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Historias del Crimen

Dos amigos y otro no tanto, que terminó con una horqueta clavada en el cuello en Médano de Oro

Tres jornaleros pocitanos se pusieron a beber una noche de 1986. Discutieron y luego continuaron la reunión en un rancho de Médano de Oro, donde uno de ellos fue asesinado con una horqueta.

Por Walter Vilca

Tres amigos. Mejor dicho, dos y otro no tanto. Porque aquella noche de viernes, los tres se sentaron a beber en la puerta de un almacén de Médano de Oro y entre tantos tragos empezaron a desconocerse. En medio de la charla, Florentino respondió de mala manera a Juan y se le paró enfrente para desafiarlo a pelear. Ramón, el más pendenciero y arrebatado de los tres, no quiso meterse y miró para otro lado haciéndose el desentendido.

Juan Martín Molina, que era tranquilo, no le contestó a Florentino Atencio y continuó conversando para no ceder a la provocación, hasta que en un momento se retiró del salón. No iba a dejar que el otro jornalero le arruinara la noche, de modo que caminó en dirección al baile de carnaval que organizaban en el Club Juventud Unida, situado en calle 10, cerca de ruta 40.

Lo frenaron en la entrada. La cara de alcoholizado lo delataba. Los encargados del festival no querían disturbios en el baile y entonces le pidieron que se fuera a su casa porque no podía ingresar en ese estado.

Por detrás de Juan llegó Ramón Daniel Bates, que también tenía intenciones de seguir tomando en el baile. Al igual que a su amigo, le permitieron el paso por lo ebrio que estaba. A él con más razón. En esos años, los hermanos Bates y sus primos Peña gozaban de la fama de camorreros y patoteros.

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El rancho y el homicida. El crimen ocurrió dentro de esta precaria vivienda. Al lado, Ramón Daniel Bates. Foto de Diario de Cuyo.

El rancho y el homicida. El crimen ocurrió dentro de esta precaria vivienda. Al lado, Ramón Daniel Bates. Foto de Diario de Cuyo.

Adónde vamos, se preguntaron los changarines. A todo eso arribó Florentino Fernando Atencio, que insistió a sus amigos para que fueran a compartir otro vino. De los tres, Molina era el de mayor edad y vivía solo en una finca de las calles Alfonso XIII y 10, de manera que ofreció su rancho para continuar con la farra.

En el camino compraron otros vinos y al rato ya estaban brindando de nuevo alrededor de una destartalada mesa de madera en esa casucha de caña y adobe. Pero la cordialidad no duró demasiado y Atencio volvió a agarrársela con Molina.

La última ronda

Como este último lo ignoró, Atencio más se sacó y no aguantó. El changarín de 41 años le largó una trompada a Molina. Después le pegó otra vez en el rostro y lo tiró al suelo. El jornalero de 49 años intentó cubrirse, pero el otro obrero prosiguió con la golpiza y le propinó varias patadas en el piso.

Juan Martín Molina buscó levantarse, pero apenas si logró ponerse de rodillas y, cuando menos lo esperaba, del costado derecho recibió el artero ataque de Ramón Bates. No fue un golpe. Sin miramientos y con total frialdad, el joven de 26 años le clavó el extremo de una horqueta en el cuello. Dos de las puntas de acero de la rústica herramienta de labranza se hundieron a la altura de la carótida y la tráquea.

A Bates no le tembló la mano. En ese mismo instante tiró del cabo de la horqueta y arrancó los punzones del cuello de su víctima, que gritó y quedó con los ojos desorbitados hasta que cayó de espaldas.

Molina fue agredido primero por Atencio, quien le propinó una golpiza. Ahí mismo fue atacado por Bates, que lo clavó las puntas de la horqueta en el cuello.

Por unos segundos el silencio a apoderó del rancho. Ya era la madrugada del sábado 22 de febrero de 1986. Bates y Atencio cruzaron miradas cómplices y, como sabiendo lo que tenían que hacer, dividieron las tareas y se despidieron. El primero de ellos se llevó la horqueta y desapareció de la finca. Al cabo de un kilómetro, tiró la herramienta de campo dentro de una acequia y se dirigió al baile. Debía buscar una coartada.

Atencio hizo lo suyo dentro de la casa. Cargó el cadáver de Molina y lo puso encima de la única cama. Acomodó el cuerpo como si estuviese durmiendo y le colocó un trapo en el cuello para ocultar las heridas y la sangre. Luego se retiró por los fondos para que nadie lo viera.

