Habían pasado algunas horas del aquel 25 de julio de 2013 en
que Jorge Antonio Olivera y Gustavo Ramón de Marchi se fugaron del Hospital
Militar Central ubicado en Palermo, Capital Federal, cuando los fueron a buscar
al Instituto del Verbo Encarnado en San Rafael, Mendoza.
Había varios motivos sólidos para pensar que podrían haber
aguantado a los represores en ese instituto religioso sectario que ahora quedó
de nuevo en el ojo de una tormenta oscura: la sospecha de abusos sexuales por
parte de su fundador, el padre Carlos Buela.
Un sacerdote de 31 años identificado únicamente como Luis
hizo público en estos días en medios de Mendoza que fue víctima de abusos
sexuales en el Instituto del Verbo Encarnado durante 18 años. Dijo que las
autoridades religiosas lo sabían, pero no recurrió a la Justicia porque había
confiado en que sus superiores hicieran algo.
Esto ocurrió días después que se destapara otro escándalo en
la provincia vecina: el de abuso sexual a más de por lo menos 12 niños sordos
internados en el Instituto Próvolo, ubicado en Luján de Cuyo.
El Instituto del Verbo Encarnado suena familiar en San Juan.
Siempre se lo miró de reojo por el fuerte vínculo que hubo con el represor
Jorge Antonio Olivera, quien se burló del dolor de todos los sanjuaninos manteniéndose
en la clandestinidad por las violaciones sexuales, torturas, secuestros y
homicidios que cometió en San Juan cuando era el mandamás del RIM 22. Se fugó a
los 21 días de que había sido condenado a reclusión perpetua por esos delitos
de lesa humanidad.
En ese momento, quien ahora es fiscal federal general de San
Juan, Francisco Maldonado, era el fiscal federal de San Rafael y, junto a
fuerzas de seguridad, investigó si Olivera no había ido a buscar refugio al
Instituto del Verbo Encarnado.
Uno de los motivos por los que fueron a buscar a Olivera a
ese lugar es porque allí tiene a su hijo Javier Olivera, quien antes de
ordenarse sacerdote era abogado como su padre, quien amasó una fortuna
litigando contra el Estado Nacional por supuestas malas liquidaciones
salariales.
Olivera, como otros represores en problemas con la Justicia,
siempre contaron con apoyo religioso.
CURAS Y REPRESORES
Uno de los curas más identificado con esa movida es el
ultranacionalista Aníbal Fosbery. Supo estar al frente de de la Fraternidad de
Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (FASTA). Así como en San Juan tiene su sede,
FASTA controla decenas de colegios en todo el país y una universidad con sedes
en Mar del Plata y Bariloche.
En esa línea se enrola el Instituto del Verbo Encarnado
(IVE). También es de la extrema derecha y tiene su sede central en ese edificio
de San Rafael, Mendoza, donde ejerció el sacerdocio el hijo de Olivera.
El IVE fue fundado en 1984 por el padre Carlos Buela. Su
organización –al igual que FASTA– supo aportar financiamiento, consuelo
espiritual, recursos, financiación y hasta techo a represores metidos en líos
judiciales. Hoy el IVE presta sus servicios en Argentina, Estados Unidos, Medio
Oriente, Chile, Tajikistán, Rusia, Italia, Brasil, Filipinas, Sudán, Perú,
entre otros países.
Pero esa vez Olivera no fue encontrado bajo el techo de esa
institución religiosa. Y desde entonces está prófugo de la Justicia.
El tiempo pasó y el fundador de la orden del hijo sacerdote
del represor también cayó en desgracia: hoy en día el padre Carlos Buela está
recluido en un Monasterio de San Isidro de Dueñas de Palencia (España).
La reciente denuncia del padre Luis se le suma a otras más
viejas de abusos sexuales, violencia moral y psicológica a otros sacerdotes y
seminaristas. El obispo de San Rafael, Eduardo Taussig, tomó las denuncias, las
investigó y las elevó a sus superiores del Vaticano. Fue entonces cuando
decidieron recluir al padre Buela.
EL NUEVO ESCÁNDALO
Toda esta historia aún impune con el Instituto del Verbo
Encarnado se destapó por el nuevo escándalo de abusos sexuales en una orden
religiosa en Mendoza.
Son menores de 10 a 12 años con problemas de audición que
estaban en el Instituto Antonio Próvolo, el cual depende de "La Compañía de las
Hermanas de María”, una orden religiosa dedicada a los niños sordomudos,
funciona como un colegio con internado. Los internos en general son chicos de
otras provincias -especialmente del norte argentino- o de zonas alejadas del
Gran Mendoza.
El caso se destapó en los últimos días en el lugar menos
pensado: durante una actividad en la Legislatura de Mendoza.
Con la ayuda de una intérprete oficial de Diputados, una ex
alumna y víctima de los abusos sexuales denunció ante la senadora radical Daniela García y la vicegobernadora Laura Montero.
Las autoridades le dieron aAyelén(nombre ficticio)contención,
protección y un "puente” para declarar, armando el contacto con el Procurador
General Alejandro Gullé. Y por jurisdicción, la causa cayó en la fiscalía deFabricio Sidoti.
Eso derivó en la detención de dos sacerdotes católicos, Nicola
Corradi (82) y Horacio Corbacho (56); un monaguillo y un empleado del Instituto
Próvolo. Corradi ya había sido acusado de abusar de niños sordos entre 1955 y
1984 en Verona, Italia. Y Corbacho es el primer sacerdote argentino de la
Compañía de María para la Educación de Sordomudos.
Por ahora, ese caso avanzó más que el del Instituto del
Verbo Encarnado, donde nunca hubo nadie preso.