Se habla a destajo de la conveniencia indiscutible de dar continuidad a las buenas gestiones de gobierno, sea cual fuera el color político de turno. Y esta fiesta es el caso. Claro que Uñac y Gioja comparten espacio y afinidad, pero son personas diferentes con distintas personalidades y modos de actuar. Metáfora para el resto de la vida política, la administración entrante decidió conservar formato y reimpulsar el festejo. Luego le pondrá su estilo, es de esperar, producirá algunas modificaciones gruesas, superará transiciones como fue esta edición, dirá cosas nuevas-
En fin, la vida misma, con el hecho no menor de conservar y reforzar con estilo propio un evento que dio muchas cosas buenas a los sanjuaninos a más de 10 años de su reaparición. Y que ya parece consolidada, mirando al futuro y mejorando un casillero central para el que debería haber sido creada, aunque a veces los devaneos de peluquería nos llevan a entretenernos en los recovecos menores: la irrupción a nivel nacional de una vidriera sanjuanina. O San Juan de exportación, entendiendo sólo para esta ocasión por frontera a las de la provincia, con la intención de graficar mejor la necesidad de vender a San Juan afuera de San Juan. Así de simple.
Este año se pudo ver una mejoría muy notoria en ese apartado. Es un clásico ya la contratación de "invitados” a presenciar el espectáculo final, lo que suele mover a interpretaciones variadas sobre su conveniencia o no. Desfilaron así desde las más divas de todas, Mirtha o Susana, hasta deportistas de poca monta, todos en el interés de difundir una celebración a gran escala. Que no es otra cosa que la naturaleza de semejante esfuerzo y presupuesto en una fiesta que no puede encasillarse sólo con la dimensión del consumo interno, si bien el verdadero disfrute pasa por la multitud de sanjuaninos que colman cada una de sus etapas. Sino que reclama en voz alta cierta trascendencia nacional, para hacer redondo el círculo.
No siempre ocurrió, pese a los formidables esfuerzos de traer a las figuras del mainstream que luego no pronunciaron palabra en público ante la gran audiencia nacional, y es posible imaginarlas aún sin comentarlo en tertulias de amistades. En cuyo caso, el esfuerzo provincial resultó neutralizado.
Esta vez, la presencia de Pampita en su máximo pico de popularidad golpeando la puerta del camarín de las divas para proponerse como su reemplazo, fue un gran acierto. Lo mismo que la llegada del indiscreto Jorge Rial con Kampfer incluida. No pararon de tuitear desde los ventanales de su hotel los deliciosos paisajes sanjuaninos, luego de entregarse en persona al deleite chauvinista de los locales y hasta protagonizar un capítulo sanjuanino de su Indiscreciones con sus mensajes solapados con la madrina de la edición, quien lo calificó de "mi enemigo preferido”.
Cartón lleno para el capítulo de la penetración de la fiesta a escala nacional, de mano de los invitados que se ganaron el cachet. Y mención especial para el sanjuanino Darío Barassi, sin duda uno de los personajes en irrupción de le tale nacional, quien llegó a su pago a participar de la fiesta y antes de subir a escena mostró los nervios de un niño en la fiesta de la escuela.
Desacostumbrado para un todo terreno como él, se tomó su primera llegada al evento donde juega de local con gran, valga la palabra, seriedad. Y la disfrutó, que vuelva.
Capítulo especial fue el de las derivaciones post espectáculo final, con la secuencia acostumbrada de todos los años: críticas, buenas y malas, más críticas luego a esas críticas. A criterio de esta pluma, Ariel Sampaolessi, uno de los autores del autor del guión y responsable de la puesta teatral, obtuvo en cuestión de horas un clamoroso acierto y una pifiada posterior de iguales dimensiones.
El acierto fue su trabajo, casualmente el eje más cuestionado luego de la fiesta, más por la cátedra que por la audiencia gruesa: el guión de la obra. Se trató de un trabajo magnífico, tal vez el mejor en todos los años que llevan los espectáculos de éste tipo en el Zonda. Porque estuvo gobernado en toda su extensión por una idea, tópico difícil de atrapar.
En este caso, la elaboración de una obra con vuelo propio e independiente, enhebrando por el agujero de una misma aguja a pasajes de la obra de Charly García. Puestos a disposición de lo que se quería decir, triunfos y fracasos nacionales luego de la declaración de la independencia en el rescate de piezas como La grasa de las capitales para hablar de inmigración, Mr. Jones para la dominación extranjera, o Inconsciente colectivo y "a la libertad siempre la llevarás dentro del corazón” para el formidable cuadro final con ribetes de ópera. Nada difícil de entender.
