El Difuntito Pelado y la fe sin certezas que habita en el desierto sanjuanino
A la vera de la Ruta 141, el mismo camino que conduce a la Difunta Correa, una gruta sin historia confirmada crece entre ofrendas, promesas y la devoción de quienes buscan protección, hacer un pedido o recibir un milagro.
A unos dos kilómetros del control policial sobre la Ruta Provincial 141, en Caucete, una pequeña gruta comenzó a llamar la atención de quienes transitan el camino hacia la Difunta Correa. Se trata del santuario del llamado “Difuntito Pelado”, una figura envuelta en misterio, con escasa información documentada pero rodeada de una creciente devoción popular.
Según relatan vecinos de la zona, la gruta existe desde hace años, aunque aseguran desconocer el origen exacto del difunto. En el último tiempo, la colocación de un cartel con letras rojas que dicen “Difuntito Pelado” la volvió visible desde la ruta y despertó la curiosidad de quienes pasan por el lugar.
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A pocos metros de la banquina, comienza un camino de cemento, ya deteriorado en varios tramos, que conduce directamente hasta la tumba. El entorno es árido, abierto, sin más referencias cercanas que algunos “ranchitos” que venden semitas y pan casero sobre la Ruta 141, tras dejar atrás la Ruta 20. El resto es desierto.
En el sitio se observa una tumba sencilla, pero cargada de símbolos de fe. A un costado hay un pequeño depósito para dejar cartas con pedidos y agradecimientos, y otro espacio destinado a encender velas. Sobre el suelo se desparraman repuestos de autos y patentes, mientras que sobre la tumba descansan cartas, estampitas y hasta fotografías, tanto de bebés como de adultos, que dan cuenta de los pedidos y promesas de los visitantes.
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Al costado izquierdo se levanta una especie de reparo, similar a un quincho precario, donde también hay algunas ofrendas. Ese espacio funciona como refugio improvisado para quienes se detienen allí, tanto del intenso sol en verano como del frío en invierno, en un sitio donde el viento y la soledad son protagonistas.
Unos metros más hacia la izquierda, se puede ver un parrillero y, casi a continuación, otra gruta que suma un dato particular al lugar: allí se encuentran las cenizas de una persona fallecida en 2024. Junto a una urna, hay una fotografía del difunto y una piedra con una inscripción que indica su nombre y la fecha de su muerte.
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Aunque no hay registros oficiales sobre la identidad del “Difuntito Pelado”, algunas versiones difundidas en portales digitales lo describen como un hombre que habría muerto de hambre y sed en el desierto. Con el tiempo, su figura se habría transformado en la de un difunto milagroso, al que se le atribuye la capacidad de interceder por la salud y la seguridad en los viajes.
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Este tipo de creencias se inscribe en una tradición muy arraigada en San Juan, especialmente en el departamento Caucete, donde conviven distintas historias de difuntos populares vinculadas al paisaje árido y a la religiosidad popular, como ocurre con la Difunta Correa.