ELECCIONES 2019

Monseñor Lozano toma posición y envía señales en medio de la crisis

Tras los pasos del Papa, el arzobispo desplegó una fuerte seguidilla de encuentros. Cómo impactó la toma de la Catedral.
domingo, 13 de octubre de 2019 · 09:08

El jueves pasado, mientras Monseñor Jorge Lozano se reunía en la sede de la CGT con el arco sindical completo, una columna de piqueteros del Polo Obrero se apoderaba de la Catedral, iniciando una ocupación que duró alrededor  de 12 horas. Fue una interesante síntesis del momento que atraviesa el país y de cómo ha decidido afrontarlo la Iglesia Católica en San Juan.

El arzobispo sabe de conflictos. Durante su estadía en Entre Ríos le tocó mediar en la protesta contra las papeleras uruguayas, para después convertirse en portavoz de la Pastoral Social dentro de la Conferencia Episcopal Argentina. Ese trayecto no parece casual y su presente en San Juan resulta  coherente con los antecedentes tan brevemente enunciados aquí.

Lozano coronó una serie de encuentros con dirigentes políticos de primera línea el jueves en el edificio de Avenida España. Llegó acompañado por el coordinador de la Comisión de Justicia y Paz, Héctor Allende, hombre muy cercano a la autoridad eclesiástica. Se sentó junto al líder de la CGT y la UOCRA, Eduardo Cabello. Del otro lado quedó el secretario general de la UOM, Julio Figueroa. La mención de apenas este par de nombres, sirve para dimensionar el volumen del encuentro.

Esa cumbre con el movimiento obrero, fue precedida por una serie de visitas del obispo a los candidatos a diputados nacionales de cada frente electoral. El 30 de septiembre fue el turno del PJ, cuando fue recibido por el gobernador Sergio Uñac y lógicamente los integrantes de la lista encabezada por José Luis Gioja, en la casona de calle 25 de Mayo.

El tema recurrente en todos estos encuentros fue la crisis económica y social que atraviesa el país. Por eso resultó llamativa la coincidencia. El mismo jueves una columna de manifestantes del Polo Obrero se apostó en el interior de la Catedral, para llamar la atención de Lozano. Querían que actuara como mediador frente al gobierno provincial para, entre otras cuestiones, conseguir viviendas.

Allende llegó al templo para dialogar con los militantes y hubo diferentes tonos durante la conversación. La tensión era indisimulable. El coordinador de la Comisión de Justicia y Paz les planteó a los líderes del Polo Obrero que si para hablar con Lozano debían tomar la Catedral, estaban demostrando debilidad. Para llegar al obispo no hace falta un acto pirotécnico de esa naturaleza, basta con golpear la puerta del Arzobispado. 

Dan testimonio de ello los dirigentes sociales que hoy tienen contacto cotidiano con Lozano. A fines de agosto, todos fueron convocados a participar en la Semana Social que organizó la Comisión de Justicia y Paz. Muchos luego se inscribieron en una diplomatura sobre liderazgo social organizada por esa misma institución, manteniendo el vínculo aceitado y permanente. 

Más allá de lo anecdótico, el episodio del Polo Obrero en la Catedral fue igualmente significativo, porque ratificó el diagnóstico que comparten la Iglesia Católica y buena parte de la dirigencia política, sindical y social de la provincia, acerca del momento crítico que atraviesa el país. Una chispa cualquiera podría encender la mecha y el deber de los líderes es tener las herramientas suficientes para contener el estallido, consideró una alta fuente del sector. Ahora y después del 10 de diciembre también.

Más allá de la sobriedad del comunicado que se emitió desde el Arzobispado de San Juan cuando finalizó la cumbre en la CGT, el derrumbe de las fuentes laborales y la caída del salario real fueron los temas centrales de la reunión. Lozano se llevó un documento que le entregaron los sindicalistas, titulado “No dejemos que nos roben la alegría del trabajo”. 

Ese texto de poco más de dos páginas, la CGT manifestó su “preocupación” por los altos índices inflacionarios, la “ausencia de inversiones productivas”, la pérdida de puestos de trabajo y el consecuente crecimiento de desocupación y pobreza. Hablaron también de que estas condiciones favorecen al “negocio de la pobreza” y al “narco-terrorismo”.

Agregó más abajo el documento sindical que es inaceptable que los trabajadores “seamos la variable de ajuste de un programa económico que desalienta la producción, agudiza la pobreza, ejecuta despidos y suspensiones, mientras que, sin inversiones genuinas y productivas, se toleran altas tasas de interés haciendo crecer la especulación financiera”. Y concluyó con la necesidad de un pacto social, en los términos de la propuesta de Alberto Fernández aunque sin mencionarlo.

El obispo celebró los términos del escrito. “Lozano tiene camiseta puesta con el mundo laboral y se le nota”, resumió una fuente calificada. Según esa persona, sin aparecer en público el líder de la Iglesia en San Juan ha intervenido en fábricas tomadas, indemnizaciones trabadas e incluso como mediador en juicios laborales. Siempre con bajo perfil.

Por eso Allende encaró a los piqueteros del Polo Obrero dentro de la Catedral con un pase de factura. Fue la Iglesia la que negoció por la restitución de los planes sociales que había recortado Mauricio Macri. Tuvo que inmiscuirse Lozano porque a los funcionarios políticos de la provincia ya directamente no les atendían el teléfono.

En este contexto de crisis y ajuste, Lozano resolvió también hilvanar las reuniones con los candidatos sanjuaninos con una gestualidad propia de la impronta de Jorge Bergoglio. La Iglesia sale a la calle. Entonces, el obispo ya no aguarda a los referentes políticos en su residencia de calle Mitre sino que marcha él mismo al encuentro, permitiendo que los políticos jueguen de locales en sus sedes partidarias. El resultado fue que las reglas de cada cita estuvieron definidas, en buena medida, por los anfitriones.
El mensaje subyacente a todos estos encuentros es que la dirigencia completa debe estar preparada para contener a la sociedad, especialmente a los sectores más vulnerables. Que la protesta puede estar a la vuelta de la esquina y que para ello lo mejor sería actuar todos en consonancia.  No lo mandará a decir a través de un Whatsapp reservado. Ni lo insertará de manera encriptada en sus homilías.  Para eso, nada mejor que el contacto cara a cara. Internamente lo definen como “marcar presencia, con identidad”.
 

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