Líneas extraídas de una obra inconmensurable como la del bicolor García, salpimentadas por algunas suevas alteraciones en esas letras, realizadas con la intención de subrayar los requerimientos del mensaje, como en el rapeo de La Grasa. Una obra ajustada y milimétricamente medida para darle sustento a lo que siempre muestra este espectáculo: un sensacional despliegue de luces, bailarines y color, donde queda claro que el presupuesto no es lo que falta. Esta vez, con una idea mandando desde la cima. Y una producción musical acorde, con momentos de éxtasis: el triduo que trenzó a Viernes 3 AM junto a Desangra y Sangra y Cuando ya me empiece a quedar sólo acompañando a una artista colgada desde el puente metálico fue un pasaje memorable, lástima que esa música que costó tanto esfuerzo producir no haya sido distribuida en la puerta del autódromo, por decir una burrada sobre lo elemental. No se volvió a escuchar en ningún lado, y eso está mal.
Claro que esa es una opinión, hay otras. Están los que afirman no haber comprendido la expresión artística del guión en su plenitud, están los que directamente no les gustó. O están los que no tienen demasiado registro de la obra de Charly y a quienes les pareció algo lejano todo, que dividió aguas en materia de vibración entre fanáticos y no fanáticos del bicolor, un punto que se comparte. O están los que plantean que por qué Charly y no, pongamos Discépolo. En fin, decisiones artísticas.
Y allí estuvo el gran error del autor teatral. Reaccionar destempladamente ninguneando esas críticas y encerrando además a los funcionarios que no tuvieron otra que salir a contradecirlo. A lo mejor impulsado por cierta percepción de que el ambiente artístico reaccionó bajo el prisma del interés particular, cosa que opera todos los años, es que Sampaolessi apareció diciendo que no le importaba la incomprensión ajena. Le habrá parecido injusto que se criticara su obra como la de "los mismos de siempre”, cuando el guiñado viene siendo objeto de todos los formatos, adjudicación directa, concursado, entregado a Bs. As., etc., sin demasiado éxito resonante que se recuerde y con varios de sus ahora críticos involucrados en episodios anteriores.
Todo entendible, lo que no puede hacer de ningún modo es despreciar la mirada ajena. Y menos aún al tratarse de una obra de arte, a menudo ametrallada por percepciones subjetivas y en muchos casos sujetas también al interés personal de los críticos. Es religión que una obra, cualquiera que ésta sea, resulte objeto de críticas. Buenas y malas, estará en cada destinatario seleccionar las que les parezca más apropiadas. Lejos de una falla, el hecho de que una obra artística haya levantado considerable polvareda es un gran mérito. A no apagarlo con desplantes o desaires, correcto el rol de la Ministra en devolverle racionalidad a la discusión: sí importa lo que piense el resto.
Luego, las obras tienen vida propia más allá de las críticas. Está la cátedra, el ambiente, el microclima artístico con sus propios códigos de profundidad y snobismo. Y está la gente, a veces a distancias siderales. Sobre el terreno de juego, con todo el espectáculo de frente, la apreciación fue que la gente a trazo grueso vibró con lo que vio en el Zonda. Que recibió la obra impactada y emocionada. Claro, eso también es una percepción subjetiva.
Será este asunto entonces el año próximo objeto de debate. Está bien que lo sea, será síntoma de que se ha crecido. Como lo será cada detalle de la fiesta, desde las locaciones hasta las figuritas de la tele atraídas a dar brillo externo al evento. Pasando por la valoración de las figuras contratadas para los shows musicales, que este año tuvieron picos indiscutibles como Ricky Martin y Abel Pintos y falló en el casillero del rock. O la necesidad de empalmar con un trabajo mejor calibrado las necesidades de un show en vivo con el gran paso adelante de este año que sin lugar a dudas fue la televisación para todo el país de todas las noches de la fiesta.
Se anuncia que la feria irá cambiando de color. Algo de eso ya se vio, válido el intento de ir marcando tendencia desde ahora con una desestatización de los stands y una promoción mayor para que las empresas locales los utilicen como vidriera. Se vieron también algunos saludables ajustes en la noche más popular de todas, la del carrusel, que de todos modos deberá seguir mutando para dar cabida al crecimiento que marca año a año: esta edición, el cierre en la Urquiza se quedó cortó, hubo 3 cuadras más de desfile sin luces.
Se anuncia también la mudanza de todo el predio, tanto de stands como el lugar de los espectáculos, a un lugar especialmente diseñado para ese fin, aliviando de ese modo la exigencia del Parque de Mayo. Tendrá sus pro y sus contras como todo en la vida, y el único modo de tamizarlo será debatiéndolo. Bienvenidas entonces esas opiniones.