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Historias del Crimen

Destino fatal: la pocitana que murió en un tacho de agua

Una tarde de 2002, mientras una mujer se encontraba en el patio de su casa, el destino le tendió la trampa más absurda y fatal en un tacho de agua.

Por Walter Vilca

La llaman casualidad, mala suerte o, simplemente, destino. Y ocurre en el momento y lugar menos pensados y, a veces, no tiene una explicación racional. Así de absurda fue la muerte de aquella mujer de Pocito que, una tarde de 2002, salió al patio de su casa y encontró el final en un tacho con agua.

La historia involucró a Emilia López, una joven madre de 37 años que padecía ataques de epilepsia y que, como suele suceder, era propensa a esas repentinas convulsiones. Ella, sin embargo, trataba de llevar una vida normal junto a sus tres hijos en la casa que tenía en Villa Cremades, Pocito.

La tarde del martes 22 de mayo de 2002, Emilia recibió la sorpresiva visita de su hermana y de un compadre que pasaba por la zona y decidió entrar a saludar a la familia. Todos se sentaron alrededor de la mesa y compartieron mates y una extensa charla por un largo rato.

La conversación podría haber continuado hasta la noche, pero la hermana de Emilia tenía asuntos pendientes y se retiró. El padrino —de una de las nenas— miró el reloj y también vio que ya era hora de marcharse. Emilia, que no paraba con los quehaceres de la casa, en ese instante le dijo que salía un minuto a buscar algo al patio y regresaba para despedirlo.

Ese minuto se hizo por demás largo, tanto que el compadre empezó a incomodarse y le pidió a su ahijada de 11 años que fuera a ver a su madre, que se demoraba y a él se le hacía tarde. La nena abrió la puerta trasera y salió a buscar a Emilia, pero apenas dio unos pasos pegó un grito.

A pesar de padecer epilepsia, López trataba de llevar una vida normal junto a sus tres hijos en la casa que tenía en Villa Cremades, Pocito. A pesar de padecer epilepsia, López trataba de llevar una vida normal junto a sus tres hijos en la casa que tenía en Villa Cremades, Pocito.

Su padrino corrió a ver qué pasaba, pero a poco de cruzar el umbral quedó boquiabierto. Emilia estaba con la mitad del cuerpo dentro de un tacho plástico de 100 litros, de esos que se usan como depósito de agua. Sin perder tiempo, el hombre levantó a la mujer de la cintura y la sacó del recipiente. Ahí vio que tenía la cabeza sumergida en la poca agua que había en el fondo.

Emilia fue llevada inconsciente y sin reacción al Hospital Federico Cantoni de Villa Aberastain. Sin embargo, no había nada que hacer. Los médicos de la guardia constataron que la mujer no tenía signos vitales. Mostraba el típico cuadro de ahogamiento.

El personal sanitario dio inmediata intervención a los policías de la Comisaría 7ma, que se hicieron presentes en el hospital y también en la vivienda de la calle Independencia para indagar qué sucedió. Allí encontraron el tacho plástico.

Los peritos verificaron que la capacidad del contenedor era de 100 litros, pero el nivel del agua no superaba los 20 centímetros de altura. Los peritos verificaron que la capacidad del contenedor era de 100 litros, pero el nivel del agua no superaba los 20 centímetros de altura.

Los uniformados tomaron nota de los testimonios de la nena mayor y del único adulto que se encontraba en la casa en esos momentos. Todo indicaba que se trataba de un accidente y el resultado de la autopsia lo confirmó: asfixia por inmersión tras un ataque epiléptico.

Los expertos y los empleados judiciales llegaron a la conclusión de que la mujer sufrió un ataque de epilepsia en el instante justo en que sacaba agua o se hallaba frente al tambor y cayó inconsciente dentro del mismo. Y como estaba sola en el fondo de la casa, nadie la advirtió ni pudo auxiliarla. Había sido una tragedia inesperada, un hecho fortuito y ese destino jamás imaginado.

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