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Historias del Crimen

Destino fatal: el obrero municipal que murió dentro de un camión compactador de basura en Santa Lucía

En agosto de 1997, un trabajador municipal sufrió un inesperado accidente mientras recolectaba basura y murió aprisionado dentro de un camión compactador.

Por Walter Vilca

Mala suerte, descuido, negligencia y el propio destino. Todo conjugado en unas milésimas de segundos que puede definir la vida o la muerte, como sucedió con ese obrero municipal que una tarde salió a recolectar la basura y terminó trágicamente aplastado dentro del camión compactador.

El destino fatal se ensañó contra ese joven recolector de basura llamado Marcelo Guerra en horas de la siesta del 4 de agosto de 1997, mientras corría detrás de un camión Mercedes Benz por el barrio Kennedy en Santa Lucía. “El Loco” tenía 23 años, era papá de un nene que ni caminaba y hacía tres años que trabajaba en ese sector, en uno de los camiones compactadores de la empresa SELISA –la concesionaria del servicio-.

“Era una bella persona y muy trabajador. Si se hubiera dado cuentas antes que estaba para cosas más importante, esto no le hubiera pasado”, comentó su compañero Roberto Domínguez a un periodista de Diario de Cuyo, en referencia a la sacrificada vida del recolector de basura. Marcelo no se quejaba, llevaba con mucha honra su oficio y no le sacaba el cuerpo. Los pobres saben que no puede elegir los trabajos; más él, que debía mantener su hogar y ayudar a su joven esposa.

Un trabajo insalubre y peligroso

Mucho no se habló, pero era la realidad que les tocaba vivir en un trabajo insalubre, peligroso y con una precariedad siempre a la vista. Los empleados de recolección, en muchas veces considerados como los trabajadores de más baja escala, en esos años no contaban con uniformes ni elementos de protección, incluso hoy se puede ver que trabajan en esas condiciones en ciertos municipios de la provincia.

También fue cierto que hubo falta de control, negligencia e impericia. Descuido y exceso de confianza, le dicen algunos. Según testimonios recogidos por los medios en aquel entonces, Guerra había protagonizado anteriormente dos episodios que pusieron en riesgo su vida.

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Tremendo. El camión compactador después de ocurrida la tragedia. Foto de Diario de Cuyo.

Tremendo. El camión compactador después de ocurrida la tragedia. Foto de Diario de Cuyo.

Sus compañeros contaron que en una ocasión se descolgó del camión y saltó hacia la acera sin mirar el tránsito, y cayó accidentalmente arriba de un auto que pasaba por un costado. Esa vez se salvó de sufrir graves heridas por cuestiones azarosas. A los meses se expuso de nuevo a una situación similar por otro descuido y casi terminó aprisionado por la prensa de la máquina compactadora del camión recolector. Un compañero lo rescató a tiempo, aseguraron.

Una vez pasa. Dos, también. Pero en la tercera puede que no haya otra oportunidad, tal como ocurrió con Marcelo. La tarde del 4 de agosto de 1997, el joven obrero cumplió su turno junto con su compañero Roberto Domínguez, con quien se encargaban de recoger los residuos y lanzarlos a la caja compactadora. Al frente del camión iba Juan Mondaca, el chofer y encargado de accionar el mecanismo de la prensa.

Cada uno conocía bien su tarea, que realizaban prácticamente de memoria en los kilómetros de recorridas. Guerra y Domínguez corrían por la calle levantando las bolsas y Mondaca seguí la hoja de ruta como de costumbre y ponía en funcionamiento la prensa a cada señal. Así estaba acordado, pero lo inesperado sucedió a las 15.30 al llegar a la intersección de las calles Pueyrredón y Maipú, en el barrio Kennedy.

Una desafortunada maniobra

Domínguez se adelantó para juntar las bolsas. Guerra lo seguía por detrás, recogiéndolas y metiéndolas a la caja. Por esa razón, el primero de ellos no prestó atención a su compañero. En esos momentos, mientras cargaba la basura, el joven de 23 años supuestamente introdujo parte de su cuerpo en la caja compactadora o sufrió un percance que hizo que cayera en la tolva y ahí fue atrapado por la pesada maza de acero de la prensa. Fue un golpe seco que le aprisionó la cabeza y la parte superior de su tórax, demasiado para causar su muerte en cuestión de segundos.

Su compañero se dio cuenta de la tragedia al poco andar y gritó alarmado al chofer, que paró de inmediato el camión y detuvo la prensa. Nada pudieron hacer por Marcelo, más que pedir ayuda y lamentarse. Había sido un accidente. Según la Policía y de otros operarios, por una negligencia o imprudencia atribuida exclusivamente al joven obrero. Cada operario conocía los recaudos que debían tomar, que en este caso la propia víctima omitió, aseguraron.

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