Opinión

Campaña pálida y calculadora en mano

Las claves a tener en cuenta. Mucho en juego a nivel nacional, la apuesta de cada uno. En San Juan, remezones de la movida del país y algo más.
sábado, 26 de octubre de 2019 · 11:40

De los 6 candidatos a presidente que entraron en la recta final, sólo 2 pasaron por San Juan en campaña luego de las Paso. Entre los que pegaron el faltazo figura el presidente Macri, postulante a la reelección que no incluyó a la provincia entre los 30 destinos finales de su caravana nacional por el voto.

Macri no vino ni para las Paso ni para la general de este domingo, record negativo en la historia democrática reciente para un postulante importante a la presidencia el de dejar a un distrito entero sin explorar a nivel político. Lavagna vino para las Paso el 10 de julio, pero luego no se lo vio en la campaña general. Espert hizo un vuelo fugaz, de paso desde Mendoza, y Alberto aterrizó con fuerza el 1 de octubre. Y el resto –Del Caño, Gómez Centurión- no se hizo ver por estos lados.

Sirve el dato para reflexionar sobre el bajo nivel de interés que ofrecieron los candidatos al interior del país en general, a San Juan en particular. No se recuerda una elección presidencial desde la recuperación democrática argentina con tan escasas visitas de los principales postulantes por tierra sanjuanina.

A diferencia de otras citas, esta vez los presidenciales aparecieron entretenidos en las peleas de fondo y los grandes distritos. Con cierto desprecio por las disputas de pago chico, que existieron y existen pese a que no aparezcan en el radar: Nada es capaz de eclipsar por estos tiempos el magnetismo de una cita presidencial trascendente en la institucionalidad y la saga democrática como pocas veces.

Parece haber mucho en juego a esa escala, y lo hay. Una gestión que ha levantado polvareda a lo largo de sus últimos años, acentuada por las dificultades económicas de los últimos meses, como la de Macri. Los fantasmas de la corrupción y el populismo saliendo a flamear, por el otro. Y el corolario de una vecindad alborotada como pocas veces, con el signo de las referencias globales de una especie de revival de guerra fría: Venezuela por acá, agitada por un sector del espectro; la novedad del estallido chileno, ahora empleado como moraleja por el otro espacio, y el incontenible Bolsonaro al que ni la mordaza de la razonabilidad pudo impedir un triste papel en este juego. No será una mera anécdota lo que pase en la Argentina en ese contexto.

El presidente Macri llega a esta instancia con el deber de remontar 16 puntos porcentuales. Que no son el reflejo de ninguna encuesta sino en la cifra clavada por las Paso. Sabe esta vez, a diferencia de otras, que viene de atrás y debe aplicar su máximo en el último tranco para mantenerse con vida y no pasar a reportar como el primer presidente de la historia argentina en caer derrotado en su intento de reelección (aunque buena parte de sus partidarios parezca concentrada en un record más modesto: ser el primer presidente no peronista en terminar el mandato).

Un objetivo para nada sencillo por un motivo excluyente: en las Paso, Macri sacó el 32% de los votos nacionales contra el casi 48% de Alberto, cifras que sin el cómputo de los votos en blanco (así lo dispone la ley para contabilizar en esta elección), saltan al 33 y 49 respectivamente. De modo que para llegar al ballotage, el presidente necesita que ocurran alguna de estas dos cosas: conquistar votos de Alberto (además de sacarle votos a Lavagna o Espert) para que éste baje, porque con el 45% de los votos el ganador evita la segunda vuelta, sin importar la diferencia al segundo (lo que en la franja de hasta 45 del ganador, exige un margen del 10%); o forzar una participación mucho más alta –a las Paso fueron el 75% de los inscriptos, puede escalar al 80%- y que la totalidad de esos nuevos votantes se inclinen por Macri.

Por el contrario, Alberto juega a conservar el tablero de la Paso que le adjudicaría un triunfo claro en primera vuelta, y hasta a ampliar el margen en base al continuo deterioro económico que se siguió produciendo desde el 11 de agosto. Su gran fortaleza es una trabajosa unidad finalmente lograda y puesta a prueba en varias ocasiones en este proceso de campaña. Pero saben que no deben relajarse porque en estas instancias, cocodrilo que se duerme es cartera.

Especial atención habrá otra vez en el  procedimiento del voto –boletas, denuncias, mesas complicadas seguramente serán la vedette del domingo- y el recuento provisorio a manos de la empresa Smartmatic, de resonante papelón en las Paso. Las sospechas de manipulación de datos no pudieron ser despejados en los ensayos previos, que terminaron en fuertes cruces.
Habrá bombardeo de datos en las horas posteriores al cierre del comicio hasta que, bien entrada la noche, se pueda conocer la tendencia. Con suerte y viento a favor, con lo bien que le vendría al país una rencilla judicial por los resultados de las elecciones en medio del descalabro económico desatado.

En San Juan también habrá una elección, la de diputados nacionales. Que parece haber quedado en un lugar alejado de los principales flashes ante la potencia y la relevancia de la presidencial. Pero que ocurrirá, y dejará sus propias sensaciones.
Atravesada al igual que la campaña nacional en la provincial por la misma palidez, con pocos puntos de alto interés, actos, movilizaciones y hasta caminatas, una especie más reservada al contacto mano a mano de cuando se eligen -por ejemplo- los intendentes.

Y claramente condicionada por el arrastre nacional. En los cuartos oscuros sanjuaninos habrá dos paños en cada boleta –la presidencial y la de diputados-, y la cultura electoral no alienta grandes diferencias entre unos y otros. Pese a que la gimnasia del corte -espontánea o fogoneada- viene avanzando en la provincia y se vio en algunos departamentos con las abruptas diferencias entre intendente y diputado. Y el ejemplo de las lecciones de corte que bajan desde el conurbano bonaerense, de intendentes que intentan atenuar el peso de la boleta con Macri.

Confronta la local a un PJ granítico -con José Luis Gioja de candidato y el potente apoyo del gobernador Sergio Uñac- con Marcelo Orrego, además de otras 4 fórmulas. Cada uno jugando su propio partido: el ex gobernador atado al caballo que aparece cortado en la recta final (la de los Fernández), y el santaluceño haciendo la Gran Cornejo (el gobernador mendocino que hizo imponer a su candidato impidiendo apariciones con y referencia a Macri).

También saldrá a jugar la calculadora para designar a los nuevos diputados nacionales por San Juan. Con la siguiente anotación: para que el ganador pueda ocupar las tres plazas que se renuevan, necesita triplicar al segundo. ¿Será eso posible? Respuesta: no es lo que aparece en el radar, pero la política se está volviendo cada vez más impredecible.

Motivo éste para subrayar otra respuesta a otra gran pregunta que se hace la gente: ¿Será éste el epílogo de un año electoral tan intenso que llega a ser cansador, con 4 turnos en San Juan (dos provinciales y dos nacionales)? Acecha a la vuelta de la esquina un turno de ballotage, recién se sabrá cuando se terminen de contar los porotos. Vaya a saber cuándo.

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