Mientras tanto, Bates llegó al baile del Club Juventud Unida. En esa ocasión tuvo mejor suerte y le permitieron la entrada. El changarín andaba exaltado y envalentonado por lo que acababa de hacer. Fue así que, al volverle la borrachera, abrió la boca y habló de más. Cuando charlaba con Nicolás Narváez, un conocido suyo, le confesó a éste que había matado a una persona con horqueta. Ese otro muchacho no le dio importancia al comentario, simplemente pensó que divagaba del alcohol.

El hallazgo del cadáver

Al otro día, los dueños de la finca de la calle Alfonso XIII y 10 extrañaron que Juan Molina no se presentara a trabajar. Cerca del mediodía, el patrón mandó a su hijo a que buscara al obrero rural.

El joven llamó a la puerta del rancho de Molina y notó que estaba sin traba. Como no respondían, ingresó. Vio el desorden y también al jornalero, que permanecía tendido sobre la cama. Le habló de nuevo. Lo zamarreó. Y cuando le sacó el trapo que le cubría la parte inferior del rostro, descubrió las heridas que tenía en el cuello y que estaba muerto.

El muchacho salió corriendo a buscar a su padre. Al mediodía del sábado 22 de febrero de 1986, los policías de la Comisaría 7ma y de la Brigada de Investigaciones confirmaron que el jornalero Juan Martín Molina había sido asesinado con un elemento punzante.

Los investigadores entrevistaron a los vecinos y así supieron que la noche anterior vieron a la víctima bebiendo junto a Florentino Atencio y Ramón Bates. Eso explicaba de por qué este último no había ido a trabajar a la finca, conjeturaron los policías. Un dato no menor lo ponía en el primer lugar dentro de la lista de sospechosos. Ramón Daniel Bates venía de purgar una pena de 5 años y 6 meses de cárcel por el intento de homicidio de otro jornalero de la zona. Esa condena fue dictada en 1980.

El juez de turno libró la orden de captura contra Bates, quien fue apresado horas más tarde en la casa de su tío Amadeo Peña, en esa misma localidad de Pocito. Atencio cayó detenido casi a la par.

Las confesiones

Ambos declararon y confesaron. Cada uno contó su parte, pero ambos culparon a Molina de iniciar la gresca. Atencio aseguró que solamente lo golpeó y Bates reconoció que lo agredió con la horqueta, aunque dijo que estaba muy alcoholizado. Aun así, recordó dónde arrojó la herramienta que utilizó en el asesinato.

Bates fue procesado y llevado a juicio por el delito de homicidio agravado por la alevosía. El juez que instruyó la causa concluyó que Molina fue atacado de forma traicionera cuando se encontraba indefenso y de rodillas.

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El asesino. Ramón Daniel Bates, el autor del crimen. Foto de Diario de Cuyo.

El asesino. Ramón Daniel Bates, el autor del crimen. Foto de Diario de Cuyo.

A Florentino Atencio lo acusaron de lesiones graves por la golpiza que le propinó a Molina antes del crimen. El forense determinó que el cadáver presentaba lesiones a consecuencia de los golpes, incluso tenía cuatro costillas fracturadas producto de los puntapiés.

En mayo de 1988, la jueza Lucy Rodríguez del Sexto Juzgado Penal condenó a Bates a prisión perpetua y a Atencio a la pena de 2 años y 6 meses de cárcel. Sin embargo, la sentencia no quedó firme debido a que los abogados defensores de los acusados apelaron el fallo y la decisión final la tomó el tribunal compuesto por los jueces Arturo Velert Frau, José Alejandro Hidalgo y Diego Román Molina de la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional.

Segundo fallo

El 29 de agosto del mismo año, esos magistrados dictaron un nuevo fallo. En sus fundamentos señalaron que no estaba acreditado la alevosía, pero sí el dolo. Por esa razón modificaron la calificación legal que pesaba contra Ramón Daniel Bates por la de homicidio simple y redujeron la pena a 16 años de prisión. En el caso de Florentino Fernando Atencio, le ratificaron la condena inicial.

No se escuchó hablar más de Ramón Bates, en cambio, su hermano Juan Carlos fue noticia en 1991 por cometer otro asesinato en Médano de Oro. Su carrera criminal no culminó ahí. En diciembre de 2010, cuando gozaba con libertad condicional, el menor de los Bates volvió a matar a otra persona. En 2019 murió en el Hospital Guillermo Rawson.

FUENTE: Sentencias del Sexto Juzgado Penal y de la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional, artículos periodísticos de Diario de Cuyo y hemeroteca de la Biblioteca Franklin Rawson.

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