A los pocos días de nacer, los médicos le dijeron a su mamá que probablemente nunca caminaría. Hoy, con 14 años, Ezequiel Vega no solo camina: baila tango, sueña con aprender nuevas danzas y emociona a todos en el Instituto de Danza Rocío, en San Juan. Tiene retraso madurativo, diagnóstico de autismo y una fuerza que lo convierte en ejemplo de superación.