Opinión

Alberto y la minería: el optimismo y sus límites

Dentro de una maquinaria política diseñada para ganar existen interpretaciones distintas sobre la actividad. ¿Qué pasará cuando, efectivamente, ganen?
sábado, 12 de octubre de 2019 · 10:29

Conviven en el universo de Alberto dos opiniones antagónicas sobre el mismo tema: la minería.

Si se consuma su anunciado triunfo en las próximas elecciones y se convierte en presidente, habrá que ver de qué manera funcionan ambas fuerzas en la flamante maquinaria política. Y qué resulta finalmente para la actividad y para la producción matriz sanjuanina.

Matías Kulfas por un lado, junto al resto del equipo económico que suena para agarrar el timón si asume Alberto, como lo demostró en su reciente visita a San Juan. Los Cafiero, también del think tank albertista, entre quienes el nieto Francisco –de reciente paso por San Juan- acaba de imprimir un elogioso comentario hacia China, en especial a su potencial minero traducido en San Juan por Shandong, socia de Veladero. Por supuesto Sergio Uñac, de reciente viaje a China a exponer en la feria minera más grande del mundo, a la cabeza de un puñado de gobernadores peronistas de provincias mineras interesados en el despegue (la catamarqueña Corpachi, entre ellos).

Y el propio candidato. Alberto mismo, quien no trastabilla cuando visita los distritos mineros y ejerce un contundente mensaje en favor de la actividad. Incluso desde Buenos Aires, la metrópoli arisca al discurso minero, plagado de ambientalistas a la carta al borde del Riachuelo –ícono del envenenamiento industrial a escala mundial-, Alberto se anima a poner a la minería al tope de la lista de las actividades productivas que piensa desarrollar para generar dólares limpios en el circuito económico nacional.

Incluso lo hace alardeando de su porteñidad y las dificultades de sus conciudadanos para comprender los fenómenos económicos más allá de la General Paz. Una limitante que él, un genuino producto de La Paternal -centro geográfico de la ciudad- asegura haber atravesado a fuerza de gastar zapatos en el país profundo.

Se verá cuando le toque tomar medidas concretas, dejando atrás el empalagoso sabor de las frases de ocasión. Por ahora, apenas se sabe que para decorar su discurso en todas las geografías Alberto habla de fogonear una minería sin riesgos ambientales.

Y allí estará la divisoria de aguas, las interpretaciones a uno y otro lado de esta paleta de colores que va desde el negacionismo a la mendocina (con una ley como las 7722 que impide la extracción de metales) hasta el siga, siga o vale todo. Porque se sabe que la minería limpia inmaculada no existe, como tampoco existe ninguna industria a tal nivel de pureza, la petrolera al tope de la lista.

Y entonces, el detonante será exclusivamente la voluntad. El caso más fatídico por su ausencia es el de la gestión de Macri, quien durante su primer mes eligió los coquetos arreglos florales de Barreal para anunciarle al mundo la eliminación de las retenciones, luego borró su propia letra de un plumazo reinstalándolas desde la soledad de su escritorio.

Además, generó un microclima de negocios pésimo para cualquier inversión, en especial los de largo alcance y altos desembolsos como la minería. Con inestabilidad de costos, energía y combustible, dólar incierto, medidas monetarias sin lógica de continuidad, controles de flujo de fondos oscilantes –como la remisión de utilidades al exterior- y como frutilla del postre una rotunda inoperancia en la regulación de la ley de Glaciares. Que es hoy el dique de contención de las inversiones y requiere decisión política nacional para ser encauzada.

No son pocas las condicionalidades que le impondrá su flamante entorno político a Alberto Fernández si es que éste conquista el sillón presidencial. El equipo que pacientemente se fue encargando de reclutar hasta de manera personal para extinguir el riesgo de que una fuga de votos frustre la llegada al poder.

Bajo la premisa de “unidad, aunque duela”, se fueron arrimando al fogón dirigentes de buen caudal electoral, en especial en Capital Federal, que son el agua y el aceite a nivel minero. Pino Solanas a la cabeza, su entonces coequiper Victoria Donda, Juan Grabois, u otros que ya estaban en el kirchnerismo duro como Daniel Filmus.

¿Qué nivel de influencia tendrán estos socios en la definición de las líneas directrices del programa, en especial el minero?, ¿podrán esos probables desencuentros internos sobre el tema poner en riesgo la solidez del bloque conformado por Alberto y Cristina? No deberían: tanto Alberto como Pino saben lo que piensa cada uno sobre la minería porque lo dicen a micrófono abierto todo el tiempo, y aun así han decidido unir sus caminos. Pero si algo tiene la política es su falta de certidumbre.

Aparece Juan Grabois, a caballo de una militancia de cuestionamiento frontal hacia la actividad minera, entre otros tipos de corporaciones con las que confronta. Ya tuvo que domesticarlo el entorno de Alberto sobre otros temas molestos respecto de los que abrió fuego (reforma agraria), va desarrollando la ciencia.

Dentro del propio kirchnerismo hay células de oposición frontal a la minería. Por caso Daniel Filmus, un poco rezagado en las filas de Alberto es cierto, pero siempre de buena vibra con CFK. A la ex presidenta le costó, debe ser recordado, disciplinar a sus fuerzas sobre el tema minero. Ella se manifestó siempre a favor y hasta no dudó en fotografiarse con Peter Munk, ex CEO de Barrick, con quien otros dirigentes jugaban a la mancha venenosa. Vetó la primera ley de Glaciares, pero cuando Filmus insistió con una propia, no parecieron alcanzarle las fuerzas.

Y el otro sector del que extrae simpatías Alberto es la militancia juvenil, en especial la porteña. Ambientalista por definición, del palo de la joven Greta. Y a la que no le gusta ser corrida por izquierda, ante las simpatías explícitas del candidato de Todos a la actividad minera, que en esa franja no es aconsejable.

Esta semana, Pino Solanas –el pistón político de la ley la primera ley de Glaciares vetada por CFK y de autoría de Miguel Bonasso- visitó la sede del PJ y se mostró simpático con José Luis Gioja, al que tantas veces cuestionó por su rol pro-minero. Se entiende que para todos ellos existe un tema de mayor relevancia que la mirada de la cada uno sobre la minería: ganar las elecciones y desplazar a Macri. Habrá que ver cuando eso se consume –si es que lo hace- y retomen sus ejes cotidianos, qué ocurre cuando Alberto comience a tomar medidas para la actividad.

Habrá que ver también cuales medidas son las que toma, cuál será su nivel de compromiso y de qué manera operará con toda esa variedad en los recintos parlamentarios. Que es donde se marcarán los contrastes, porque se espera en el Ejecutivo una visión homogénea en favor del ambiente minero con el liderazgo de Alberto y Cristina, y un equipo económico consiente de la oportunidad de disponer de un depósito de cobre igual al de una de las mayores potencias cupríferas del mundo, que es Chile, de este lado de la cordillera. Y si es con un ministro sanjuanino, mucho mejor.