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Qué fue la vida de El Larva, el olvidado mediático con vida secreta en Chile

Antes de morir trató de olvidar todo y cambiar de identidad.
miércoles, 7 de abril de 2021 · 07:45

Una tarde de agosto de 2002 un desconocido apareció en la pantalla del extinto Azul TV imitando torpemente a una porrista. “Dame una G, dame una U, dame una I…” comenzó a cantar frente a la mirada incrédula de Marcelo Polino y las burlas de Jacobo Winograd, quien lo describió como “una larva”. Pablo Turrión se sumó así a la troupe de mediáticos de Zap TV, un ciclo de corta vida al aire pero que aún sigue en el recuerdo de muchos, incluso de aquellos que jamás lo vieron en vivo. Ahora, a menos de dos años de su muerte, se conocieron nuevos detalles de “El Larva”, quien intentó rehacer su vida en Chile pero no pudo escapar de un destino trágico.

A comienzos del año 2000, Turrión estudiaba canto lírico en el Conservatorio y era amigo de Adrián Siacca, quien conocía y frecuentaba a Guido Süller. Cuando la crisis de 2001 puso en peligro su fuente de trabajo en Aerolíneas Argentinas, el hermano de la exmujer de Silvio Soldán decidió probar suerte en la TV, primero como panelista y luego como protagonista de lo que él hoy llama “reality fiction”.

“En 2002 yo estaba haciendo a la noche Titanic, un ciclo que producía Chiche Gelblung y en el que tuve la oportunidad de probar que podía hacer más que hablar de mi familia, que siempre me dejaba muy expuesto y vulnerable. Ahí compartía panel con Pilar Smith, que por las tarde hacía Zap TV. Era un programa de informes pero tenía material viejo, que no gustaba y que habían decidido levantar. Un miércoles, después de que hiciera 3 puntos de rating, Pilar me pide que vaya de invitado al día siguiente. Ese jueves marcó 6 puntos. Me volvieron a invitar el viernes y tocó los 7 puntos, entonces el programa cambió el rumbo y aparecieron los mediáticos”, recordó Süller en diálogo con LA NACION.

Marcelo Polino, quien por ese entonces hacía su debut como conductor tras su paso por Intrusos, coincide en que Zap TV comenzó como un ciclo más pero encontró su personalidad gracias a la participación de “los mediáticos”, personas que no tenían mayor currículum que el hecho de estar dispuestos a protagonizar escándalos en pantalla: “Zap TV no llegó a durar un año pero la gente lo recuerda hasta el día de hoy. Era una época particular del país, en el año 2002 después de ese 2001 tan catastrófico. Así que la gente estaba triste, angustiada y el programa llevaba alegría. Le dio la posibilidad a gente que por ahí no había tenido acceso a la tele poder mostrarse”.

“Esto era mucho antes de las redes sociales. Recuerdo que cada tarde pensábamos qué íbamos a inventar para el programa siguiente, íbamos probando en vivo y viendo qué gustaba. A todos les sorprendió su éxito y yo me incluyo. Me vinieron a hacer entrevistas de varios países porque no lo podían creer”, recordó el exjurado de Bailando por un sueño.

A medida que el rating subía también había que hacer crecer la historia, por lo que Süller debió ampliar el reparto de los personajes que lo rodeaban: “La producción me dejaba hacer lo que yo quisiera, podía improvisar con todo. Y para la novela me inventé un asistente, el Laucha, y una novia, Paulina. Pero en un momento hizo falta alguien para seguir creando historias”.

Así, Siacca, que había comenzado a trabajar con Süller asistiéndolo y terminó en pantalla rebautizado como “El Laucha”, lo invitó a Turrión. “Me lo presentaron y me cayó bien de una. Le pregunté qué quería ser y me dijo ‘vedette’. ¡Imaginate! Medía un metro y medio, peladito... era muy gracioso. Por eso lo invité a que aparezca como un nuevo asistente”, recordó el ex tripulante de abordo.

Si bien Turrión había decidido aparecer en TV con otro nombre fue Winograd quien lo bautizó “El Larva”. De inmediato se consolidó como parte del elenco estable del programa y como uno de sus personajes más populares.

