El análisis del día

El cáncer no se puede curar, ¿se puede ocasionar?

Los tumores se han convertido en una enfermedad política. Empecinados contra los líderes de Latinoamérica, pegan el faltazo con represores, dictadores y otras yerbas. ¿Simple coincidencia o megaconspiración? Por Sebastián Saharrea.
miércoles, 28 de diciembre de 2011 · 19:56
Es junto al Sida uno de los grandes acertijos para la medicina preventiva. El cáncer ha matado a generaciones y desgraciadamente es posible que lo siga haciendo un tiempo más. Ahora aparece en ráfaga contra los presidentes de la Región y aparece sorpresiva la teoría de Chávez, uno de los afectados: que hay quienes pueden infestar al mundo de esta peste y consecuentemente pueden dirigirla. Algo así como una gigantesca teoría conspirativa sin pruebas, como la de la proliferación del Sida a propósito para combatir la homosexualidad, o la manipulación de enfermedades por parte de ciertos laboratorios con el único objetivo de ofrecer el remedio.

Propone Chávez una novela de una dimensión inigualable en la historia más reciente de la humanidad, que de tan fantasiosa hasta puede ser realidad: que hartos de caer derrotados en las urnas, y ante la caída en desuso de los instrumentos habituales de otras épocas como los golpes de Estado, los grandes centros de poder encontraron útiles a las fumigaciones con cáncer contra todo líder molesto. El sanjuanino Gioja le bajó un cambio y le puso “maldición” del imperialismo, no complot. Una cosa es la mala suerte y otra ser víctima de una operación.

Hay en esa mirada una dimensión ideológica. Porque si uno mira bien, a los que le tocado de los presidentes latinoamericano es a los de la considerada centroizquierda, como Chávez, Lula, Dilma, Lugo y ahora Cristina. Quedaría en la lista y deberían cuidarse Correa y Mujica. Pero no cayeron en la desgracia ni Piñera, ni Santos, ni Alan García, los presidentes latinoamericanos que manejan otro libreto.

No es sólo regional el supuesto operativo, sino también ideológico: no ataca a cualquiera. Y si cabe una reflexión final, es la siguiente: para conocer el método para digitar el cáncer y contagiar gente, habría que saber también cómo se cura. Sería ese –si lo dicen- el lado bueno, si Chávez tiene razón.

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