Tiene 13 años y toda una historia de esfuerzo detrás: su mamá es portera y su papá albañil, quienes hicieron hasta lo imposible para sostener su sueño en el fútbol. El día de su primera prueba jugó con soquetes, sin canilleras, e igual la rompió. “Es difícil dejarlo solo en Buenos Aires, pero es su gran anhelo”, cuenta Yamila, después de que el club le confirmara que su hijo se quedaba en Núñez.