llevadera la espera  de los chiquitos que llegan a la atención ambulatoria en el Hospital de Niños. Inicialmente se inscribieron 40, pero son solo 10 los que quedaron en el grupo. "La idea es que sea solo una vez a la semana durante dos horas, para  que la gente realmente pueda cumplir, porque sabemos que el trabajo y las responsabilidades, muchas veces hacen difícil la presencia si es más tiempo”, dice Victoria Juárez, coordinadora de voluntariado.

Florencia y Vanina son estudiantes de psicología y les gustan los niños. Son las voluntarias de los jueves y ni bien conocieron la iniciativa decidieron sumarse. Muy temprano en la mañana llegan en colectivo hasta la Casa para empezar las actividades. Saben que son necesarias.  "Después de armar todo, los chicos empiezan a acercarse o a veces los llamamos nosotras porque vemos que son tímidos. Y entonces les preguntamos qué les gusta hacer, si quieren leer o dibujar. La idea es entretenerlos, que pasen un ratito agradable, porque en ocasiones vienen a sacarse sangre o a hacerse prácticas que no les gustan, y con nosotros se relajan, disfrutan” explica. "Me encanta estar en contacto con niños y escuchar lo que tienen para contarnos, su familia,  sus juegos, si van a la escuela”.

Vanina se acercó a la Casa sin saber del proyecto, solo para ayudar en lo que pudiera. "Esta semana, por ser una fecha cercana al día del animal, recortamos caretas, que los chicos pintan a su gusto, algunas las dejan y otras se las llevan  a casa. Generalmente cuando nos vamos dejamos algunos dibujos en el árbol” explica señalando el eucaliptus de la entrada del hospital, del que cuelgan cintas y restos de papeles de colores, vestigios de historias dibujadas por los niños que pasaron por la mesa. "Realizar esta tarea implica mucho compromiso y voluntad, porque sabemos que los chicos nos esperan, es algo diferente y dedicar el tiempo a otras personas y estar en contacto con los pequeños y con otras realidades, te hace valorar las pequeñas cosas” dice Vanina.

Casi a las once de la mañana cargan el carro de vuelta, que ahora estará más pesado porque está repleto de historias. La silueta de Vanina, Florencia y Stefanía Mattar (la encargada del proyecto) se va diluyendo por la vereda de calle Santa Fe. Se van, acariciando los sueños de los niños que duermen incómodos en los asientos de la sala de espera y con la convicción de que aunque sea por unas horas, la imaginación los volvió reales.
La historia que acaban de vivir les da vuelta por la cabeza: 

Son las siete y media, ya hay luz de día, mamá vuelve a arroparla y a acariciarle la cara con unas manos tan suaves como lo permite la tarea diaria de la casa del Barrio Edilco, y el cuidado de tres niños, Zaira que se incorpora con su mano adormecida acusando la marca de una grieta de la silla en la sala de espera, volverá a escuchar que llaman a Felipe, el niño que sale y vuelve con su madre a esperar el turno. La pequeña, se acerca  hasta la puerta y allí se encuentra con una invitación para soñar.
 
El proyecto: dos horas todos los días y cómo sumarse 
 
Stefania Mattar, es la encargada del proyecto "por ahora hay diez voluntarias que llegan de martes a viernes en dos turnos  entre las 7 y las 11 de la mañana, nos faltaría completar el cupo para estar el lunes también, pero esperamos que en la próxima convocatoria se sumen más” explica distendida con el mate amargo en la mano.  "Solo hace falta ser mayor de 18 años, para sumarse al proyecto, y que la gente esté dispuesta realmente a dar su tiempo. Hoy en día sabemos que es muy difícil dar parte de nuestro tiempo, además la mayoría de las voluntarias son profesionales o estudiantes, por lo que valoramos mucho su tarea” dice orgullosa

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