“Todos conocimos a El Larva por Guido Süller, que un día me dijo: ‘tengo un personaje que puede hacer de mi nuevo asistente’. Era muy tímido, muy retraído pero también muy educado. Al aire se transformaba, recuerdo que lo buscaban de todos los programas. Y que cuando se empezó a volver más famosos vino la madre al canal y pidió una reunión en la oficina de producción para discutir el futuro de la carrera de su hijo. Nos morimos de risa: ¡nosotros hacíamos el programa día a día”, recordó Polino.

A pesar del suceso, los días de Zap TV estaban contados. Los mediáticos resultaron ser ingobernables en pantalla y las multas del Comité de Radiodifusión por insultos y violencia se acumulaban mientras que los auspiciantes huían. Por ese entonces Azul TV, que había sido comprado por Daniel Hadad, decidió levantar uno de sus ciclos más exitosos.

Por mucho tiempo no se supo más de Turrión hasta que en 2008 intentó regresar a la televisión con otra historia inverosímil. De la mano de Süller, apareció en el programa Los profesionales de siempre como “Mora, la fruta que enamora”, una travesti que ejercía el trabajo sexual en los parques de la ciudad.

“¡La echaron de la casa por travesti! ¡Usa la ropa de mi hermana! ¡Se tiene que cambiar en una estación de servicio”, explicaba Süller con Mora sentada a su lado. Aunque al día de hoy el rubio asegura que esa etapa existió, muchos lo ponen en duda, incluso desde dentro de lo que hoy es elnueve.

La drag queen “La Barby”, quien también fue parte de los mediáticos de Zap TV pero mantuvo su carrera con los años y siguió trabajando en radio y TV, por ese entonces se cruzó con Mora en un bar gay y entendió que todo era un intento de crear escándalo: “No era una travesti, daba la impresión de ser un chico disfrazado, la ropa no le quedaba bien, la peluca era improvisada, la seguían las cámaras. A mí siempre me pareció una fabricación amarillista para hacer una nota y nada más”.

Turrión no regresó a los medios hasta que en 2015 fue encontrado vendiendo chocolates en los trenes por usuarios de redes sociales. La historia del mediático que pasó de estar en la tele a vivir en una pensión repercutió en los programas de la tarde pero él ya no parecía tan interesado en ser parte de esos cuentos.

Mientras tanto, programas de archivo como Bendita TV repetían su famoso cantito y lograron instalarlo incluso entre aquellos que no habían nacido cuando Zap TV estaba al aire. El “Guido Su - Guido Su - Guido Süller es el mejor” se volvió un meme y cruzó fronteras.

Cuando hace poco el video fue compartido en sus redes sociales por el periodista chileno Nicolás Copano, uno de sus seguidores reveló una historia increíble: Turrión estuvo viviendo con otra identidad en la capital del vecino país y recién hace pocos meses descubrieron su pasado televisivo.

Según le contó a LA NACION el chileno Francisco Carlé, Turrión ofrecía clases de inglés como “el profe Paul”, asegurando que era un ciudadano estadounidense que hablaba con acento argentino porque tenía familia en Buenos Aires.

“El profe Paul era una persona excelente y un gran profesor pero también alguien triste y melancólico. Le daba clases a mi amigo Claudio y pronto contó que tenía problemas familiares y con su pareja. Además, su salud comenzó a deteriorarse y pasó algunos días internado, acompañado sólo por sus alumnos”, aseguró Carlé.

En su relato, “el profe Paul” estaba visiblemente enfermo pero sufrió de múltiples discriminaciones en Chile por ser “extranjero, pobre y homosexual”. Luego de enfrentar muchas dificultades para atender su salud, el supuesto estadounidense decidió volver a su país (Argentina) y sus alumnos no supieron más de él.

Meses más tarde, mientras veían memes en su trabajo, Claudio descubrió a “El Larva” y un compañero argentino le contó quién era. Turrión había muerto un poco antes, en noviembre de 2019, dejando muchos interrogantes sobre su vida.

Mientras que ni Polino ni Barby volvieron a verlo, Süller aseguró que siguió ayudando a “El Larva” pero su situación había empeorado desde la muerte de su madre. “Tal como Ricardo Fort, él era un ser demasiado especial para la televisión. En su vida hizo de todo y siempre lo ayudé, lo he acompañado a pensiones a alquilar para salir de garante y lo he recomendado en trabajos. Pero no pudo escapar a una vida muy sufrida. Era un chico al que le mirabas los ojos y tenía una mirada muerta, como la de alguien que nunca tuvo amor”.

Por Tomás Balmaceda para La Nación

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