Se llama Fabián Alberto Ruiz, pero para todos es simplemente "Manolo". Cuenta que su tía le puso ese apodo por el personaje "Manolito" de El Gran Chaparral, serie televisiva que mantuvo a todo el público cautivo de 1967 a 1971. Un mote que adoptó como nombre propio y que tuvo grandes influencias en su emblemática parrillada de Rawson. "Como trabajaba en el campo y andaba a caballo, todos me pasaron a llamar así. Y de ahí, Manolo para todos lados", comentó de antemano el protagonista, en una nota a fondo con Paren las Rotativas.
Manolo creció en Concepción, detrás de la cancha de San Martín, y también vivió varios años en Villa San Damián. Aún así, su lugar en el mundo está sobre calle Agustín Gómez, más conocida como la Calle 5. Allí su padre compró un pedazo de tierra cuando la zona no estaba urbanizada, no había nada. "Trabajábamos en la chacra. Eran momentos tan ingrato. Al campo había que trabajarlo y trabajarlo. A veces andábamos bien y otras no", recordó.
Ya de joven se cansó del trabajo rural y puso en la puerta de su casa un pequeño kiosquito. Esa fue su primera experiencia tratando con clientes, el puntapié. Después sumó la venta de sándwich y fue todo un boom: "Eran de milanesas o fiambre. Los camioneros empezaron a parar a comprar, los trabajadores de la fábrica también. Era un fuerte mío la venta de los sándwich".
Al tiempo no lo dudó y decidió apostar a algo mucho más grande: el asado. Muy a pulmón, con tres mesitas y lo poquito que en ese entonces tenía con su esposa, su gran compañera, decidió inaugurar la Parrilla Manolo. Empezaron con parrillas chiquitas y minutas, 38 años atrás.
"No teníamos publicidad, todo era de boca en boca. Y así de apoco empezó a llegar gente y más gente, era muchísima la demanda que teníamos. Creo que nací para el público. No me gusta estar detrás de una caja. Nunca se despertó esto de ser tan sociable hasta que puse la parrillada. Aunque tengo que decir que me costó mucho adaptarme, trabajé toda mi vida en el campo", comentó.
Con el correr de los años las mesas ya no eran tres, sino más de diez. La logística de trabajo y atención a los clientes tampoco era la misma: fue el primero que implementó el diente libre a la bandeja, con un show folclórico de fondo. De bonus track, la sopa. "Había que darle un rendimiento más a la carne. También para que la comida se conservara calentita y se pueda servir a gusto del cliente. Todo era muy gaucho, muy campestre. Comer asado y escuchar folclore se transformó en tradicional. Y después está lo de la sopa, que es un poco de carne y fideos. Hay gente que viene solo por eso".
La parrillada fue creciendo hasta llegar a albergar entre 200 y 250 personas. Los clientes no sólo eran camioneros que tomaban un pequeño descanso comiendo asado y escuchando música, sino que también eran familias enteras. En un tiempo llegaron a trabajar de lunes a lunes por la alta demanda. "Hay parejas que se conocieron en la parrillada y ahora vienen con sus propios hijos. Eso es algo muy lindo, muy hermoso. Han pasado muchas cosas en este lugar. Sí debo decir que nunca tuve que cerrar por ninguna crisis. Aún cuando pasó lo de la 125 no había carne en ningún lado, pero yo tenía", comentó Manolo.