Choque y fuga

¿Otro asesino impune al volante?

Todo indica que la muerte de Miguel Ángel Espejo va camino a sumarse al listado de víctimas fatales sin autores responsables en las calles sanjuaninas.
viernes, 02 de marzo de 2012 · 08:23
Por Gustavo Martínez
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com

Atropellar, matar y fugarse parece no tener freno en la provincia. En esa dirección va el último caso ocurrido el lunes en la madrugada en Chimbas, donde el de Miguel Angel Espejo, un joven de 26 años que regresaba de la casa de un amigo y fue atropellado desde atrás por un auto que le quitó la vida y se dio a la fuga.

“Pueda ser que encuentren al culpable para que page por lo que hizo. Lo dejó tirado como a un animal. Qué le hubiera costado pararse y ver si lo podía ayudar”, dice Carina Funes, tía de la joven víctima.

La bronca de la tía de Espejo tiene una relación directa con la actitud del conductor del vehículo, no así con el accidente: “Tal vez no lo haya visto y por eso lo chocó. Ese es un lugar oscuro. Pero de ahí a irse como si nada, indudablemente hay una mala intención de fondo”, dice Funes.

En algún punto, la falta de solidaridad y compromiso de los conductores que atropellan y fugan tiene que ver con lo que ocurre en la realidad: pocos de lo que incurren en ese acto delictivo son atrapados y, por lo tanto, son prácticamente nulos los casos de ese tipo que terminan con un escarmiento legal.

Hasta ahora, el responsable de ocasionar el triste final de la vida de Miguel Angel Espejo se está asegurando no pagar por lo que hizo. Es que son escasas las pruebas que los policías de la subcomisaría del Este lograron recolectar en el lugar del choque: “Hallamos mica de una luz de giro y parte de un espejo retrovisor. Esas partes están siendo peritadas para ver de qué vehículo se trata”, informó el subcomisario Castillo.

Esas partes están siendo peritadas en el Tercer Juzgado Correccional, donde suponían que podrían estar en presencia de un Fiat Uno o Duna, pero sin ninguna certeza. En concreto, no se sabe de qué vehículo se trata.

“Un vecino dijo que vio que un auto se paró a unos 200 metros de donde fue el choque. Vio que alguien se bajó del auto, miró el frente, se subió y siguió. Pero como era de noche y oscuro, no alcanzó a distinguir si era hombre o mujer, ni el color del auto”, comentó Luis Aballay, tío del joven fallecido.

Dolor doble

Al momento del accidente, el lunes a las 2.30, Miguel Angel regresaba de la casa de un amigo y se dirigía a la casa de su abuela, ubicada a pocas cuadras de la tragedia, sobre en la calle Ameghino, lote 5, manzana B, en la Comuna San Miguel, en Chimbas. El muchacho de 26 años que se ganaba la vida como sereno de una obra en construcción se había ido a vivir con su abuela y sus tíos a ese domicilio tras la muerte de su madre, quien falleció en diciembre último a consecuencia de un cáncer.

“El tenía otros dos hermanitos que son hijos de su mamá –María Antonia Aballay- con el padrastro de Miguel Angel. Cuando falleció su mamá, decidió venirse a vivir con su abuela y nosotros. Era un muchacho muy tranquilo, como su madre, que nunca tuvo problemas con nadie”, recordó su tío, Luis Aballay.

El muchacho había adquirido la bicicleta en la que se conducía hacía un año, con el dinero que ganaba de las changas. Esa bicicleta fue la pista que los vecinos tuvieron para darse cuenta de que estaban en presencia de una muerte: es que el rodado quedó sobre la calle Colón, 300 metros al Sur de Benavidez, a donde se dirigieron tras escuchar un fuerte estruendo. Y ahí se dieron cuenta de que había un cuerpo sin vida tirado en un zanjón.

Tanto en la justicia como en la policía saben que las primeras 48 o 72 horas del choque son claves para dar con alguien que se da a la fuga tras atropellar y matar, debido a que si el conductor no se entrega, y el caso tiene pocas pistas, como es el de Miguel Angel Espejo, es muy difícil que luego la policía de con el autor.

Por ahora, la policía busca en talleres mecánicos y de chapa y pintura. Pero había poca esperanza porque, al parecer, las roturas que sufrió el vehículo son mínimas y se pueden cambiar en cualquier lado, sin requerir de un servicio especializado.

“También puede ser que el conductor sea alguien que haya venido a los boliches que están por la Benavidez, porque todos bajan por Colón. Pero es una suposición, porque nadie vio nada”, cierra el tío de Miguel Ángel.

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