Fue en una fiesta patronal de la Virgen de Andacollo en Villa Krause, a mediados de los años 70. “El Rulo” era un niño y aquel día, entre tanta gente, su padre tuvo la dicha de ganar el premio del tocadiscos marca Winco. Los ojos le brillaron por ese aparato que, con la púa sobre el disco que giraba y el sonido mágico que salía de esa caja, despertaría para siempre su pasión por la música.
“Éramos pobres, muy humildes. Y tener ese tocadiscos fue grandioso”. Raúl Gallardo recuerda cuando “La Vieja”, por su madre Melinda Carabajal, y su padre don José, subían el volumen de ese aparato y la casona de Villa San Ricardo se llenaba de canciones de Julio Iglesias, Dyango y José Luis Perales. En ese hogar cabía todo. Desde los románticos Iracundos al folclore de Los Cantores del Alba y Los Viscontis, entre otros, o los clásicos tangos y los cuartetos de las cinco últimas décadas.
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Los populares. En su colección no faltan la música cuartetera y los famosos Iracundos.
“Hasta el año mil novecientos ochenta y tres no teníamos acceso a la música en inglés y no se podía andar con el pelo largo. Estábamos en la dictadura y todo se controlaba, hasta la música que sonaba en las radios AM de Colón y Sarmiento. Pero recuerdo que a veces me sentaba con mi abuelo Carmelo y él encendía su radio ‘Tonomac Siete Mares’. Sacaba la antena larga que tenía la radio metálica y pasábamos horas escuchando radios de Chile, Brasil y de otros países. Era algo inolvidable”, cuenta “El Rulo”.
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Sus favoritos. Aquí con su colección de Iron Maiden.
No pudo estudiar música ni aprender a tocar un instrumento, pero durante su adolescencia y su juventud abrazó ese gusto por coleccionar discos y casetes de sus artistas favoritos. Años más tarde trabajó de operador en las radios Libertad y San Damián. Pero de eso no podía vivir, así que apeló a los otros oficios que te enseña la vida.
Eso sí, jamás abandonó su hobby y su fanatismo por el heavy metal. Entre las cosas que atesora está la carta de contestación de Steve Harris, el mítico bajista y compositor de la banda británica Iron Maiden, relata. Fue después de que le escribiera, utilizando un diccionario de Ingles, a los integrantes de la banda a través de un grupo de fans de Gran Bretaña.
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Único. Este es un Cd extragrande de una colección única de Iron Maiden.
Lo relata orgulloso: “Soy fanático a muerte y quería conocerlos. Así que les escribí. Les conté que acá había un grupo de fans de la banda, de cómo era San Juan y de su paisaje. Y lo loco fue que pasado un tiempo recibí una carta de puño y letra de Steve Harris. No lo podía creer”.
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Su equipo. También posee su equipo doble casetera y su walkman.
Su habitación se convirtió en un pequeño museo de la música. “Es mi bunker. Es una revancha por los discos y casetes que antes no podía comprarme. Una cuestión pendiente en mi vida, una forma de darme el gusto de grande”, aclara. Allí encontrás estantes de madera con discos de toda la colección de Iron Maiden, Rod Stewart, Madonna y otros artistas internacionales. Conserva una pieza casi única, un disco compacto de grandes dimensiones que reproduce música y video de un álbum de la banda de heavy metal. Ese Cd lo consiguió por internet desde EEUU.
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Otra reliquia. Con otra de las cintas de música que atesora en su bunker.
En otra parte guarda los recuerdos de su madre, como los Long Play (los discos de vinilo) de cantantes variados como Pelusa, Los Iracundos, Valeria Lynch, Palito Ortega, Los Ángeles Negros y Chebere, entre muchos.
Guarda colecciones de casetes de artistas musicales y hasta cajas de los famosos TDK vírgenes para grabar. “Eso ya no lo vemos más, desaparecieron”, dice. Otro de sus tesoros es una caja plástica con una cita de música de la RAI (Radiotelevisión Italiana).
En un rincón posee algún que otro Walkman, los viejos reproductores portátiles de casetes. Tiene su bandeja semiprofesional para discos de vinilo que compró de EEUU con uno de sus sueldos, cuando trabajaba en una empresa minera. También cuenta con su equipo doble casetera, con un mezclador y un ecualizador, todo conectados a unos parlantes que ambientan su bunker en la casa de Villa San Ricardo en Rawson.
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Con su bandeja. Raúl Gallardo con su bandeja donde pone sus discos.
En esa habitación es posible encontrar pilas de discos de vinilo, casetes y Cds de músicos y cantantes de todos los gustos. Entre las cajas asoma un casete de Vandalis de 1999, con una dedicatoria de su baterista Daniel Torrent. Y así otros recuerdos. Todo lleva al pasado, aunque cada vez que “El Rulo” enciende uno de sus aparatos, sus artistas favoritos vuelven a revivir entre esas cuatro paredes y él sueña como cuando era niño o más joven.
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Casetes. El coleccionista de Villa San Ricardo guarda casetes vírgenes que ya no se fabrican.