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“No es mi hija, pero la amamanto y la cuido el doble; siento como si tuviera mellizas”

Lorena Gerbeno rompió el silencio y contó en Tiempo de San Juan todos los detalles que la llevaron a confirmar su corazonada: alguien le cambió su beba en una maternidad privada. Una historia impactante que todavía no tiene final feliz. Por Gustavo Martínez Puga

Por Redacción Tiempo de San Juan
“Hubo muchos errores en el Sanatorio Argentino que fui recibiendo como si fueran señales. Pero la intuición más fuerte la tuve cuando me encontré con una de las dos mamás que puede tener a mi hija en la sala de espera del sanatorio, cuando fui a que me controlaran los puntos de la cesárea. Yo creo que esa es mi nena: tuvo el peso que debía tener la mía; tuvo la bilirrubina alta, como mis otros dos hijos, y yo la vi parecida a los míos cuando eran bebes. Ese día, cuando me desperté de la siesta, me levanté llorando, angustiada, sabía que ésa era mi hija y no la que tenía en mis brazos”.
El conmovedor e inédito relato pertenece a la abogada Lorena Gerbeno (37), la heroína que apostó por su intuición de madre y no creyó en los protocolos y las normas cuando le trajeron a su beba recién nacida en una maternidad privada. Luchó contra todos hasta realizarse un ADN que le permitió científicamente certificar lo que ella sentía: la beba que estaba amamantando no era su hija biológica.
Lorena, quien apela al humor para definirse como “una hincha b….”, empieza el relato con las primeras irregularidades que detectó y que ahora, a tres semanas del parto, pudo analizar con tranquilidad y atar los cabos sueltos: “Cuando me mostraron la beba, apenas nació, me dijeron que pesaba 3,100 kilos. No me cerró porque en la ecografía Doppler que me había hecho 20 días antes, para conocer el peso que iba a tener y cómo venía para el parto, pesaba 2,400 kilos. Por lo que debía pesar mucho más de 3,100 kilos al nacer. Y mis otros dos hijos pesaron mucho más al nacer. Después, mi marido se dio cuenta que había un error, porque en el cuaderno que te dan con todo el historial decía que el peso era de 3,800 kilos y la beba tenía 3,100 kilos”.
Ya en su casa, también recurriendo al cuaderno con las descripciones del parto, Gerbeno descubrió otro error: “El papel decía que la beba estaba en posición podálica (como se llama al parto de nalgas). Eso me llamó la atención, porque en la ecografía me habían dicho que estaba correctamente ubicada, con la cabeza hacia abajo. Y así nacieron mis otros dos hijos, los varones. Entonces me fui al ecógrafo y le sequé la mente: le pregunté si podía cambiar la posición y me dijo que no; le pregunté si  podía haber aumentado menos de los previsto, y me dijo que no”.
Así fue como Gerbeno no dudó en recurrir a una prueba certera: el ADN. “Fui al Hospital Rawson y pedí hacerle un ADN a la beba en forma particular y me dijeron que el resultado iba a estar en dos semanas”.
En medio de todas esas dudas, Lorena también le preguntaba a uno y a otro familiar a quién de los padres encontraban parecida a la niña, porque ella no la veía parecida a ninguno: “Unos me decían que al padre, otros que a la madre. Pero después, cuando se confirmó lo del ADN, todos salieron a decirme que, la verdad, no lo encontraban parecido a ninguno de los dos”.
Para Gerbeno, en cierta medida eso fue una tranquilidad: “Al principio todos me decían que estaba loca, que cómo podía decir que no era mi hija”.
Mientras esperaba el resultado del ADN, Gerbeno fue nuevamente a la clínica privada para hacerse un control: “Le pregunté a mi médico, el ginecólogo Sebastián Conti, si podía haber un error, por todas las dudas que tenía. Y me minimizó todo, hasta se molestó. Él es hijo de uno de los médicos fundadores del Sanatorio Argentino. Por eso fue que, cuando tuve el resultado del ADN, ya no fui más al sanatorio y directamente hice la denuncia policial. Yo también quería garantizarme que no fueran a desaparecer pruebas, porque mi prioridad era hallar a mi hija”.
Gracias a la actitud de Gerbeno, se determinó que el lunes 30 de septiembre habían nacido tres nenas en el transcurso de media hora. Y que ahora, con el ADN en la mano, no se sabía qué niña pertenecía a qué familia.
Gerbeno cuenta que, después de aquella vez en la sala de espera de la clínica, se encontró un breve momento en Tribunales con la madre y a la beba que cree que puede ser su hija. “Le pregunté cómo estaba y, la verdad, es que es terrible para todos. Estaba muy confundida ella también. La angustia es tremenda para todos”.

CONFESIÓN

La abogada cuenta que tuvo que inscribir en el Registro Civil a la beba para que le pudieran hacer el ADN. Y detalló cómo siguieron sus días ya con una beba que sabía que no era su hija biológica: “No es mi hija, pero la amamanto y la cuido el doble; siento como si tuviera mellizas”, dispara, emocionada.
Sobre la beba que le dieron, Gerbeno abre su corazón y cuenta: “Y… ya la quiero un montón. La adoro. Espero que su madre me permita seguir viéndola cuando se la devuelva. Yo la siento como una hija. Pero esto es desesperante”.
En la previa al Día de la Madre, Gerbeno se mostró notablemente sensibilizada por todo el lío: “Me gustaría juntarme con las otras mamás para el Día de la Madre y que la pasemos juntas, porque una de ellas puede tener mi hija y yo la suya. Voy a tratar de contactarlas para ver si nos juntamos. El juez no me dijo nada que no pudiera verlas”.
Se espera que el resultado del ADN sobre las otras dos bebas se conozcan la semana que viene. Y se espera que ahí quede fehacientemente determinado qué niña pertenece a qué familia. Pero claro, a tres semanas de los partos, ya las familias crean vínculos con las bebas: “Emocionalmente me estoy preparando con una psicóloga para el momento del despegue. Es terrible todo esto”, cierra Lorena Gerbeno.

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