María Muñoz no tiene una función fácil. Ella es la encargada de controlar y lograr que tres canales clave de Iglesia, una de las zonas agrícolas clave de la provincia, bañen del modo correcto los cultivos de esa zona de San Juan. Como empleada del Departamento de Hidráulica, la particularidad principal de su tarea es que ella es la única celadora mujer de todo San Juan. Este 8 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, la historia de María resuena con fuerza como un testimonio de valentía y superación en un ámbito tradicionalmente masculino.
La iglesiana cuenta que tiene 45 años y custodia desde hace casi tres los canales Alto, Bajo y Zonda en el departamento, una labor que desempeñó su padre y que ahora ella realiza con orgullo y dedicación. "Mi padre era 'canalero', así se llamaba antes a este trabajo. Entonces, yo me crié en ese ambiente", dice María, recordando sus raíces y el legado familiar.
Hace casi tres años, cuando le ofrecieron el trabajo, dudó por un momento, consciente de los desafíos que implicaba ser mujer en un entorno dominado por hombres. Sin embargo, su espíritu luchador y el apoyo de su familia la impulsaron a aceptar el reto. “Sabía que los celadores siempre han sido hombres y sentía un poco de miedo porque no sabía cómo me iban a tratar. Pero me animé y acepté. Mis compañeros me tienen respeto, me tratan bien y no he tenido problemas”, confía.
Otra de las dificultades que se le presentaron es que su trabajo requiere fuerza física, especialmente en días de lluvia cuando las compuertas se traban en el barro. Pero María, acostumbrada a las labores del campo, ha demostrado ser más que capaz de cumplir con su tarea. “Ya estoy acostumbrada y siempre pude cumplir la tarea sin necesidad de pedir ayuda. Creo que es gracias a que he trabajado mucho en el campo, en las fincas con la cosecha. Eso me ha preparado”, asegura con convicción.
Roles compartidos
Además de su trabajo como celadora, María es madre de cinco hijas y abuela de dos nietas. Y el aspecto de la maternidad también fue un factor importante en su decisión de aceptar el trabajo, porque dudaba si iba a poder con todo. Pero sus hijas mayores le brindan un apoyo invaluable, especialmente en los días de riego intenso.
Al respecto cuenta que, “mis hijas más chicas van a la escuela todavía y necesitan estar acompañadas. Pero las más grandes me dijeron que me iban a ayudar, sobre todo en los días que paso muchas horas afuera de mi casa y así nos vamos arreglando. Al principio sentía un poco de vergüenza y mis hijas, también. Pero después nos dimos cuenta que podía cumplir sin problemas y ahora estamos orgullosas de lo que hemos logrado”.
Para terminar, confía: “Me gusta mucho trabajar y me siento muy orgullosa de ser la única mujer que hace la tarea de celadora en San Juan. Aunque es complicado, porque paso muchas horas al Sol, paso frío y ando muchos kilómetros en bicicleta o en moto para llegar a los canales, no me arrepiento de hacer este trabajo”.